El 2-0 de Robert Navarro dejó una fotografía incómoda en San Mamés. Sin embargo, reducir el problema a que Grimaldo debe defender mejor sería demasiado sencillo. El Atlético fichó a uno de los laterales más productivos de Europa y ahora debe construir el contexto que permita aprovechar aquello que le hizo especial.
Robert Navarro recibió, encaró a Alejandro Grimaldo y necesitó un movimiento para encontrar el camino hacia dentro.
El lateral del Atlético orientó el cuerpo pensando en proteger la salida exterior. Navarro amagó, cambió de dirección y terminó colocando el balón lejos de Oblak.
2-0.
La imagen fue dura para Grimaldo.
También resulta demasiado fácil utilizarla para construir una conclusión completa sobre el futbolista.
Porque el problema de Grimaldo en el Atlético de Madrid empieza varios segundos antes de que Navarro le encare.
Empieza cuando el equipo pierde el balón, no controla la transición y obliga a un jugador fichado principalmente por su extraordinaria producción ofensiva a resolver una situación defensiva abierta, hacia atrás y con metros alrededor.
El Atlético no fichó a Grimaldo porque fuera uno de los mejores defensores de área de Europa. Lo fichó porque pocos futbolistas desde el lateral son capaces de transformar tanto el ataque de un equipo.
Grimaldo en el Atlético de Madrid: el problema no empieza en el uno contra uno
Conviene empezar por San Mamés.
Robert Navarro supera a Grimaldo en el segundo gol y esa acción pertenece al lateral. Evidentemente, debe defenderla mejor.
Pero el análisis no puede terminar ahí.
El Athletic había recuperado la pelota y encontró al Atlético completamente abierto. Navarro recibió con espacio y Grimaldo tuvo que defender una acción frontal sin apenas posibilidad de anticipar.
Cuando un defensor llega continuamente a ese tipo de situaciones, existe responsabilidad individual.
Sin embargo, también existe una pregunta colectiva: ¿por qué el sistema está llevando tantas veces a uno de sus futbolistas a escenarios que potencian sus debilidades?
El Atlético fichó 75 goles y asistencias en tres años, no únicamente un lateral
Para entender el debate hay que recordar qué jugador llegó desde Alemania.
En tres temporadas con el Bayer Leverkusen, Grimaldo disputó 145 partidos, marcó 30 goles y repartió 45 asistencias.
Son cifras extraordinarias para cualquier lateral.
El propio Atlético, cuando anunció su fichaje, no centró la descripción del futbolista en entradas, despejes o duelos defensivos.
Destacó su técnica. Su visión de juego. Su capacidad para marcar y asistir.
Además, recordó algo especialmente importante para el debate actual: puede actuar como lateral, carrilero, interior e incluso mediapunta.
El Atlético detalló sus cifras y su polivalencia cuando anunció oficialmente su fichaje .
En Leverkusen no jugaba el mismo partido que ahora le pide Simeone
Aquí está probablemente la parte más importante.
Durante buena parte de su mejor etapa en Alemania, Grimaldo actuó como carrilero izquierdo dentro de una estructura con tres centrales.
Eso cambia casi todo.
En posesión podía recibir muy arriba, abrir el campo, aparecer por dentro y atacar espacios cerca del área.
Mientras tanto, detrás existía una línea defensiva preparada para cubrir el espacio que abandonaba.
Su posición inicial era la de un defensor.
Su función real, durante muchas fases, se parecía mucho más a la de un centrocampista o extremo izquierdo.
La pregunta no es si Grimaldo puede jugar de lateral en una defensa de cuatro. Puede. La pregunta es si ese contexto permite obtener suficiente de su enorme talento ofensivo como para compensar aquello que obliga a defenderle.
San Mamés enseñó además otro problema: el Atlético apenas utilizó su banda
Esto hace todavía más incómodo el análisis del partido.
