EL RINCÓN ATLÉTICO

Buscar en la web

¿Qué noticia estás buscando?

Prueba con nombres como Simeone, Fernando Torres, Atlético Femenino o mercado de fichajes.

COLUMNA DE CARMEN GARCÍA – DESDE EL NORTE Afición · Peñas · Cultura Rojiblanca

O cómo explicarle a un tipo cuerdo por qué sufrimos voluntariamente cada inicio de curso.

Carmen García, columnista de El Rincón Atlético y autora de Merece la Peña
Afición · Peñas · Cultura rojiblanca
Carmen García
Columnista de El Rincón Atlético · Autora de Merece la Peña

Si están leyendo esto, enhorabuena. Significa dos cosas: la primera, que los editores de El Rincón Atlético han cometido la bendita locura de darme una columna mensual; la segunda, que ustedes tienen el suficiente valor (o masoquismo) como para acompañarme en esta aventura.

Sirva este primer texto como una advertencia preventiva: no esperen de mí un análisis táctico de libreta y café corto para explicar si el lateral izquierdo debe proyectarse en diagonal. Para eso ya está el resto del periodismo deportivo.

Aquí he venido a hablar de lo importante: de la afición. De esa tribu inclasificable, entrañable y ligeramente desquiciada que abarrota las gradas, los bares y los grupos de WhatsApp. Y, más concretamente, porque ahora toca, de cómo sobrevivimos a septiembre.

Advertencia preventiva

«Aquí he venido a hablar de lo importante: de la afición. De esa tribu inclasificable, entrañable y ligeramente desquiciada».

Septiembre no existe

Porque septiembre no existe. Es una invención para obligarnos a fichar por la realidad después de unas semanas en las que nuestro mayor dilema existencial era elegir entre la sombra o el chiringuito.

Para un ciudadano normal, el noveno mes del año huele a libros nuevos y propósitos de gimnasio que durarán exactamente tres días. Pero para un atlético, septiembre es el pistoletazo de salida oficial de nuestra temporada anual de autoengaño terapéutico.

Es el momento en el que aparcamos la sensatez y nos tiramos de cabeza a una piscina que sabemos perfectamente que no tiene agua, pero a la que le exigimos que, por lo menos, nos amortigüe la hostia con dignidad.

«Para un atlético, septiembre es el pistoletazo de salida oficial de nuestra temporada anual de autoengaño terapéutico».

No tiramos nada. Absolutamente nada

Seamos honestos: los atléticos sufrimos un auténtico síndrome de Diógenes emocional.

No tiramos nada. Absolutamente nada. Guardamos en el trastero de la memoria cada ridículo histórico, cada clamoroso fuera de juego y cada tángana en el césped con un rencor casi entrañable; mientras reservamos la ternura -con la inocencia de una abuela que guarda los recordatorios de comunión- solo para las ilusiones estivales que sabemos que se van a volver a romper.

Y en septiembre, con el mercado de fichajes cerrando entre carreras de última hora, abrimos ese desván mental, sacamos los trastos viejos y volvemos a montar el belén de nuestras esperanzas con la ilusión intacta de un niño que todavía cree en los Reyes Magos, a pesar de que el año pasado le trajeron carbón con denominación de origen.

«Volvemos a montar el belén de nuestras esperanzas con la ilusión intacta de un niño que todavía cree en los Reyes Magos, a pesar de que el año pasado le trajeron carbón con denominación de origen».

Primera fase: renovación del abono

La primera fase de esta patología colectiva se llama renovación del abono. Miras la cuenta corriente, ves caer el recibo y, en lugar de llorar en posición fetal, sonríes como un iluminado. «Este año sí», te dices mirándote al espejo con la misma convicción que el protagonista de una película de terror al abrir la puerta del sótano oscuro. Pagas por sufrir. Inviertes tu dinero en una entrada garantizada a la taquicardia dominical, al debate tabernario y a la saludable costumbre de maldecir en catorce idiomas.

El verano atlético es una obra maestra del esperpento

Y luego está el tema de los fichajes. El verano atlético es una obra maestra del esperpento. Durante semanas nos movemos entre la rumorología y el escrutinio enfermizo: nos pasamos julio y agosto tragando horas de portadas y debates infumables, interpretando emoticonos en redes sociales y aguantando la turra de si a cierta «Araña» argentina le da por quedarse en el Metropolitano.

