Vicente Camacho reflexiona sobre ese sentimiento que une a generaciones rojiblancas y que resulta tan difícil de explicar a quien nunca lo ha vivido.
Tengo un amigo madridista, Ignacio, a quien siempre le digo lo mismo: “Tú eres del Atleti, sólo que aún no lo sabes”.
Y otro, Javier, más madridista, con quien termino el diálogo con la frase: “No lo puedes entender”.
Hay cosas que se pueden explicar. Una clasificación, un resultado, un gol, un título, una alineación, una eliminatoria.
Y hay otras que no.
Puedes contarle a alguien qué es el Atlético de Madrid. Puedes explicarle su historia, sus títulos, sus grandes jugadores, sus derrotas, sus remontadas, sus noches europeas. Puedes enseñarle fotografías del Calderón, vídeos de Neptuno, imágenes de una grada cantando al unísono, el nuevo Metropolitano….
Pero si no es del Atleti, hay una parte que no la va a entender nunca.
Porque ser del Atleti no consiste solamente en ganar.
Tampoco consiste en perder.
Ni siquiera consiste en sufrir, aunque hayamos acumulado unas cuantas razones para hacerlo.
Ser del Atleti es otra manera de sentir
Ser del Atleti es una manera de vivir el fútbol.
Es aquel niño que eligió una camiseta rojiblanca sin saber todavía lo que significaba. Es el padre que llevó a su hijo al campo y el abuelo que antes había llevado al padre. Es aprender que un gol en el minuto 90 puede provocar una felicidad difícil de explicar y que un partido perdido puede acompañarte durante varios días.
Es saber que hay victorias que se disfrutan de una manera especial precisamente porque antes hubo demasiadas derrotas.
Y eso, no lo pueden entender.
No lo puede entender quien se acerca al fútbol solamente desde la lógica de los títulos.
Porque para nosotros hay partidos que seguimos recordando, aunque no los ganáramos. Hay jugadores que adoramos, aunque no fueran los mejores. Hay derrotas que forman parte de nuestra historia tanto como las victorias.
Y hay noches en las que ni siquiera hacía falta levantar una Copa para sentir que aquello era el Atleti.
No lo pueden entender.
No pueden entender por qué un gol contra un rival determinado se celebra como si fuera un título.
No pueden entender por qué una eliminación puede doler durante años.
No pueden entender por qué seguimos hablando de aquel partido, de aquel jugador, de aquella parada, de aquel gol que entró o que no entró.
No pueden entender que un minuto pueda convertirse en una eternidad.
No pueden entender que haya futbolistas que dejan de ser simplemente futbolistas para convertirse en parte de nuestra memoria.
Y tampoco pueden entender que podamos criticar al club, al entrenador o a un jugador y, cinco minutos después, estar defendiendo al Atleti con uñas y dientes frente a cualquiera.
Porque ser del Atleti también es eso.
No lo pueden entender quienes creen que una afición se mide únicamente por lo que gana.
Nosotros sabemos que hay algo más.
Los recuerdos que nunca caben en una clasificación
Está en el viaje al estadio. En el bocadillo antes del partido. En la bufanda. En la llamada después del encuentro. En el mensaje del amigo: «¿Has visto lo que acaba de pasar?».
Está en recordar dónde estábamos cuando marcó aquel gol.
Está en reconocer una canción desde la grada, con las primeras notas.
Está en mirar una camiseta antigua y que aparezcan de golpe recuerdos que creíamos olvidados.
Está en echar de menos un estadio.
Está en acordarnos de gente que ya no está y que, sin embargo, sigue apareciendo cada vez que juega el Atleti desde el Tercer Anfiteatro.
Eso tampoco lo pueden entender.
Porque el Atléti no es solamente un club que juega al fútbol.
Para muchos de nosotros es una parte de nuestra biografía.
Y por eso resulta tan difícil explicarlo.
Hay sentimientos que no se pueden explicar
¿Cómo explicas que puedas estar enfadado con tu equipo y, al mismo tiempo, quererlo más que nunca?
¿Cómo explicas que una derrota pueda dolerte de verdad?
¿Cómo explicas que un estadio lleno pueda hacerte sentir que formas parte de algo mucho más grande que tú?
¿Cómo explicas que después de una decepción vuelvas al siguiente partido con la misma ilusión?
¿Cómo explicas que después de tantos golpes sigamos creyendo?
No se explica.
Se vive.
Y quizá por eso nunca entenderemos del todo a quien no es del Atleti.
Como ellos tampoco entenderán del todo que nosotros podamos decir:
«Sí, ya sé que hemos sufrido. Ya sé que hemos perdido. Ya sé que hubo momentos en los que parecía imposible».
Y aun así responder:
«Pero yo soy del Atleti».
Ahí está la diferencia.
No necesitamos justificarlo.
No necesitamos demostrarlo.
No necesitamos que nadie lo entienda.
Porque hay sentimientos que no se argumentan.
Se heredan, se descubren, se viven y se llevan dentro.
Y ser del Atleti es uno de ellos.
Por eso, cuando alguien que no es del Atleti nos pregunta:
—Pero ¿por qué eres del Atleti?
Quizá la respuesta más sincera sea la más sencilla:
—No sé explicártelo.
Y aunque te lo explicara, no lo podrías entender.
Vicente Camacho Jiménez · Desde la Grada
Cuéntanos en los comentarios qué recuerdo, momento o persona te hizo sentir que el Atlético de Madrid era mucho más que un equipo de fútbol.
Enamorado del @Atleti tú no lo puedes entender