El central argentino no solo destaca por su fortaleza defensiva: su agresividad, salida de balón y capacidad para defender lejos del área pueden transformar al Atlético.
Hay centrales que mejoran una defensa y hay centrales que, por su manera de ser e interpretar el juego, obligan a todo el equipo a comportarse de otra manera. Cristian ‘Cuti’ Romero es de los últimos. Su llegada al Atlético de Madrid no debería analizarse únicamente desde la necesidad de recuperar solidez atrás. El argentino puede modificar la altura de la línea defensiva, la agresividad de la presión, la forma de defender los espacios y, sobre todo, la manera en la que el equipo de Simeone sale jugando desde atrás.
Romero es un central de los que juegan hacia delante. No espera siempre al delantero, sino que muchas veces sale a buscarlo. Es una diferencia importante. Su fútbol se basa en defender lejos de su área, anticipar, atacar el duelo y asumir riesgos para que el rival no pueda recibir cómodamente entre líneas.
Y precisamente ahí puede estar una de las claves de su encaje en el Atlético de Madrid.
Un central que defiende hacia delante
La primera característica que define al Cuti es su mentalidad defensiva. No es un zaguero cuyo principal objetivo sea retroceder y proteger el área. Su instinto le lleva muchas veces a saltar de la línea para atacar al poseedor.
Puede abandonar su posición para seguir a un atacante que recibe entre líneas, anticiparse a un pase vertical o saltar sobre un delantero antes de que pueda girarse. Es un comportamiento que desarrolló especialmente durante su etapa en Italia y que se convirtió en una de sus señas de identidad.
En un Atleti que quiera presionar más arriba, tener un central capaz de corregir esas salidas puede ser especialmente importante. Simeone no tendría que proteger tanto a un defensor que sabe defender espacios adelantados.
Pero hay una contrapartida: Romero juega siempre cerca del límite.
Su agresividad puede convertirse en una ventaja para el Atlético, pero también exige control. El argentino ha tenido episodios disciplinarios durante su etapa en Inglaterra y su estilo le lleva a asumir riesgos que otros centrales evitarían. Su paso por Tottenham dejó precisamente esa mezcla: liderazgo y personalidad, pero también entradas al límite y expulsiones.
Un central con salida de balón
No es un central que piense únicamente en pasar al compañero más cercano. Si tiene espacio, conduce. Y si encuentra una línea de pase vertical, intenta romperla. Eso puede tener un impacto directo.
Durante los últimos años, una de las dificultades del equipo rojiblanco ha aparecido precisamente cuando los rivales esperan en bloque medio o bajo y obligan a iniciar las jugadas desde posiciones muy retrasadas. Un central capaz de avanzar con balón puede generar una superioridad que antes no existía.
No necesita dar el último pase para generar una ventaja. A veces basta con conducir. Y esa capacidad puede modificar la posición de los centrocampistas.
Koke, Barrios o Hjulmand pueden recibir unos metros más arriba porque Romero ha sido capaz de superar una primera línea de presión. También los laterales pueden ganar altura si saben que detrás existe un central preparado para corregir.
Puede acercar al Atlético a un modelo en el que recuperar el balón no sea solamente el final de una acción defensiva, sino el comienzo inmediato de un ataque.
Un central que permite línea de cuatro y de tres
En defensa de cuatro, puede actuar como central que salta sobre el delantero o el mediapunta rival, mientras su compañero se encarga de cubrir la espalda. Su velocidad de reacción, fuerza en el duelo y agresividad le permiten asumir ese tipo de responsabilidades.
En defensa de tres, el escenario todavía puede favorecerle más. Puede ocupar el perfil derecho, abrirse para iniciar la jugada y, cuando el balón progresa por fuera, adelantarse para presionar. Su capacidad para defender lejos del área permite que el carrilero pueda situarse mucho más arriba. Importante teniendo a Grimaldo y Llorente, laterales con notable vocación ofensiva al momento que el juego lo permite.
La posibilidad de alternar entre cuatro y cinco defensas ya aparece como uno de los escenarios que Simeone contempla para esta temporada. Y el argentino es uno de los futbolistas que más sentido da a esa versatilidad.
