La salida del francés no deja únicamente un hueco en el ataque. También obliga a Simeone a reorganizar una parcela que puede decidir varios puntos durante una temporada: penaltis, faltas directas, córners y acciones laterales necesitan una nueva jerarquía. Y la respuesta podría estar en repartir el poder.
Antoine Griezmann se marchó del Atlético, pero dejó varios balones sobre el césped.
Uno en el punto de penalti.
Otro colocado unos metros por detrás de la frontal.
Y otro esperando junto al banderín de córner.
Parece un detalle menor después de despedir al máximo goleador de la historia del club.
No lo es.
Durante años, Griezmann fue una de las grandes referencias rojiblancas cuando el juego se detenía. No monopolizaba necesariamente cada lanzamiento, especialmente durante su última etapa, pero ofrecía algo extraordinariamente valioso: una solución prácticamente para cualquier tipo de balón parado.
Penalti.
Falta directa.
Falta lateral.
Córner.
La pregunta ahora no es únicamente quién recoge cada balón. La pregunta es cómo reorganiza Simeone todo ese poder.
La sucesión, en realidad, empezó antes de que Griezmann se marchara
Sería demasiado sencillo contar esta historia como si el Atlético hubiera pasado de tener un dueño absoluto del balón parado a no tener ninguno.
No ocurrió exactamente así.
Julián Álvarez ya había empezado a asumir responsabilidades importantes antes del adiós del francés.
Especialmente desde el punto de penalti.
El argentino asumió lanzamientos en escenarios de máxima presión y terminó demostrando que no necesita que nadie le entregue simbólicamente esa responsabilidad.
La pelota ya había empezado a ser suya.
El penalti parece tener dueño: Julián Álvarez
Hay responsabilidades que necesitan debate.
Esta parece necesitar bastante menos.
Julián reúne prácticamente todo lo que se busca en un primer lanzador.
Calidad técnica.
Experiencia.
Relación natural con el gol.
Y, sobre todo, personalidad para aceptar que durante unos segundos todo el estadio esté mirando únicamente hacia él.
En este caso, más que nombrarle heredero de Griezmann, el Atlético simplemente debe confirmar una transición que ya había comenzado.
Eso no significa que deba existir dependencia absoluta.
Sørloth tiene experiencia desde el punto de penalti y proporciona una alternativa especialmente lógica cuando está sobre el césped.
Lookman también puede entrar en esa conversación.
Pero si hay que establecer una primera jerarquía, el balón debería empezar buscando a Julián.
En las faltas ocurre lo contrario: Grimaldo cambia completamente la discusión
Si existe un apartado donde la salida de Griezmann parecía especialmente difícil de cubrir, era este.
Hasta que apareció Alejandro Grimaldo.
El lateral no llega únicamente para recorrer la banda izquierda.
Llega también con uno de los golpeos más reconocibles del fútbol europeo reciente.
Aquí es donde la idea de sustituir a Griezmann por un único jugador pierde todavía más sentido.
Una falta ligeramente desplazada hacia la derecha puede pedir la zurda de Grimaldo.
Otra situada hacia el sector contrario puede favorecer el golpeo de Julián o Baena.
Una distancia mayor puede requerir potencia.
Una posición más cercana puede exigir rosca.
La pelota no debería pertenecer a un nombre. Debería pertenecer al perfil que mejor encaje con cada lanzamiento.
Baena aporta algo diferente: no solo golpeo, también incertidumbre
Álex Baena añade otra capa.
Es diestro, tiene experiencia ejecutando acciones a balón parado y, probablemente más importante, puede convertir el mismo gesto previo en dos jugadas diferentes.
Puede centrar.
Puede buscar portería.
Puede jugar en corto.
Y puede encontrar un pase que transforme una acción aparentemente estática en una jugada completamente diferente.
En los córners puede haber una decisión todavía más interesante: que Julián deje de lanzarlos
Aquí merece la pena detenerse.
Julián tiene calidad suficiente para ejecutar un córner.
Eso no significa necesariamente que sea el mejor lugar para utilizarle.
Si el Atlético dispone de Baena y Grimaldo para poner el balón, utilizar al argentino como lanzador implica sacar de la zona de remate, la frontal o la segunda jugada a uno de los futbolistas más peligrosos de la plantilla.
Y quizá no sea necesario.
La llegada de dos grandes golpeadores puede liberar a Julián para estar donde realmente puede hacer más daño.
Simeone puede incluso cambiar el tipo de envío sin cambiar necesariamente la jugada ensayada.
Y eso importa especialmente con los rematadores de los que dispone ahora el Atlético.
Cuti Romero.
Giménez.
Hancko.
Sørloth.
Tener grandes cabeceadores sirve de bastante poco si el balón no llega exactamente donde debe.
La verdadera arma no es saber quién lanza: es que el rival tampoco lo sepa
Este puede ser el gran cambio respecto a los últimos años.
Cuando existe un especialista absoluto, la calidad del lanzamiento puede ser extraordinaria.
Pero el rival también sabe lo que viene.
Ahora Simeone puede tener varios perfiles alrededor del balón.
Grimaldo.
Baena.
Julián.
Kang In Lee cuando esté sobre el césped.
Cuatro futbolistas capaces de obligar al rival a esperar hasta los últimos segundos para saber qué tipo de golpeo va a recibir.
El Atlético no debe sustituir un lanzador. Debe construir un sistema
Esa debería ser la conclusión.
Durante mucho tiempo, disponer de un jugador como Griezmann simplificaba las decisiones.
Ahora la ausencia de esa figura puede obligar al Atlético a ser más específico.
¿Quién lanza?
Depende.
¿Dónde está la pelota?
¿Qué pierna favorece la trayectoria?
¿Quién está en el área?
¿Qué está esperando el portero?
¿Necesitas marcar directamente o generar un remate?
Ahí es donde el balón parado deja de ser simplemente una cuestión de golpeo y se convierte en una herramienta táctica.
Y hay una razón por la que esto importa mucho más de lo que parece
El balón parado rara vez ocupa la primera conversación sobre una plantilla.
Se habla de delanteros.
De centrales.
De sistemas.
De fichajes.
Pero una temporada termina acumulando decenas de partidos que llegan al último tercio con márgenes mínimos.
Un 0-0.
Un 1-1.
Una eliminatoria bloqueada.
Una noche donde el rival no concede absolutamente nada.
En ese tipo de partidos, una falta puede terminar valiendo exactamente lo mismo que un gran fichaje.
Ese es el reto.
No encontrar al nuevo Griezmann.
No existe.
Tampoco convertir a Julián en el encargado automático de absolutamente todo.
El argentino puede quedarse con los penaltis.
Grimaldo puede convertirse en la gran amenaza en las faltas.
Baena puede asumir buena parte de los centros y córners.
Kang In puede añadir otra zurda.
Sørloth y Lookman pueden asumir responsabilidades puntuales.
Y Simeone puede decidir según el partido.
Porque Griezmann no dejó únicamente un espacio en la alineación. Dejó un balón detenido esperando dueño. Y quizá la mejor noticia para el Atlético sea que ahora puede tener varios.

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