Cada derrota reactiva el mismo juicio: Simeone fuera, media plantilla fuera y otro entrenador que venga a ganarlo todo. Arteta, Luis Enrique, Klopp… da igual el nombre. Como si cambiar al técnico otorgara al Atlético los cientos de millones, las estrellas y el poder de atracción de los gigantes contra los que compite.
«Cholo, vete ya».
Otra vez.
Pierde el Atlético y empieza el ritual.
Simeone fuera. Este jugador no vale. Aquel es un paquete. El fichaje es un desastre. El director deportivo no tiene ni idea. Hay que echar a media plantilla. Y, por supuesto, siempre aparece alguien asegurando que él habría construido un equipo campeón con cuatro operaciones de mercado realizadas desde el sofá.
Hay gente que critica, critica y vuelve a criticar. No una decisión. No un partido. No un cambio concreto. Todo.
Todo está mal.
Todo el mundo sobra.
Todo entrenador es mejor que el que está.
Y muchas veces entro después en esos perfiles y me resulta curioso: una seguridad absoluta para sentenciar sobre fútbol, aunque aparentemente nunca hayan necesitado demostrar esa misma certeza con un balón en los pies.
No hace falta haber sido futbolista profesional para entender este deporte. Ni siquiera hace falta haber jugado bien.
Pero quizá sí estaría bien recordar de vez en cuando que el fútbol real es un poco más complicado que mover once nombres en una pantalla y llamar inútil al entrenador cuando el resultado no acompaña.
El Atlético compite contra los mejores clubes del mundo. Pero no tiene su dinero, no tiene sus estrellas y no puede fichar como ellos.
No, el Atlético no tiene un equipo lleno de cracks mundiales
Sé que tampoco gusta leer esto.
Pero es así.
El Atlético tiene buenos jugadores. Muy buenos en algunos casos. Futbolistas internacionales, futbolistas capaces de decidir partidos importantes y jugadores a los que quiero ver triunfar con esta camiseta.
Pero no tiene una colección de superestrellas mundiales comparable a las grandes potencias europeas.
Y querer al Atlético no me obliga a mentirme.
Basta mirar una fotografía tan sencilla como la lista de nominados al Balón de Oro.
Real Madrid y Barcelona concentran algunos de los mejores futbolistas del planeta.
El Atlético intenta competir contra ellos.
Esa diferencia debería ser el punto de partida de cualquier análisis serio.
No la excusa para no intentarlo.
Pero sí el contexto para entender qué significa conseguirlo.
¿De verdad pensáis que Haaland elegiría al Atlético antes que Madrid o Barça?
Porque a veces parece que algunos viven convencidos de que el mercado funciona como el modo carrera de un videojuego.
Tienes dinero.
Haces una oferta.
Y fichas al jugador.
No.
Imaginemos que mañana Haaland decide salir y puede escoger entre Real Madrid, Barcelona y Atlético.
¿De verdad creéis que los tres clubes compiten en igualdad?
¿De verdad?
¿Misma capacidad salarial? ¿Misma exposición internacional? ¿Mismo poder comercial? ¿Mismo dinero para rodearle después de otras cinco estrellas?
Hay que ser muy optimista para creerlo.
Mientras unos ajustan cada operación, otros gastan cientos de millones
Y luego está el dinero.
El argumento más sencillo de todos y, paradójicamente, el que más se intenta ignorar.
El Liverpool al que acaba de enfrentarse el Atlético ha movido más de 500 millones de euros en incorporaciones entre las dos últimas temporadas.
Quinientos millones.
No es moco de pavo.
No hablamos de acertar con un fichaje barato.
Hablamos de disponer de margen para equivocarte, volver al mercado y comprar otra vez.
El Atlético no vive ahí.
No puede vivir ahí.
Esa es la dimensión de la diferencia.
No significa que el Atlético sea pobre.
Significa que compite contra clubes muchísimo más ricos.
Y esto importa porque el entrenador no juega con dinero imaginario.
«Con lo que cobra Simeone traes a Arteta o Luis Enrique»
Esta es otra de mis favoritas.
Se repite muchísimo.
«Con lo que le pagan al Cholo te traes a cualquier entrenador».
Perfecto.
Pongamos que viene Arteta.
¿También viene con los cientos de millones que ha tenido el Arsenal para construir su plantilla?