Y por supuesto, el drama mitológico de cada pretemporada: decidir si este año toca hipotecarse para comprar la primera, la segunda, la tercera o la decimoquinta equipación.

Te pasas horas debatiendo con rigor científico si el diseño abstracto parece un mantel de tasca o una obra de arte moderno, prometiéndote a ti mismo que esta vez vas a pasar del sablazo de los noventa euros… para acabar cayendo de rodillas, comprándola igual y autoconvenciéndote de que ese color indescriptible estiliza muchísimo en la grada.

Al final te montas una película que ya la quisiera Hollywood, olvidando olímpicamente que llevamos décadas practicando el noble arte de estrellarnos contra la realidad a mitad de temporada.

Prometerte que este año vas a pasar del sablazo de los noventa euros para terminar comprando la camiseta y convenciéndote de que «ese color indescriptible estiliza muchísimo en la grada».

La amnesia colectiva hace su trabajo

Pero da igual. La amnesia colectiva hace su trabajo con una eficacia milagrosa. Todo lo malo se borra, las derrotas del curso pasado se convierten en «experiencias» y arrancamos la Liga con la bufanda recién planchada.

Por si fuera poco, para rematar el estresante cuadro médico de septiembre, llega sin pedir permiso la dichosa musiquita de la Champions. Ahí estamos, debutando en Europa con el primer viaje continental cuando todavía tenemos la arena de la costa metida en las zapatillas.

El sarcasmo es nuestro chaleco antibalas

Por todo esto, quiero que esta columna mensual sea un homenaje a la fe rojiblanca.

Porque si algo nos ha salvado a lo largo de la historia, no han sido solo las defensas numantinas; ha sido la ironía. Esa capacidad tan nuestra de reírnos de nuestra propia suerte antes de que lo hagan los demás.

El sarcasmo es nuestro chaleco antibalas. Si no nos tomáramos la vida con una dosis generosa de socarronería, habríamos acabado todos en el psicólogo allá por mayo de 1974.

Filosofía rojiblanca

«El sarcasmo es nuestro chaleco antibalas».

«Si no nos tomáramos la vida con una dosis generosa de socarronería, habríamos acabado todos en el psicólogo allá por mayo de 1974».

Nos quedan muchos traumas por compartir

En las próximas entregas iré desgranando las grandes verdades y los pequeños traumas de nuestro día a día: las odiseas para aparcar, los rituales místicos para no «gafar» un penalti o los viajes interminables en autocar.

Aquí se vendrá a hablar con la bufanda en el cuello, pero con la sonrisa irónica y el colmillo afilado.

Así que quédense por aquí. Limpien el polvo de las viejas ilusiones, enarbolen sus banderas y prepárense para el próximo infarto colectivo.

No aprendemos nada, y menos mal: el día que empecemos a actuar con sensatez, esto dejará de ser el Atleti.

Bienvenidos al manicomio. Quedan avisados.

Nos leemos el mes que viene… si el corazón nos lo permite.

Carmen García
Columnista de El Rincón Atlético
Carmen García, columnista de El Rincón Atlético
Sobre la autora

Carmen García

Columnista · Afición, peñas y cultura rojiblanca

Autora de Merece la Peña y presidenta de la Peña Atlética de Alemania. Columnista mensual de El Rincón Atlético, donde escribe sobre la afición, las peñas, los rituales y las pequeñas locuras de vivir el Atlético desde dentro, con ironía, memoria y sentimiento rojiblanco.

La columna de Carmen García

Una cita mensual con la afición rojiblanca: peñas, viajes, supersticiones, gradas, bares, familias y todas esas pequeñas locuras que hacen imposible explicar el Atlético a quien pretende entenderlo únicamente desde el resultado.

¿Cuál es el primer síntoma de tu propio síndrome de Diógenes rojiblanco?

Cuéntanoslo y acompaña a Carmen García en su nueva columna mensual en El Rincón Atlético.

Deja un comentario

Descubre más desde El Rincón Atletico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo