Ya no hay debate sobre su futuro. Arnau Ortiz se queda en el Atlético de Madrid, ha firmado su contrato profesional y tendrá ficha del primer equipo. Después de 23 goles con el Madrileño y una pretemporada en la que aprovechó prácticamente cada oportunidad, el atacante ha conseguido lo que buscaba: un sitio con Simeone.
Hay pretemporadas que sirven para coger ritmo.
Y hay pretemporadas capaces de cambiar una carrera.
La de Arnau Ortiz pertenece definitivamente al segundo grupo.
Se acabaron las dudas sobre su futuro. Se acabó preguntarse si debería buscar minutos lejos del Metropolitano. Se acabó también aquello de tratarle como uno de los jugadores del Madrileño que estaban ayudando al primer equipo durante el verano.
Arnau ha firmado su contrato profesional con el Atlético y tendrá ficha del primer equipo.
Se queda.
Y lo mejor de toda la historia es que resulta difícil encontrar una decisión que se haya ganado más claramente sobre el césped.
De luchar por quedarse a firmar como jugador del primer equipo
La imagen resume perfectamente todo lo ocurrido durante las últimas semanas.
Arnau y su entorno compartieron este sábado las fotografías de la firma de su contrato profesional con el Atlético.
Una firma que representa mucho más que un trámite.
Representa el salto definitivo desde el Atlético Madrileño al vestuario de Simeone.
Y convierte una de las grandes historias de la pretemporada en una decisión deportiva: Arnau formará parte del nuevo Atlético.
Todo empezó con 23 goles imposibles de ignorar
Porque sería injusto contar esta historia empezando únicamente en julio.
Arnau no apareció de repente durante la pretemporada.
Llegó hasta ella después de marcar 23 goles en Primera Federación con el Atlético Madrileño y convertirse en el máximo goleador de la categoría.
Veintitrés.
Una cifra demasiado grande para mirar hacia otro lado.
Fernando Torres encontró en él una referencia ofensiva y Arnau respondió con la mejor temporada de su carrera. Pero marcar en Primera Federación solamente podía abrirle la puerta.
Para atravesarla tendría que convencer a Simeone.
Cada vez que Simeone le dio minutos, pasó algo
La oportunidad apareció durante una pretemporada atípica.
El Mundial retrasó la incorporación de buena parte de la plantilla, Julián Álvarez necesitaba una preparación diferente y la lesión de Sørloth terminó reduciendo todavía más las alternativas ofensivas.
Simeone necesitaba respuestas.
Arnau se las dio.
Y los números cuentan únicamente una parte.
Arnau ofreció intensidad para presionar, piernas para correr, llegada al área y, quizá por encima de todo, una sensación que Simeone valora especialmente:
entraba al campo como si cada minuto pudiera decidir su futuro.
El Atlético ha tomado la decisión correcta
Y aquí sí quiero entrar en la opinión.
Esto es exactamente lo que tenía que hacer el Atlético.
No porque Arnau haya marcado dos goles durante el verano.
Tampoco porque una asistencia en Marsella convierta automáticamente a nadie en futbolista preparado para jugar treinta partidos con el primer equipo.
La decisión es correcta porque la meritocracia tiene que significar algo.
Si un jugador marca 23 goles con tu filial, sube con el primer equipo, responde cuando juega, marca contra rivales de máxima exigencia y continúa produciendo hasta el último amistoso, llega un momento en el que dejarle salir resulta más difícil de justificar que darle una oportunidad.
Arnau hizo todo lo que podía hacer para quedarse. El Atlético simplemente ha reconocido lo que ocurrió sobre el césped.
El 16 no es un premio: ahora tiene que ganarse los minutos
Y aquí empieza la segunda parte de la historia.
Arnau deja de ser la sorpresa de la pretemporada.
Deja de jugar con la ventaja emocional del futbolista que solamente tiene cosas que ganar.
Ahora es futbolista del primer equipo.
Y eso significa competir.
Julián Álvarez será una de las grandes referencias ofensivas. Sørloth regresará de su lesión. Lookman puede ocupar distintas posiciones. Kang-in Lee añade otro perfil. Habrá semanas en las que conseguir diez minutos será muchísimo más complicado que jugar media hora en un amistoso de julio.
El dorsal 16 no le garantiza absolutamente nada. Le garantiza algo mucho más importante: la posibilidad de ganárselo.
Y hay motivos futbolísticos para quedárselo
Porque esto tampoco debe presentarse como un gesto romántico con la Academia.
Arnau puede ser útil.
Parte desde fuera, pero busca zonas interiores. Tiene una zancada potente, ataca bien el espacio y llega al área con una naturalidad que explica buena parte de su explosión goleadora con Fernando Torres.
También tiene algo especialmente aprovechable para Simeone: puede modificar el ritmo de un partido desde el banquillo.
Un encuentro cerrado en el minuto 70 puede pedir exactamente eso. Piernas. Presión. Ataques al espacio. Llegadas desde segunda línea. Un futbolista dispuesto a correr cuando los demás llevan una hora haciéndolo.
No hace falta convertirle inmediatamente en titular para justificar su permanencia. Hace falta encontrar momentos en los que sus características puedan ayudar al Atlético.
Ahora viene lo bueno: LaLiga
El siguiente partido ya no tendrá la palabra amistoso delante.
El Málaga visita el Metropolitano el miércoles.
La temporada empieza.
Y Arnau estará dentro.
Si Simeone decide darle sus primeros minutos oficiales, el futbolista que hace unas semanas estaba intentando convencer al entrenador podrá empezar a escribir algo completamente distinto: su historia con el primer equipo del Atlético.
Y personalmente, me alegro.
Me gustan especialmente estas historias.
Porque no empiezan con cuarenta millones encima de una mesa.
Ni con un avión aterrizando en Madrid.
Empiezan en Primera Federación, cuando hay mucha menos gente mirando.
Empiezan marcando 23 goles y esperando que alguien arriba tome nota.
Continúan cuando llega la oportunidad y tienes el valor de aprovecharla.
Y algunas terminan delante de un contrato profesional con un escudo del Atlético al lado.
Aunque en realidad esta todavía no ha terminado. El 16 no es el final de la historia de Arnau. Es el principio.

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