Pongamos que viene Luis Enrique.
¿También trae detrás al PSG y su capacidad para gastar, vender y volver inmediatamente al mercado?
Pongamos que consigues convencer a Klopp.
¿Le vas a entregar el mismo contexto que tuvo cuando el Liverpool decidió construir alrededor de él un equipo campeón?
Porque el sueldo de Simeone no se transforma mágicamente en presupuesto de fichajes cuando Simeone se marcha.
Es increíble que haya que explicarlo.
Puedes pagar a otro técnico. Lo que no compras con ese sueldo son 400 millones para fichar, cinco estrellas mundiales y el poder económico del PSG o del Arsenal.
Arteta ha recibido durante años futbolistas elegidos específicamente para su idea.
Ha podido construir, corregir, volver a fichar y seguir construyendo.
Luis Enrique llegó a París con un proyecto en el que la propiedad no necesita convertir el mercado en una operación de ahorro anual.
Y Klopp necesitó a Van Dijk.
A Alisson.
A Salah.
Y una inversión enorme durante años para terminar construyendo aquel Liverpool extraordinario.
¿Son mejores entrenadores que Simeone?
Que cada uno responda lo que quiera.
Lo que no pueden hacer ni Arteta, ni Luis Enrique, ni Klopp ni Guardiola es fabricar estrellas de cien millones cada verano si el club no puede comprarlas.
Hay aficionados que ya no analizan al Atlético: esperan a que falle para descargar
Y aquí es donde más me cuesta entender determinadas actitudes.
Hay perfiles en redes para los que ningún partido empieza 0-0.
Empieza con una condena preparada.
Si gana el Atlético, era obligación.
Si empata, vergüenza.
Si pierde, limpieza total.
Si Simeone cambia, cambia mal.
Si no cambia, llega tarde.
Si apuesta por un joven, lo quema.
Si no apuesta por él, odia la cantera.
Si un fichaje no funciona en cuatro jornadas, es un paquete.
Si funciona, «era evidente».
Con ese método es imposible equivocarse.
También es imposible aportar absolutamente nada.
Eso no es exigencia.
Es adicción a la indignación.
Y en el Atlético se está convirtiendo en deporte nacional.
Criticar a Simeone sí. Borrar lo que ha hecho porque perdiste ayer, no
Simeone se equivoca.
Mucho.
Se puede equivocar en un once, en un cambio, en una estructura, en cómo prepara una eliminatoria o en cómo gestiona a un futbolista.
Yo mismo le critico cuando considero que se equivoca.
Eso es fútbol.
Lo que me parece absurdo es que cada derrota borre quince años.
Estamos hablando del entrenador que más títulos ha ganado en la historia del Atlético.
Del entrenador que volvió a convertir al club en una amenaza real para Real Madrid y Barcelona.
Del entrenador que cogió futbolistas que no estaban considerados entre las grandes estrellas del planeta y los convirtió en nombres de dimensión mundial.
Del entrenador que construyó una era.
Un legado imborrable.
Y, especialmente, una cosa que algunos parecen haber olvidado:
Muchos pueden exigir hoy al Atlético ganar cada temporada porque Simeone consiguió que dejar de ganar pareciera extraño.
Y mientras tanto compramos el relato de quienes estaban mucho más cómodos sin nosotros
Durante años el fútbol español tuvo un relato comodísimo.
Madrid y Barcelona.
Barcelona y Madrid.
Y los demás mirando.
Hasta que apareció este Atlético.
Ganó una Liga en el Camp Nou.
Volvió a ganar otra Liga.
Eliminó al Barcelona de Europa.
Se convirtió en un problema constante para el Madrid.
Llegó a finales de Champions.
Se instaló donde antes nadie quería verle: en medio de una conversación que parecía reservada para dos.
Evidentemente, los grandes ecosistemas mediáticos madrileños y catalanes tienen sus propios intereses, sus audiencias y sus clubes de referencia.
Resulta mucho más cómodo un Atlético dócil que uno capaz de eliminarte, quitarte una Liga o convertir cada derbi en una guerra.
Lo que no termino de entender es por qué algunos atléticos compran encantados ese mismo marco.
El Atlético pierde y automáticamente todo es un fracaso.
El Atlético queda tercero y «no compite».
Llega lejos en Champions y, si no la gana, «otra temporada tirada».
Como si el punto de partida fuese exactamente el mismo.