El riesgo que le acompaña
Ya no únicamente su riesgo de lesión le acompaña, sino que en el juego sería un error analizar al defensa únicamente desde sus virtudes. Su principal fortaleza también puede ser su principal problema.
Romero es agresivo. Mucho. Busca el duelo, entra fuerte y no acostumbra a especular cuando interpreta que puede recuperar el balón. Sus valoraciones reflejan esa naturaleza: destaca especialmente en entradas, intercepciones, juego aéreo, fuerza y agresividad.
Eso significa que no siempre elegirá la solución más conservadora. En determinadas situaciones, quizá sería preferible contener al delantero y esperar al compañero. Puede intentar robar inmediatamente.
Esa mentalidad puede ser fantástica cuando está coordinada con el resto. Si la línea acompaña, el salto genera recuperación. Si el equipo está partido, puede dejar un espacio a su espalda.
Simeone tendrá que domesticar el riesgo sin eliminarlo. Debido a que el arbitraje de la Premier League tiene un umbral más alto para la amonestación a los de LaLiga y eso puede generar conflicto con su manera de entrar en según qué acciones.
Personalidad para una defensa necesitada de líder
Hay otra característica que no aparece en los datos: su personalidad.
Ha sido capitán del Tottenham y ha adquirido un peso importante dentro del vestuario argentino. Su trayectoria internacional, además, está marcada por haber sido una pieza fundamental en una selección que ganó Copa América, Mundial y Copa América. Y eso lo trasladará al Atlético.
Simeone está construyendo una defensa con diferentes perfiles: Giménez, Le Normand, Hancko, Pubill y ahora Romero. El argentino puede convertirse en el futbolista que ordene, mande y marque el tono de los duelos.
Con Hancko y Pubill como referentes tras su irrupción la pasada temporada, la llegada de nuevos centrales eleva la competencia interna. En un esquema con línea de tres, la combinación entre el eslovaco y Cristian Romero podría resultar especialmente útil: Hancko aporta una salida de balón fiable, mientras que Romero destaca por su agresividad, anticipación y capacidad para que el sistema le cubra la espalda. Esa experiencia puede impulsar un salto adicional en el desarrollo de Pubill, cuyo perfil defensivo más marcado lo convierte en un jugador idóneo para proteger la zona y seguir creciendo como futbolista.
En el caso de Le Normand, la incorporación de centrales con un gen competitivo tan acentuado también podría beneficiarlo. Ese entorno le exigiría mantener la concentración en cada acción y recuperar el nivel que le permitió disputar un campeonato oficial con la selección española.
Si además se suma Giménez, el equipo podría formar una defensa de gran impacto: dos jugadores con carácter agresivo y liderazgo, capaces de intimidar a los rivales si logran sincronizarse y mantener una misma lectura del juego. Y, en un sistema de tres centrales, cualquiera de los otros perfiles podría potenciar al compañero que tenga al lado, configurando una defensa intensa, sólida y con criterio.
No necesariamente porque tenga que ser el único líder, sino porque su forma de jugar contagia una determinada actitud. Un central que va al choque. Un central que aprieta. Un central que sale de zona. Un central que no se esconde con balón. Un central que exige concentración al compañero porque él mismo juega siempre al límite.
Ese carácter encaja de manera natural con la identidad que Simeone ha construido durante años.
El Cuti puede cambiar dónde empieza a defender el Atlético
Si el equipo puede situar su bloque unos metros más arriba porque confía en que Romero puede ganar duelos lejos del área, todo cambia. El centro del campo tiene menos metros que cubrir. Los delanteros pueden presionar más cerca del área rival. Los laterales pueden avanzar. Y las recuperaciones pueden producirse en zonas más peligrosas.
Llega con virtudes evidentes, defectos conocidos y una personalidad marcada. Pero precisamente por eso su encaje resulta tan interesante.
El Atlético no incorpora únicamente a un jugador que defiende bien. Incorpora a un futbolista que defiende atacando, construye avanzando y compite llevando cada duelo al límite.
Ahora será el Cholo quien tenga que convertir todo ese carácter en una herramienta colectiva. Porque si consigue hacerlo, el Cuti puede terminar siendo mucho más que el jefe de la defensa.
Puede convertirse en el jugador que cambie la altura, la agresividad y hasta la forma de iniciar el juego del Atlético.

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