Análisis Cuti Romero

El 0-3 de Anoeta terminó hablando de Grimaldo, Jonathan David, Giuliano y los cambios de Simeone. Pero mientras el partido permaneció abierto hubo un futbolista encargado de que el Atlético nunca terminase de romperse. Cuti Romero mandó desde el centro de la defensa y dejó números que explican mucho más que una portería a cero.

Diego Herranz
Diego Herranz
Fundador y director de El Rincón Atlético

Algunos centrales defienden su zona. Otros consiguen que toda la defensa parezca jugar alrededor de ellos.

Cuti Romero empieza a pertenecer al segundo grupo dentro del Atlético.

Anoeta no fue un partido perfecto del argentino.

Durante la primera mitad tuvo alguna pérdida comprometida en salida y hubo un tramo, alrededor de la media hora, en el que la presión de la Real Sociedad consiguió incomodarle.

Precisamente por eso su actuación resulta todavía más interesante.

Porque no necesitó jugar un partido perfecto para convertirse en el futbolista que ordenó la defensa cuando el Atlético más necesitaba estabilidad.

Y después del descanso creció.

Mucho.

La sensación que dejó Anoeta

El Cuti no solo defendió. Dio la sensación de decidir dónde, cuándo y cómo debía defender el Atlético.

Los números de Cuti en Anoeta explican el partido

La actuación tiene una traducción estadística bastante clara.

Cuti Romero · Real Sociedad 0-3 Atlético
Pases
50/55
91% de precisión
Duelos
5/6
83% ganados
Despejes
10
protegiendo el área
Minutos
90
partido completo

Hay un dato especialmente revelador.

Diez despejes.

No porque despejar diez balones convierta automáticamente a un defensa en dominante.

Sino porque explica dónde tuvo que intervenir.

La Real tuvo más posesión que el Atlético durante el partido. Intentó instalarse cerca del área, buscó centros, segundas jugadas y situaciones en las que Oyarzabal, Guedes o Barrenetxea pudiesen recibir alrededor de la última línea.

Pero terminó con apenas 0,27 goles esperados.

Tuvo balón.

No tuvo demasiadas ocasiones limpias.

Y ahí aparece buena parte del trabajo defensivo rojiblanco.

Simeone le entregó el centro de la defensa y Cuti empezó a comportarse como su dueño

La posición también importa.

Simeone colocó a Cuti en el centro de una línea formada por Pubill, Romero y Hancko.

No era simplemente el central que quedaba entre otros dos.

Era el futbolista desde el que se ordenaba la estructura.

Cuando Pubill tenía que salir hacia fuera, Romero protegía el espacio interior.

Cuando Hancko corregía las subidas de Grimaldo, el argentino tenía que interpretar qué zona quedaba expuesta.

Y cuando la Real intentaba jugar directamente sobre su delantero, el comportamiento cambiaba.

El Cuti no espera.

Sale.

Esa característica es probablemente una de las razones fundamentales por las que Simeone insistió tanto en su llegada.

Su gran diferencia está en algo que no aparece completamente en las estadísticas

Romero tiene una forma muy particular de entender la defensa.

Muchos centrales retroceden cuando ven que un delantero va a recibir.

El Cuti interpreta muchas de esas recepciones como una señal para avanzar.

Intenta llegar al atacante al mismo tiempo que el balón.

Contacta.

Le obliga a recibir de espaldas.

Y convierte una posesión rival que podía desarrollarse en un duelo inmediato.

En Anoeta ganó cinco de los seis que disputó.

Esa agresividad tiene riesgo.

Si sale y no llega, alguien debe ocupar el espacio que deja.

Pero precisamente ahí adquiere sentido la línea de tres.

Hancko y Pubill pueden corregir mientras Romero abandona momentáneamente su zona para intentar terminar la jugada rival antes de que empiece.

También sufrió: y ahí aparece una de las partes más interesantes de su partido

Convertir la actuación del argentino en una colección de elogios sería analizarla mal.

Hubo dificultades.

Especialmente durante un tramo de la primera mitad.

Cuando la Real consiguió orientar su presión sobre la primera salida rojiblanca, Romero tuvo algunas pérdidas y el Atlético encontró problemas para progresar desde atrás.

La cuestión está en lo que ocurrió después.

No dejó de pedir el balón.

No empezó a esconderse detrás de un pase sencillo.

Y terminó completando 50 de sus 55 envíos.

Más del 90%.

Esa capacidad para convivir con un error sin modificar completamente su partido también forma parte de la jerarquía.

Después del descanso apareció el central que el Atlético fue a buscar al mercado

Su segunda mitad fue otra cosa.

Más limpio.

Más contundente.

Más dominante.

Romero empezó a llegar antes a las recepciones, ganó balones frontales y despejó prácticamente todo lo que alcanzó el área.

Y lo hizo en un momento importante.

Porque durante gran parte del partido el Atlético no estaba jugando bien.

El marcador permanecía 0-0.

El centro del campo no terminaba de imponerse.

La Real conservaba capacidad para instalarse en campo rojiblanco.

