El Atlético no ha incorporado únicamente un central, un mediocentro y un lateral izquierdo. Cuti Romero, Morten Hjulmand y Alejandro Grimaldo pueden darle a Simeone argumentos para modificar algo mucho más profundo: dónde empieza a defender el equipo. Y si cambia eso, puede terminar cambiando también su manera de atacar.
Defender bien no significa necesariamente defender cerca de tu portería.
Parece una obviedad.
Pero puede explicar una parte importante del nuevo Atlético.
Habrá partidos en los que Simeone necesite juntar al equipo, proteger el área y obligar al rival a encontrar espacios donde prácticamente no existen.
Seguramente seguirá ocurriendo.
Forma parte de la capacidad del Atlético para sobrevivir a escenarios diferentes.
Pero hay otros partidos en los que defender veinte o treinta metros más atrás significa conceder al rival exactamente lo que busca: tiempo para construir, metros para avanzar y la posibilidad de instalarse alrededor del área rojiblanca.
Y ahí es donde tres de los nuevos nombres pueden cambiar bastante más que sus respectivas posiciones.
Y esto no va de jugar con cuatro defensas o con cinco
Ese debate puede terminar siendo secundario.
Simeone puede utilizar una defensa de cuatro y defender muy abajo.
También puede colocar tres centrales y empujar al equipo hasta prácticamente el centro del campo.
El dibujo ayuda.
Los comportamientos deciden.
La verdadera pregunta es si el Atlético tiene futbolistas preparados para vivir lejos de su propia área sin que cada pérdida se convierta en una emergencia.
Cuti puede darle permiso al Atlético para defender hacia delante
Ahí está probablemente la primera pieza de la transformación.
Defender alto exige centrales incómodos.
Incómodos para el rival.
Futbolistas que no necesiten esperar a que el delantero controle el balón para empezar a defenderle.
Que puedan perseguirle.
Saltar sobre él.
Anticiparse.
Y asumir que detrás de ellos existe espacio.
Cuti tiene precisamente esa tendencia.
Defender hacia delante.
Detectar al receptor y aparecer encima antes de que pueda girarse.
Ese comportamiento tiene riesgo.
Si llegas tarde, has abandonado tu posición.
Por eso no basta con tener un central agresivo.
Necesitas también a alguien preparado para cubrir la zona que acaba de abandonar.
Y ahí aparece Hjulmand: el jugador que debe estar cuando otro ya no está
Ese puede ser uno de sus papeles más importantes.
Hjulmand no tiene que aparecer siempre en la fotografía final de una recuperación para ser importante en ella.
Muchas veces su trabajo será bastante menos visible.
Estar debajo de la pelota.
Detectar el pase que el rival quiere utilizar para escapar.
Recoger una segunda jugada.
Frenar una transición antes de que pueda llamarse transición.
Ser el seguro que permite a otros asumir riesgos.
No se trata únicamente de recuperar muchos balones.
Se trata de recuperarlos en lugares útiles.
O de conseguir que el rival directamente renuncie a utilizar esos lugares porque siempre hay alguien vigilándolos.
Grimaldo puede ayudar a defender mejor precisamente cuando el Atlético tiene la pelota
Puede parecer contradictorio.
No lo es.
La defensa de una transición empieza antes de perder la pelota.
Empieza en cómo estás colocado mientras atacas.
En cuántos futbolistas tienes alrededor del balón.
En si el pase anterior a la pérdida fue seguro o comprometido.
Y en cuántos metros tendrá que correr todo el equipo cuando la posesión cambie de dueño.
Esa puede ser una de sus aportaciones menos evidentes.
Grimaldo puede avanzar por fuera.
Pero también puede asociarse más cerca de los centrocampistas.
Puede ofrecer una línea de pase.
Puede ayudar al equipo a mantener una posesión después de una primera acción rechazada.
Y eso permite que el Atlético no tenga que reconstruir cada ataque empezando nuevamente desde su propia mitad del campo.
La cadena es mucho más importante que cada jugador por separado
Porque esta idea solo tiene sentido si funciona completa.
Y entonces ocurre algo importante: defender mejor empieza a generar más ataques
Aquí está probablemente la consecuencia más interesante.
Recuperar cerca de Oblak significa tener que recorrer medio campo antes de llegar a una zona realmente peligrosa.
Recuperar treinta metros más arriba cambia completamente la fotografía.
Julián está más cerca del área.
Lookman tiene menos metros hasta su defensor.
Baena puede recibir alrededor de la frontal en lugar de hacerlo cerca del centro del campo.
Giuliano puede atacar inmediatamente la espalda.
Llorente puede incorporarse cuando la defensa todavía está desordenada.
El ataque empieza antes de que el rival haya conseguido volver a defender.
Pero hay una trampa: defender alto no es simplemente mandar a todos hacia delante
De hecho, hacerlo así sería probablemente la forma más rápida de convertir una buena idea en un problema.
Una presión alta solamente funciona si todos reconocen la misma señal.
Si el delantero salta y el centrocampista no acompaña, aparece un pase.
Si Hjulmand avanza y los centrales permanecen treinta metros por detrás, aparece otro.
Si Cuti anticipa y nadie protege su espalda, el riesgo aumenta.
La clave no será cuánto corre el Atlético. Será cuántos jugadores corren hacia el mismo sitio en el mismo momento.
Y tampoco significa que el Atlético tenga que hacerlo siempre
Ahí también está parte de la riqueza.
Habrá noches en las que defender cerca del área sea exactamente lo que necesita el partido.
Frente a determinados rivales europeos.
Protegiendo un resultado.
O cuando el encuentro exija reducir espacios en lugar de ampliarlos.
La evolución no consiste en prohibir al Atlético defender atrás. Consiste en conseguir que no tenga que hacerlo porque no dispone de otra solución.
El Málaga puede ofrecer una primera pista, aunque quizá de una forma inesperada
El recién ascendido probablemente no llegue al Metropolitano con la intención de convertir el partido en un intercambio constante de golpes.
Eso puede obligar al Atlético a instalarse durante muchos minutos en campo contrario.
Y ahí veremos una primera parte de esta idea.
No tanto en la presión inicial.
Sino en lo que ocurra después de cada despeje.
¿Recuperará el Atlético la pelota inmediatamente?
¿Podrá volver a encerrar al Málaga?
¿O cada pérdida obligará a los rojiblancos a correr cincuenta metros hacia su portería?
Esa diferencia puede contar más sobre el nuevo Atlético que una simple estadística de posesión.
Para mí, ahí está uno de los cambios más interesantes de esta plantilla
No en que tenga más nombres.
Ni siquiera únicamente en que tenga mejores jugadores.
Lo interesante es que empieza a tener futbolistas que pueden permitirle hacer cosas diferentes.
Cuti puede permitir defender de una forma.
Hjulmand puede ayudar a sostenerla.
Grimaldo puede ayudar a que el equipo permanezca arriba después de recuperar.
Y alrededor de ellos existen jugadores preparados para aprovechar lo que ocurra después.
Eso es lo que me parece más prometedor: que Simeone pueda decidir cómo quiere defender en lugar de limitarse a escoger la forma que menos exponga a su equipo.
Después tendrá que demostrarlo.
Porque una plantilla permite cosas.
No las garantiza.
Simeone tendrá que encontrar las distancias.
Los mecanismos.
Los momentos para saltar.
Y los momentos para esperar.
Pero ahora dispone de herramientas diferentes.
Y quizá ahí esté la verdadera importancia de tres fichajes que aparentemente llegaron para tres posiciones distintas: pueden terminar cambiando el lugar del campo en el que empieza todo el Atlético.

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