Estamos un escalón por debajo. ¿Y qué?
Esa es probablemente la parte que más cuesta aceptar.
Estamos un escalón por debajo.
Económicamente.
En estrellas.
En salarios.
En capacidad para equivocarnos en el mercado y arreglarlo inmediatamente con otro cheque.
¿Y qué?
Ser del Atlético nunca consistió en tener más.
Consistió en intentar ganar incluso cuando teníamos menos.
Dar guerra aunque el rival tenga más dinero, más estrellas y un banquillo que costó más que media plantilla nuestra.
Morir en los partidos importantes. Sufrir hasta el final. Dejarse todo sobre el campo y dejarse la garganta desde la grada. Soñar con ganar sin necesidad de inventarnos que partimos en igualdad de condiciones.
Quizá nos dé para ser terceros.
Quizá nos dé para pelear la Liga.
Quizá podamos llegar lejos en Champions.
Quizá volvamos a levantar títulos.
O quizá no.
Pero yo no me hice del Atlético porque me prometieran ganar todos los años.
Ni porque tuviéramos al Balón de Oro.
Ni porque fuéramos a gastar 500 millones.
Soy del Atlético para vivir el camino.
Para sufrirlo.
Para creer cuando aparentemente no toca creer.
Para llegar a un partido contra un equipo más rico y pensar que, aun así, podemos tumbarlo.
Para celebrar cuando sucede precisamente porque sé lo difícil que era.
Puede que ellos tengan más dinero. Puede que tengan mejores plantillas. Puede que tengan más estrellas.
Pero para ganarnos van a tener que matarnos.
Eso es lo que exijo.
Competir. Pelear. No rendirse. Mejorar cuando se juega mal. Criticar cuando toca y exigir siempre.
Pero convertir al Atlético en un vertedero de insultos después de cada derrota no nos hace más exigentes.
Solo demuestra que algunos han olvidado cuánto costó llegar hasta aquí.
Fundador y director de El Rincón Atlético. Cubriendo la actualidad rojiblanca desde 2014.
Ver todos sus artículos →¿Al Atlético le falta ambición o algunos han confundido exigir con creer que tenemos los mismos recursos que Madrid, Barça, PSG o Liverpool?
Gracias por el artículo, por fin leo algo con sentido, gran explicación de lo que es ser del atleti 👏👏👏
Me parece bien lo que dices…pero una cosa es ser el tercero de España con aspiraciones a competirles a los dos de arriba,y otra hacer el ridículo en todos los campos como el año pasado.en navidades ya habíamos tirado prácticamente la liga y lo poco que quedaba para un equipo grande …la copa, hacen otra vez el ridículo contra un equipo de media tabla . En fin luego vino la oportunidad de la champion y después de hacer lo más difícil volvieron a caer cuando parecía que lo tenían a tiro.el año pasado se les hizo a los argentinos del atletico la pretemporada para el mundial ya que no hicieron gran cosa hasta final de temporada de cara al mundial .en fin el señor cholo acabó reventando a la plantilla …los tiene locos a todos y fuera de su sitio.que jugador que haya venido al atletico últimamente a triunfadooooo, ha todos los hace malos…pero claro luego llega la selecion española y hace protagonista indiscutible a Baena dandole el sitio que se merece en un equipo .y demostrando que los argentinos que hay en la plantilla son todos unos paquetes….por favor que no le dejen fichar a ningún argentino más si pensáis que cuando se vaya este elemento el que venga no lo va a poder hacer mejor estáis muy equivocados.para ser tercero en la liga y poder llegar a cuartos en la champion como hace él valen muchos entrenadores con ganas de triunfar ..y ganando mucho menos…aúpa atletico de 🇪🇸
Chapeau !!!
Aunque, imagino que para no externalizar este debate, te has olvidado lo más determinante !!!
El arbitraje que sufres cuando te enfrentas a esos equipos que son siempre tendencieros, blanditos cuando son ellos los que son juzgados y duros «como el acero Krupp», cuando somos nosotros los examinados.
En cualquier caso, estoy completamente de acuerdo, creo que aciertas en todo.
Gran articulo. Añadiría los que dicen; pero te debe de dar para ganar en Getafe o que el Bilbao no te meta tres, como si a todos los equipos no le pasara, y cuantas mas estrellas tengas menos te pasará.