Más jerarquía atrás, un centro del campo mucho más profundo, más desequilibrio y un banquillo capaz de cambiar partidos. Sobre el papel, Simeone dispone de más herramientas que hace un año. Sin embargo, la salida de Antoine Griezmann obliga a poner un asterisco enorme antes de proclamar que este Atlético es definitivamente mejor.
Hay una forma muy sencilla de responder a esta pregunta.
Mirar todos los nombres de la plantilla actual.
Compararlos con los que tenía Simeone hace doce meses.
Y decir que sí.
Que el Atlético es mejor.
Pero probablemente sería una comparación demasiado pobre.
Una plantilla no mejora únicamente porque incorpore futbolistas importantes.
Mejora cuando puede solucionar más problemas.
Cuando una lesión obliga a cambiar menos cosas.
Cuando el entrenador puede modificar un partido desde el banquillo.
Cuando puede defender de dos maneras.
Atacar de tres.
Y cuando quitar a un titular no significa necesariamente bajar el nivel.
La fotografía rápida: el Atlético mejora en casi todo
Posición por posición, esta sería la primera conclusión antes de entrar en profundidad.
Portería: cuando tienes a Oblak, mejorar es casi imposible
Aquí hay pocas razones para buscar diferencias artificiales.
Jan Oblak continúa siendo la referencia.
Un portero capaz de sostener al Atlético cuando el rival domina, salvar situaciones individuales y aparecer en noches donde una sola parada puede separar una victoria de un empate.
Musso mantiene además una alternativa de experiencia.
El Atlético no mejora especialmente bajo palos porque ya partía de un nivel extraordinariamente alto.
Defensa: aquí aparece uno de los mayores saltos del nuevo Atlético
Y la comparación debe comenzar por Marc Pubill.
No como proyecto.
No como una alternativa que quizá termine encontrando su sitio.
Como central titular.
Pubill parte como una de las piezas alrededor de las que Simeone puede construir su última línea.
Tiene físico para dominar duelos, potencia para defender grandes espacios y condiciones para convivir con una defensa situada lejos de Oblak.
Y lo más importante es lo que ha aparecido a su alrededor.
A su lado aparece Cuti Romero.
Y entonces la profundidad de la defensa cambia completamente.
El argentino aporta agresividad para anticipar, capacidad para ganar duelos lejos del área y una personalidad competitiva que eleva inmediatamente el nivel de exigencia de todos los centrales.
Pero detrás siguen Hancko, Le Normand y Giménez.
Y ese detalle es casi tan importante como incorporar al propio Cuti.
Ahí existe una diferencia enorme respecto a medir la defensa únicamente por un once ideal.
Simeone puede juntar a Pubill con Cuti.
Puede utilizar un perfil zurdo como Hancko.
Puede recurrir a Le Normand si necesita más control posicional.
Puede introducir a Giménez en un partido que exige defender el área.
Cambiar el acompañante de Pubill ya no implica necesariamente cambiar el nivel. Puede significar simplemente cambiar el tipo de defensa.
Y Grimaldo consigue que una mejora defensiva también mejore el ataque
Su llegada añade una dimensión diferente.
Porque Alejandro Grimaldo no es únicamente una solución para proteger la izquierda.
Puede construir.
Asociarse por dentro.
Llegar arriba.
Centrar.
Ejecutar balón parado.
Y convertirse prácticamente en otro centrocampista cuando el Atlético se instala alrededor del área rival.
Centro del campo: Simeone tiene un problema que el año pasado habría querido tener
Decidir quién no juega.
Koke continúa ofreciendo una comprensión casi automática de lo que pide el entrenador.
Pablo Barrios ya no debe analizarse como futuro.
Es presente.
Johnny Cardoso aporta piernas, agresividad y recuperación.
Rodrigo Mendoza y Obed Vargas aumentan las combinaciones disponibles.
Y sobre todo aparece Hjulmand.
Lo verdaderamente relevante es que no caben todos.
Y eso es bueno.
Si juegan Koke y Barrios, Hjulmand puede esperar.
Si entra el danés, Cardoso puede convertirse en una solución desde el banquillo.
Simeone puede utilizar dos centrocampistas.
O tres.
Puede buscar control, piernas o agresividad sin tener que improvisar perfiles fuera de su posición.
Entre líneas y por fuera: ahora hay más caminos hacia el mismo sitio
Ese quizá sea uno de los mayores cambios ofensivos.
Lookman aporta una amenaza vertical que obliga al defensor a retroceder.
Puede recibir abierto y atacar.
Puede partir desde fuera y terminar dentro.
Puede explotar metros cuando el partido se rompe.
Kang-In Lee ofrece exactamente otro tipo de problema.
Tiene pausa.
Técnica para jugar en espacios pequeños.
Capacidad para aparecer entre líneas.
Y una zurda que permite recibir en zonas donde otros necesitan más espacio para girarse.
Baena añade creatividad, Giuliano energía y profundidad, y Llorente mantiene una amenaza completamente distinta cuando encuentra campo para correr.
