Simeone asumió la responsabilidad del desastroso inicio del segundo tiempo, pero el 3-0 deja una reflexión mucho más incómoda: cuanto mayor es la calidad de esta plantilla, menor debe ser el margen para normalizar desconexiones, falta de reacción y partidos que se escapan sin respuesta.
Perder en San Mamés puede ocurrir. Le ocurre al Atlético, le ocurre a los grandes y seguirá ocurriendo mientras el fútbol se juegue contra rivales capaces de competir.
Lo que no debería aceptarse con la misma naturalidad es la manera.
El Atlético de Madrid tras el 3-0 en San Mamés no necesita buscar una explicación sencilla. Tampoco necesita encontrar un culpable rápido para calmar el enfado.
Necesita algo bastante más incómodo: mirarse con el nivel de exigencia que corresponde a la plantilla que tiene.
El equipo llegó al descanso con 0-0. Había competido. Había tenido ocasiones. Kang-in Lee incluso había encontrado el poste y Baena obligó a intervenir a Unai Simón.
Sin embargo, todo aquello desapareció prácticamente en cuanto comenzó la segunda mitad.
Minuto 46: 1-0. Minuto 48: 2-0. Dos minutos bastaron para transformar un partido abierto en otro completamente diferente.
Una plantilla construida para competir por títulos puede perder. Lo que no puede hacer es desaparecer del partido durante dos minutos y necesitar los cuarenta siguientes para intentar recuperarse del golpe.
Simeone asumió la responsabilidad, y eso obliga a mirar todavía más lejos
Diego Pablo Simeone no buscó una excusa después del encuentro.
Tampoco escondió el problema detrás de una decisión arbitral, de una ocasión fallada o de una acción individual.
El entrenador fue bastante más directo:
“El cuerpo técnico no pudo transmitir lo que se necesitaba para el inicio del segundo tiempo”.
La autocrítica honra al entrenador. No obstante, la frase también resulta preocupante.
El Atlético había tenido quince minutos de descanso para interpretar qué estaba ocurriendo, ajustar lo necesario y prepararse para el previsible empuje de San Mamés.
Apenas había comenzado la segunda mitad cuando Nico Williams hizo el primero.
Antes de que el equipo pudiera recomponerse, Robert Navarro hizo el segundo.
Las declaraciones completas de Simeone tras el partido fueron recogidas por Diario AS .
El problema no fueron solo dos goles: fue no estar preparado para lo que venía
En fútbol se pueden encajar dos goles seguidos por talento rival, rebotes o situaciones imposibles de controlar.
Aquí hubo otra sensación.
El Athletic salió del vestuario preparado para elevar el partido. El Atlético, en cambio, tardó demasiado en comprender que el contexto había cambiado.
Nico abrió el marcador con un remate de cabeza. Después llegó una transición rápida y Robert Navarro castigó una defensa rojiblanca que ya estaba corriendo hacia su propia portería.
Precisamente eso era lo que el Atlético debía evitar en San Mamés: un partido de pérdidas, carreras, espacios y decisiones tomadas bajo presión.
Tener el balón no significa tener el partido
Las estadísticas ofrecen una paradoja muy útil para entender la derrota.
El Atlético terminó con el 62% de posesión. También realizó 15 disparos, cuatro más que el Athletic.
A simple vista, podría parecer que el equipo de Simeone tuvo iniciativa.
Sin embargo, el dato de ocasiones esperadas cuenta una historia distinta: el Athletic produjo aproximadamente 1,35 xG frente a los 0,86 del Atlético.
Es decir, los rojiblancos tuvieron más pelota y remataron más veces, pero el rival consiguió generar situaciones de mayor calidad.
Datos del encuentro según FotMob .
El Atlético tuvo el balón. El Athletic tuvo el partido. Esa diferencia explica mucho mejor el 3-0 que cualquier porcentaje de posesión.
