Los errores en salida del Atlético vuelven a dejar una advertencia antes de que empiece LaLiga. Simeone quiere un equipo más valiente con balón. Bien. Pero competir por títulos también significa aprender dónde no se puede regalar absolutamente nada.
Hay goles que uno tiene que aceptar.
Un disparo a la escuadra. Una combinación imposible de defender. Una genialidad individual. Un delantero que gana un duelo aunque el central haya hecho prácticamente todo bien.
Forma parte del fútbol.
Hay otros goles que cuestan mucho más aceptar.
Los que empiezan con un balón que era tuyo.
Los que nacen a treinta metros de Oblak porque alguien recibió mal perfilado, porque el pase llegó medio segundo tarde, porque había una línea cerrada y decidimos jugar igualmente o porque confundimos tener personalidad con asumir un riesgo que el partido no necesitaba.
Esos son los que preocupan. Porque esos sí dependen del Atlético.
El problema no es que el Atlético quiera salir jugando
Y quiero dejar esto claro desde el principio.
No quiero un Atlético que le entregue el balón al rival cada vez que alguien salta a presionarle.
No quiero que Oblak reciba y la única solución sea pegarla cuarenta metros hacia delante esperando que alguien gane una segunda jugada.
Y no creo que la solución a una pérdida sea dejar de intentar jugar al fútbol.
Al contrario.
Este Atlético tiene jugadores para hacerlo.
Hancko tiene pie para encontrar pases por dentro. Le Normand puede atraer y progresar. Barrios puede recibir bajo presión y girar. Koke entiende dónde aparecer. Hjulmand y Johnny Cardoso ofrecen diferentes soluciones por delante de los centrales. Y ahora llega Cuti Romero, otro defensor capaz de participar en la construcción.
El problema no es querer jugar. El problema es jugar cuando la jugada ya te está diciendo que no debes hacerlo.
Simeone lleva toda la pretemporada corrigiéndolo
Hay una razón por la que este asunto no puede reducirse a una impresión externa.
El propio cuerpo técnico lleva semanas trabajando exactamente estos conceptos.
Salida desde atrás.
Distancias.
Reacción después de perder.
Velocidad para encontrar al hombre libre.
Contra el Manchester United hubo una escena especialmente reveladora. Simeone reclamó a Hancko que acelerara la circulación por el perfil izquierdo. El mensaje no era dejar de jugar. Era exactamente lo contrario: jugar antes de que la presión rival pudiera cerrar la salida.
Porque en este tipo de situaciones medio segundo es fútbol.
Marsella dejó otra advertencia, aunque no conviene inventar el diagnóstico
Sería sencillo escribir que el gol de Paixão llegó por un error del Atlético en salida.
También sería falso.
El 1-0 nace de una acción del Marsella por banda derecha y de un centro de Højbjerg que Paixão termina atacando en el segundo palo.
Pero el partido sí volvió a enseñar algo relacionado con nuestra preocupación.
Durante el primer tramo el Atlético tuvo enormes dificultades para tener una posesión limpia. El Marsella adelantó metros, apretó la primera construcción rojiblanca y consiguió que demasiadas jugadas empezasen con el equipo incómodo, orientado hacia su propia portería y sin capacidad para progresar.
Y eso, aunque no aparezca después en la ficha del gol, también condiciona partidos.
Basta mirar el 1-1.
Lookman detecta la posibilidad de saltar, aprieta la construcción francesa y la jugada termina con el balón en una zona donde cualquier pérdida se vuelve mortal.
Mendoza aparece.
Pase.
Disparo.
Gol.
No hubo tiempo para reorganizarse porque cuando pierdes ahí ya no existe una transición defensiva: existe una emergencia.
Porque estos errores en mayo cuestan campeonatos
Aquí está el motivo por el que me preocupa más este asunto que cualquier resultado de pretemporada.
En agosto puedes equivocarte y decir que forma parte del aprendizaje.
Y es verdad.
Para eso están los amistosos.
Pero los partidos que deciden temporadas suelen tener márgenes ridículos.
Una semifinal de Champions puede decidirse por un gol.
Un derbi puede decidirse por un gol.
Una Liga puede terminar separando a dos equipos por dos puntos.
Y cuando lleguen esos días no nos consolará pensar que el gol contrario empezó con un balón que teníamos controlado.
Esto no es pesimismo. Es exactamente lo contrario
Ser exigente con este Atlético no significa desconfiar de él.
Significa creer que puede hacer algo grande.
Si pensara que este equipo está para pelear únicamente por entrar en Champions, probablemente determinados errores me preocuparían bastante menos.
Pero no es lo que espero.
El Atlético ha construido una plantilla profunda. Ha añadido talento. Ha mejorado perfiles. Tiene jóvenes golpeando la puerta. Tiene a Julián. Tiene a Lookman. Tiene a Barrios. Tiene futbolistas para controlar partidos y otros para romperlos.
Y acaba de incorporar a Cuti Romero para sumar todavía más jerarquía atrás.
Cuti puede ayudar, pero ningún central arregla esto solo
La llegada del argentino puede ser importantísima.
Su agresividad para defender hacia delante permite sostener al equipo varios metros más arriba. Su capacidad para anticipar puede apagar ataques antes de que empiecen. Y con balón añade otro futbolista capaz de superar la primera presión.
Pero sería injusto convertirle en una especie de medicina para todos los problemas.
Una buena salida no depende únicamente del central que tiene la pelota.
Depende del lateral que da amplitud.
Del mediocentro que ofrece una línea.
Del interior que fija a su marcador.
Del delantero que amenaza a la espalda para impedir que todo el rival pueda saltar hacia delante.
Y sobre todo depende de que once jugadores interpreten la misma jugada al mismo tiempo.
La solución no es complicada de entender. Sí de ejecutar
Hay cinco detalles que para mí debe perfeccionar el Atlético si quiere convertir esta salida de balón en una fortaleza y no en una invitación al rival.
El Atlético que queremos ver en mayo se empieza a construir ahora
Puede parecer exagerado hablar de campeonatos por una acción de agosto.
Para mí es exactamente al revés.
Los campeonatos se pierden muchas veces por detalles que en agosto parecían pequeños.
Nadie sabe qué partido de febrero terminará siendo decisivo.
Nadie sabe qué punto de noviembre echaremos de menos en mayo.
Nadie sabe qué minuto de una eliminatoria de Champions terminará definiendo toda una temporada.
Precisamente por eso hay que corregir ahora aquello que después ya no tendrá solución.
Quiero un Atlético valiente.
Quiero un Atlético que tenga el balón.
Quiero un Atlético que sea capaz de mirar a un grande a los ojos y salir de su presión jugando.
Pero también quiero un Atlético que sepa que hay balones que no se juegan. Porque esos balones también ganan títulos.
Simeone tiene jugadores para conseguirlo.
Tiene mejores herramientas.
Tiene alternativas.
Tiene centrales capaces de jugar.
Tiene centrocampistas capaces de ofrecerse.
Y tiene un equipo que, a mi juicio, debe empezar la temporada pensando en competir por todos los títulos.
Por eso no pido que dejemos de jugar. Pido que aprendamos a no regalarnos.

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