Antes de que los cambios transformaran el encuentro y antes de que llegasen los tres goles, alguien tenía que asegurarse de que el Atlético siguiera vivo.

Ahí tuvo importancia Cuti.

La otra lectura del 0-3
0,27

xG de la Real Sociedad pese a tener más posesión que el Atlético

Una portería a cero nunca pertenece únicamente a un central.

Oblak volvió a aparecer cuando fue necesario.

Hancko corrigió.

Pubill compitió.

Hjulmand ayudó delante de la última línea.

Pero dentro de ese funcionamiento colectivo empieza a aparecer una jerarquía muy concreta.

La de Romero.

Cuti también puede hacer mejores a Hancko y Pubill

Este quizá sea el punto más importante de todos.

El valor de un gran central no termina en sus propias acciones.

También se mide por lo que permite hacer a quienes juegan a su alrededor.

Si Romero controla el centro, Hancko puede ser más agresivo corrigiendo hacia el costado izquierdo.

Si el argentino domina el duelo frontal, Pubill dispone de mayor margen para perseguir recepciones por su sector.

Y si la última línea siente que existe alguien capaz de ganar una situación de igualdad lejos del área, todo el bloque puede permitirse defender algunos metros más arriba.

Eso cambia mucho más que un nombre.

Cambia dónde puede defender el Atlético.

Y con balón ofrece algo que Simeone también necesitaba

Romero no llegó únicamente para despejar.

Su capacidad para iniciar también tiene importancia.

El argentino puede fijar una primera línea de presión mediante conducción y encontrar después un pase hacia el centrocampista.

Puede cambiar la orientación.

Y, sobre todo, no necesita acelerar cada posesión.

Los 50 pases acertados de 55 intentos en Anoeta reflejan esa fiabilidad.

No significa que la salida fuese perfecta.

No lo fue.

Pero ofrece una base sobre la que construir.

La jerarquía no se compra con estadísticas, pero las estadísticas empiezan a acompañarla

El Atlético llevaba tiempo buscando algo más que otro defensa.

Buscaba autoridad.

Un futbolista acostumbrado a jugar partidos grandes.

A defender lejos de su portería.

A convivir con espacios.

A intervenir cuando la jugada exige que alguien asuma la responsabilidad.

Romero llega con un Mundial, dos Copas América y una Europa League en su trayectoria.

Pero ninguno de esos títulos podía defender en Anoeta.

Él sí.

Anfield dejó la primera pista; Anoeta empieza a convertirla en tendencia

Su estreno como titular ya había dejado una primera impresión en Liverpool.

En Anfield mandó, ganó sus duelos y asumió la salida incluso cuando el Liverpool elevó la presión.

Terminó pagando físicamente el esfuerzo y tuvo que abandonar el encuentro antes del final.

Cuatro días después, Simeone volvió a entregarle la defensa.

Esta vez completó los 90 minutos.

Y esta vez el Atlético terminó sin encajar.

Dos partidos todavía son demasiado poco para construir una sentencia definitiva.

Pero ya son suficientes para empezar a reconocer un patrón.

Cuti no arregla por sí solo la defensa del Atlético

Conviene introducir aquí un matiz fundamental.

Ningún central puede corregir una estructura entera.

Si el Atlético pierde mal el balón, Romero también correrá hacia atrás.

Si el centro del campo queda partido, también tendrá que defender situaciones demasiado grandes.

Si los carrileros no protegen su espalda, aparecerán espacios que ni siquiera el mejor defensor puede cerrar continuamente.

Eso no ha cambiado.

Lo que sí cambia es el futbolista que debe enfrentarse a esos escenarios.

Y ahí el Atlético parece haber subido claramente el nivel.

El Atlético buscaba un central; puede haber encontrado algo bastante más importante

Anoeta terminó 0-3.

Los goles llegaron al final.

Grimaldo abrió el marcador.

Jonathan David estrenó su cuenta.

Giuliano cerró la noche.

Es lógico que buena parte de las miradas terminasen allí.

Pero antes del minuto 84 hubo otro partido.

Un partido cerrado.

Incómodo.

En el que la Real tuvo más balón y en el que el Atlético necesitó mantenerse de pie hasta encontrar una solución.

Cuti estuvo ahí durante los 90 minutos.

Ganó cinco de seis duelos.

Despejó diez balones.

Completó 50 de 55 pases.

Y, sobre todo, empezó a hacer algo que no cabe completamente en ninguna tabla estadística.

Mandar.

El nuevo jefe de la defensa

El Atlético fichó a Cuti Romero para defender mejor. Anoeta dejó una posibilidad todavía más interesante: que alrededor de él termine defendiendo mejor todo el equipo.

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Diego Herranz
Sobre el autor
Diego Herranz

Fundador y director de El Rincón Atlético. Cubriendo la actualidad rojiblanca desde 2014.

El debate del Rincón

¿Debe construir Simeone definitivamente su nueva defensa alrededor de Cuti Romero?

El Rincón Atlético
Más allá del resultado. Más cerca de las ideas.
3 comentarios en «El Atlético ya tiene su mariscal: Cuti Romero empieza a imponer su ley»

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