Una plantilla mejor obliga a elevar la exigencia
Aquí aparece una de las cuestiones que el Atlético debe asumir durante esta temporada.
La plantilla tiene más alternativas. Hay competencia en prácticamente todas las líneas. Además, el club ha incorporado futbolistas de nivel internacional y ha aumentado las posibilidades de Simeone para modificar los partidos.
Eso es una buena noticia.
Pero también tiene una consecuencia.
Cuantas más herramientas posee un entrenador, menos margen existe para explicar los malos partidos únicamente por falta de herramientas.
El Atlético ya no puede ser juzgado exclusivamente como un equipo que intenta acercarse a los mejores. La plantilla obliga a empezar a juzgarlo como un equipo que pretende formar parte de ellos.
Eso no significa exigir ganar todos los partidos.
Sería absurdo.
Significa exigir competirlos.
Y, sobre todo, exigir capacidad para responder cuando el encuentro empieza a ir en contra.
Lo verdaderamente preocupante empezó después del 2-0
Los dos goles explican cómo se perdió la ventaja emocional del partido.
Sin embargo, no explican por completo el 3-0.
Quedaba muchísimo tiempo.
Un gol podía reabrir el encuentro. El Atlético tenía banquillo y futbolistas suficientes para modificar el guion.
Simeone hizo cambios. Cambió nombres. Intentó aumentar el talento ofensivo y también reajustó piezas.
Pese a ello, el equipo nunca consiguió convertir la reacción en una amenaza sostenida.
Cambiar futbolistas no siempre significa cambiar el partido
Esta quizá sea una de las mayores críticas tácticas que deja San Mamés.
El Atlético introdujo nuevas piezas, pero durante muchos minutos siguió atacando contra el mismo problema.
El Athletic bajó metros, protegió mejor los espacios interiores y terminó defendiendo con una estructura más conservadora.
A partir de ahí, el equipo rojiblanco tuvo más pelota.
Pero necesitaba otra cosa: velocidad en la circulación, rupturas, movimientos que alterasen referencias y capacidad para generar incertidumbre dentro del área.
La posesión sin desequilibrio terminó convirtiéndose en una forma de control favorable al propio Athletic.
El 3-0 también señala un problema de control emocional
Los equipos grandes no destacan únicamente por jugar mejor.
También saben atravesar los peores momentos.
Después del 1-0, el Atlético necesitaba cinco minutos de fútbol feo si era necesario. Un pase seguro. Una posesión larga. Una falta recibida. Un saque de banda. Cualquier acción que redujera la temperatura de San Mamés.
No ocurrió.
El equipo entró inmediatamente en el escenario que más convenía al Athletic.
Apenas había tenido tiempo de asumir el primero cuando llegó el segundo.
Competir por títulos también consiste en saber qué hacer durante los tres minutos posteriores a recibir un gol. En San Mamés, el Atlético no lo supo.
Construir un equipo lleva tiempo, pero la construcción no puede explicarlo todo
Simeone ha hablado de un equipo en construcción.
Y tiene razón.
Han cambiado futbolistas, jerarquías, asociaciones y características. Algunos recién llegados todavía necesitan entender movimientos que durante años fueron automáticos para otros.
Por tanto, sería poco serio exigir en septiembre la precisión colectiva de un equipo que lleva tres temporadas jugando junto.
Ahora bien, existe una diferencia enorme entre aceptar que faltan automatismos y aceptar cualquier defecto como consecuencia inevitable del proceso.
La concentración no necesita seis meses de entrenamiento. La reacción tras un golpe tampoco. La intensidad al regresar del descanso no debería depender de un proceso de adaptación.
El Atlético de Madrid tras el 3-0 en San Mamés debe hacerse una pregunta incómoda
La pregunta no es si el Atlético tiene buenos futbolistas.
Los tiene.
Tampoco es si Simeone dispone de alternativas.
Las dispone.
La pregunta es cuándo todas esas piezas empezarán a generar algo mayor que la suma de sus nombres.