Si el Atlético acepta determinados riesgos defensivos para tener a Grimaldo, debería recibir una compensación ofensiva.
En San Mamés ocurrió demasiado poco.
El equipo volcó gran parte de su circulación hacia el costado derecho. Llorente, Giuliano y las apariciones de Barrios encontraron mucha más continuidad.
A la izquierda, en cambio, Grimaldo y Lookman quedaron durante demasiadas fases desconectados.
Ese es probablemente el peor escenario posible: asumir el coste defensivo de Grimaldo sin aprovechar de manera sistemática el enorme valor que puede ofrecer cuando el Atlético tiene la pelota.
Si Grimaldo va a defender como lateral, pero el Atlético no consigue atacarle como carrilero, está quedándose con la parte menos especial del futbolista.
El Atlético tampoco ha visto todavía al verdadero Grimaldo
También hay que introducir contexto antes de emitir una sentencia.
Grimaldo fue uno de los jugadores del Atlético que llegó hasta la final del Mundial con España.
Terminó el torneo el 19 de julio y comenzó a entrenarse con su nuevo club el 6 de agosto después de acortar sus vacaciones.
El campeonato empezó trece días después.
No jugó ante el Málaga y desde entonces ha disputado completos Villarreal, Sevilla y Athletic.
Por tanto, estamos analizando a un futbolista nuevo, dentro de un sistema nuevo y después de una pretemporada extraordinariamente corta.
19 de julio: final del Mundial.
6 de agosto: primera sesión de pretemporada con el Atlético.
19 de agosto: empieza LaLiga.
23 de agosto: primera titularidad oficial.
Grimaldo y Pubill acortaron sus vacaciones para iniciar la pretemporada el 6 de agosto después de proclamarse campeones del mundo.
Darle tiempo no significa ignorar el problema
Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Grimaldo necesita adaptación.
Y el Atlético necesita corregir el contexto en el que lo está utilizando.
La paciencia no debería significar esperar cuatro meses para comprobar si el jugador termina encajando por sí solo.
También debe existir trabajo desde el cuerpo técnico para preguntarse cómo puede el equipo acercarle a las condiciones que permitieron convertirlo en uno de los laterales más productivos de Europa.
Primera solución: protegerle mejor cuando el Atlético pierde el balón
No hace falta cambiar inmediatamente de sistema.
Simeone puede mantener una defensa de cuatro y modificar lo que ocurre alrededor.
Si Grimaldo avanza, Hancko necesita estar preparado para desplazarse hacia el costado. Al mismo tiempo, Hjulmand debe proteger ese medio espacio y el extremo izquierdo tiene que reconocer cuándo la jugada exige cerrar una posible transición.
Eso permitiría que Grimaldo atacase con mayor libertad sin convertir cada pérdida en una carrera de 40 metros hacia Oblak.
La defensa del lateral empieza, por tanto, antes de perder el balón.
Grimaldo sube; Hancko bascula hacia la izquierda; Hjulmand ocupa la zona interior y el extremo participa en la vigilancia. El objetivo es que el lateral no tenga que recuperar solo todo el espacio que deja cuando ataca.
Segunda solución: una defensa de tres puede liberar al mejor Grimaldo
La alternativa resulta todavía más evidente.
Cuti Romero, Le Normand, Hancko y Pubill ofrecen a Simeone diferentes posibilidades para construir una línea de tres.
Ahí Grimaldo podría recuperar el papel de carrilero.
Más alto.
Más cerca del área.
Con un central directamente detrás cuando la jugada se rompe.
No significa volver permanentemente al antiguo 5-3-2 del Atlético. Una defensa de tres actual puede transformarse con balón en una estructura de 3-2-5, precisamente el tipo de organización que permitió a Grimaldo aparecer constantemente en posiciones ofensivas en Alemania.
Convertir a Grimaldo en carrilero permitiría acercarlo al área rival y disponer de un defensor adicional preparado para ocupar su espalda. No garantiza nada, pero reproduce mejor las condiciones de su etapa más dominante.