Y entonces aparece la única línea donde el “sí” deja de ser sencillo
Antoine Griezmann ya no está.
Y reducir esa salida a perder un delantero sería quedarse muy lejos de lo que realmente significa.
El francés podía marcar.
Asistir.
Bajar a recibir.
Organizar una posesión.
Atacar el área.
Ejecutar un balón parado.
Y asumir el balón cuando el partido empezaba a quemar.
Julián pasa de ser la gran estrella a ser también el gran responsable
Su papel cambia incluso aunque su posición no tenga por qué hacerlo.
Julián Álvarez es ahora la referencia ofensiva más clara del proyecto.
Puede jugar como nueve.
Acompañado de otro delantero.
Alejarse del área para asociarse.
Presionar.
Atacar la espalda.
Pero además tendrá que asumir una responsabilidad distinta: convertirse en el futbolista al que el Atlético busca cuando necesita que alguien decida.
El Atlético tiene más maneras de atacar.
Eso parece evidente.
Lo que todavía no sabemos es si todas esas alternativas producirán más que la suma de Julián y Griezmann cuando ambos podían aparecer en el mismo equipo.
Esa es la comparación que todavía no puede resolver el mercado.
El mayor salto de todos aparece cuando dejamos de mirar el once
Porque una temporada no se gana únicamente con los once mejores futbolistas.
Se gana también con el jugador número doce.
Con el quince.
Con el que sustituye a un lesionado durante tres semanas.
Con el que entra cuando quedan veinte minutos y el partido sigue 0-0.
Ahí es donde este Atlético parece mucho más preparado.
También tiene riesgos: una plantilla mejor puede ser bastante más difícil de gestionar
Y esta parte tampoco debe ignorarse.
Más competencia significa menos minutos.
Menos minutos generan decisiones.
Y las decisiones generan jerarquías.
¿Qué central se queda fuera?
¿Cómo se gestiona a Hjulmand si empieza algún partido desde el banquillo?
¿Cuántos minutos necesita Kang-In?
¿Qué ocurre cuando Sørloth quiere jugar y Julián necesita un delantero móvil a su alrededor?
Una plantilla profunda ofrece soluciones. También obliga al entrenador a acertar mucho más.
Las cinco preguntas que realmente deciden la comparación
La mayor ventaja puede ser que Simeone ya no tenga que elegir un único Atlético
Ese puede ser el verdadero salto.
Si quiere defender alto, puede aumentar agresividad con Pubill, Cuti y Hjulmand.
Si necesita dominar la pelota, puede juntar a Koke, Barrios, Baena, Kang-In o Grimaldo.
Si necesita atacar espacios, Lookman, Giuliano, Llorente o Julián permiten acelerar.
Si el partido acaba instalado dentro del área rival, Sørloth ofrece otro escenario.
No hay una solución para todos los problemas. Hay soluciones diferentes para problemas diferentes.
Y todavía hay jugadores cuyo techo puede cambiar la comparación durante el curso
Porque esta plantilla tampoco tiene por qué ser en marzo exactamente la misma que es ahora.
Pablo Barrios todavía puede dar otro salto incluso después de haberse convertido ya en una pieza importante.
Arnau Ortiz ha pasado de dominar con el Madrileño a ganarse un lugar en la primera plantilla.
Rodrigo Mendoza dispone de condiciones para aumentar su importancia.
Y Obed Vargas añade otro futbolista cuyo rendimiento puede elevar todavía más la profundidad del medio.
Y Mateu todavía puede alterar precisamente la única comparación que sigue abierta
El mercado no ha terminado.
Y eso afecta especialmente al ataque.
Si el Atlético incorpora otra pieza capaz de aportar gol, desequilibrio o una amenaza diferente cerca del área, el gran interrogante de esta comparativa se reduce.
Si no lo hace, Simeone tendrá que demostrar que la suma de varias soluciones puede compensar la pérdida de un futbolista que concentraba demasiadas en sí mismo.
El veredicto: sí, pero no por la razón más evidente
El Atlético tiene una plantilla mejor que hace un año.
Esa es nuestra conclusión.
Pero no simplemente porque haya fichado nombres importantes.
Es mejor porque Pubill puede ser el central titular y todavía quedan Cuti, Hancko, Le Normand y Giménez alrededor.
Porque Hjulmand puede ser suplente un día sin que eso convierta su fichaje en un fracaso.
Porque Simeone puede elegir entre velocidad y asociación.
Entre defender arriba o esperar.
Entre jugar con un delantero móvil o llenar el área con Sørloth.
Y porque el banquillo puede convertirse por fin en una prolongación del plan inicial en lugar de en un simple recurso de emergencia.
Ahora viene la parte difícil.
Convertir posibilidades en rendimiento.
Profundidad en puntos.
Competencia en rendimiento.
Y nombres en un equipo reconocible.
Porque tener más recursos también elimina algunas excusas.
Simeone podrá cambiar centrales.
Cambiar centrocampistas.
Cambiar extremos.
Cambiar el dibujo.
El Atlético ha reforzado su plantilla. Ahora tiene que demostrar que también ha reforzado su fútbol.

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