Porque una gran plantilla puede resolver partidos mediante talento individual. Un gran equipo sabe también evitar que un partido se le vaya de las manos.
El tercer gol transforma una derrota en una advertencia
Perder 2-0 ya habría sido doloroso.
El 3-0 de Sancet en el minuto 90 añadió una última imagen difícil de ignorar.
El Atlético estaba buscando reducir diferencias y volvió a quedar expuesto. El Athletic encontró espacio y cerró la tarde con un resultado que probablemente castiga más al equipo rojiblanco de lo que había indicado la primera mitad.
Sin embargo, los marcadores también sirven para enviar mensajes.
Un 3-0 no permite esconderse detrás de la sensación de haber competido durante 45 minutos.
Cinco cosas que deben cambiar antes de Anfield
El calendario no permitirá demasiada autocompasión. El miércoles, el Atlético visita al Liverpool en Anfield para comenzar su Champions League.
1. Entrar a cada periodo como si el marcador siguiera 0-0.
San Mamés demostró que quince minutos de descanso pueden destruir todo lo construido anteriormente si el equipo regresa sin la tensión adecuada.
2. Defender mejor cada pérdida.
No basta con atacar con muchos futbolistas. El Atlético necesita una estructura preparada para impedir que el rival convierta una recuperación en una carrera hacia Oblak.
3. Generar ocasiones mejores, no simplemente más tiros.
Quince disparos y menos de un gol esperado demuestran que volumen y peligro no siempre significan lo mismo.
4. Conseguir que los cambios modifiquen el contexto.
El banquillo debe ofrecer algo más que piernas frescas. Cuando un partido exige una solución diferente, la estructura también debe evolucionar.
5. Aprender a detener una hemorragia.
Después de recibir un gol, hay momentos en los que competir consiste simplemente en lograr que el segundo no llegue inmediatamente.
El Atlético visitará Anfield el miércoles 9 de septiembre a las 21:00 en la primera jornada de la Champions League, según el calendario oficial del club .
La exigencia no es atacar a Simeone: es tomarse en serio al Atlético
Una crítica exigente no consiste en pedir un cambio de entrenador después de cuatro jornadas.
Tampoco en declarar fracasado a un fichaje por una mala tarde.
Eso sería ruido, no análisis.
La verdadera exigencia consiste en entender dónde está ahora el Atlético.
El club quiere competir por títulos. La plantilla ha sido diseñada para acercarse a ese objetivo. Simeone lleva suficiente tiempo en el banquillo como para no necesitar periodos de gracia artificiales.
Por eso, al equipo hay que pedirle algo proporcional a sus aspiraciones.
No quiero un Atlético al que se le prohíba perder.
Quiero un Atlético al que perder le exija respuestas.
Porque cuanto mayor es la inversión, cuanto mayor es el talento y cuanto más alto declara el club que quiere llegar, menos sentido tiene rebajar después el listón con el que analizamos al equipo.
Perder entra en el fútbol; desaparecer no debería entrar en la normalidad
La temporada acaba de empezar.
Precisamente por eso, este es el momento adecuado para corregir.
No hay una crisis después de cuatro jornadas. Tampoco hay razones para desmontar un proyecto por una derrota.
Pero evitar el alarmismo no significa renunciar a la exigencia.
San Mamés dejó una advertencia suficientemente clara.
El Atlético puede tener más talento, más alternativas y más profundidad. Si quiere competir por todo, ahora necesita demostrar que también tiene la concentración, la estructura y la personalidad necesarias para sostener un partido cuando las cosas dejan de salir bien.
Perder en San Mamés puede ocurrir. Incluso a un gran Atlético.
Lo que un equipo construido para competir por todo no puede normalizar es desaparecer durante dos minutos.
La temporada acaba de empezar. Precisamente por eso, este es el momento de exigir.
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Fundador y director de El Rincón Atlético. Cubriendo la actualidad rojiblanca desde 2014.

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