Hay incluso una tercera vía: que Grimaldo deje de comportarse como lateral cuando el Atlético tiene el balón
No todos los cambios tienen que aparecer en la hoja de alineaciones.
Simeone puede empezar con cuatro defensores y transformar la estructura durante la posesión.
Grimaldo podría avanzar de manera casi permanente mientras otro futbolista forma una línea de tres con los centrales.
También puede aparecer por dentro.
Su calidad técnica permite recibir entre líneas, combinar cerca del área y ofrecer una amenaza de disparo que no posee un lateral convencional.
Precisamente ahí está la riqueza del fichaje: el Atlético no está obligado a elegir entre Grimaldo lateral o Grimaldo carrilero durante 90 minutos.
Dani Martínez cambia también la conversación
La promoción de Dani Martínez al primer equipo ofrece otra posibilidad.
El canterano posee características prácticamente opuestas.
Es central de formación y puede actuar en el lateral izquierdo. Por tanto, aporta más tamaño, juego defensivo y capacidad para cerrar como tercer central.
Eso no debe convertirse en una competición simplista entre uno y otro.
Puede convertirse en una herramienta táctica: hay partidos que pedirán el talento ofensivo de Grimaldo y otros momentos que quizá necesiten el perfil más conservador de Dani.
Anfield puede ser el peor lugar para no haber resuelto todavía el problema
El calendario acelera cualquier debate.
El miércoles espera Liverpool.
Un rival preparado para castigar pérdidas, atacar espacios y obligar a los laterales a defender metros en dirección a su propia portería.
Exactamente el tipo de situaciones que el Atlético debe evitar si quiere proteger a Grimaldo.
San Mamés dejó el aviso. Anfield puede elevar considerablemente el precio si el equipo vuelve a perder su estructura.
La exigencia también pertenece al jugador
Proteger a Grimaldo no significa absolverle de responsabilidad.
Tiene 30 años, experiencia internacional y cientos de partidos al máximo nivel.
El Atlético puede facilitarle el contexto, pero él también debe adaptarse a un campeonato nuevo y a las demandas de Simeone.
El duelo con Robert Navarro se puede defender mejor.
También necesita aumentar su concentración en las vigilancias y acostumbrarse a que, en determinados encuentros, no podrá vivir tan arriba como en Leverkusen.
La adaptación tiene que producirse en las dos direcciones: Simeone hacia Grimaldo y Grimaldo hacia Simeone.
El Atlético debe exigir más a Grimaldo. Pero también debe exigirse a sí mismo utilizar mejor a Grimaldo.
Fichar a un jugador diferente y después pedirle exactamente lo mismo que a cualquier lateral convencional puede terminar eliminando aquello por lo que decidiste ficharlo.
El Atlético tiene que decidir qué Grimaldo quiere
El debate no debería ser si Grimaldo es bueno o malo.
Su trayectoria ya ha respondido suficientemente a esa pregunta.
Tampoco tiene sentido sentenciar un fichaje después de tres titularidades ligueras.
La cuestión es otra.
¿Quiere Simeone un lateral izquierdo clásico al que exigirle principalmente seguridad defensiva?
¿O quiere aprovechar a un futbolista capaz de generar cifras ofensivas extraordinarias desde posiciones mucho más adelantadas?
Si la respuesta es lo segundo, el resto del equipo tendrá que asumir parte del coste.
Porque los grandes futbolistas también necesitan un contexto que permita ser grandes.
San Mamés dejó a Grimaldo expuesto.
Ahora sería un error limitarse a pedirle que defienda mejor.
El Atlético fichó a uno de los laterales más productivos de Europa. Su obligación no es esconder sus defectos: es construir un equipo capaz de hacer que sus virtudes pesen mucho más.
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Fundador y director de El Rincón Atlético. Cubriendo la actualidad rojiblanca desde 2014.

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