Los campeones del mundo del Atlético regresaron a Madrid con la Copa bajo el brazo, pero no todos encontraron el mismo equipo que habían dejado. Llorente, Baena y Pubill pueden comenzar LaLiga fuera del once mientras otros rojiblancos han aprovechado su ausencia para convencer a Simeone.
Los campeones del mundo del Atlético levantaron el trofeo. Se abrazaron. Celebraron una de esas noches que un futbolista persigue durante toda su carrera.
Pero mientras ellos tocaban el cielo, en Madrid, Estocolmo y Seúl ocurría algo mucho más silencioso.
Otros entrenaban.
Otros jugaban.
Otros convencían a Diego Pablo Simeone.
Y ahí aparece una de las grandes paradojas del inicio de temporada del Atlético: el Mundial convirtió a cuatro rojiblancos en campeones y, al mismo tiempo, puede obligar a tres de ellos a comenzar LaLiga desde atrás.
Cuatro campeones, tres dudas y una excepción
La fotografía del 19 de julio fue histórica para el Atlético.
España derrotó a Argentina en la final del Mundial y Marcos Llorente, Marc Pubill, Álex Baena y Alejandro Grimaldo se proclamaron campeones del mundo.
Pero la dimensión rojiblanca de aquella final fue todavía mayor.
Entre España y Argentina hubo diez futbolistas del Atlético involucrados en el partido que decidió el campeonato. Una concentración de talento rojiblanco extraordinaria que permitió al club presumir de una de las noches internacionales más importantes de su historia reciente.
El problema llegó después.
Mientras unos competían por convertirse en campeones del mundo, Simeone estaba obligado a construir un Atlético sin ellos.
El precio oculto del Mundial no está en las piernas
Evidentemente existe cansancio.
También vacaciones retrasadas, cargas físicas diferentes y menos sesiones con el grupo.
Pero el verdadero precio oculto del Mundial es otro: el equipo continuó evolucionando mientras sus internacionales no estaban.
Simeone tuvo que improvisar una pretemporada profundamente condicionada por el campeonato. Durante parte de la preparación dispuso de muy pocos integrantes habituales del primer equipo y tuvo que apoyarse masivamente en la Academia.
Lo que inicialmente parecía un problema terminó creando oportunidades.
Y algunos futbolistas las aprovecharon.
Llorente: 300 partidos no garantizan el 301
Marcos Llorente es probablemente el ejemplo que mejor explica la diferencia entre perder una jerarquía y llegar más tarde a la carrera.
Su lugar dentro del Atlético está fuera de discusión.
Cerró la pasada temporada alcanzando los 300 partidos oficiales como rojiblanco. En ese recorrido había aportado 36 goles y 44 asistencias, además de convertirse en uno de los grandes ejemplos de la polivalencia que tanto valora Simeone.
Pero ninguno de esos números puede fabricar cinco semanas de pretemporada.
Llorente regresó después del Mundial y está siguiendo una puesta a punto específica. De hecho, no forma parte de la expedición que disputa el último amistoso frente al Olympique de Marsella.
No existe ningún conflicto deportivo. Existe una diferencia de preparación.
¿Debe jugar Llorente porque sabemos lo que puede ofrecer o debe jugar quien llega al 19 de agosto con más ritmo?
Baena: cuando el talento también necesita tiempo
El caso de Álex Baena resulta diferente, pero conduce al mismo punto.
El Atlético le ha entregado un papel de enorme importancia dentro de su nuevo proyecto deportivo. Su talento entre líneas, su capacidad para producir fútbol cerca del área y su personalidad con balón le convierten en una pieza llamada a tener muchísimo protagonismo.
Pero su verano ha seguido una secuencia incompatible con una pretemporada normal.
Mientras él recorría ese camino, Koke, Pablo Barrios, Kang-in Lee, Giuliano y otros compañeros acumulaban sesiones dentro del sistema que Simeone pretende utilizar desde la primera jornada.
Baena ya ha mostrado intensidad desde su reincorporación. Pero, al igual que Llorente, se queda fuera del último amistoso en Marsella porque el cuerpo técnico está priorizando su puesta a punto.
El debate no consiste en saber si Baena terminará jugando mucho. Todo apunta a que lo hará. La pregunta es mucho más inmediata: ¿llega al estreno preparado para quitarle el puesto a alguien que lleva semanas jugando?
Pubill: el caso más incómodo de todos
Y entonces aparece Marc Pubill.
Su situación tiene un matiz importante: él sí adelantó su regreso y forma parte de la convocatoria para Marsella.
Por eso su posible suplencia ante el Málaga no puede explicarse únicamente por el Mundial.
Hay alguien que ha conseguido convertir la ausencia de Pubill en una auténtica batalla deportiva.
Jorge Domínguez.
Tiene 16 años. Su posición original está en el centro de la defensa. Pero Simeone le ha utilizado en el lateral derecho durante la pretemporada y su rendimiento ha sido lo suficientemente convincente como para que aparezca en los últimos ensayos del equipo que puede comenzar LaLiga.
Aquí el Mundial sí produjo una consecuencia concreta.
Dio a Domínguez algo que ningún canterano puede comprar:
tiempo delante del entrenador.
Pubill vuelve como campeón del mundo. Domínguez le recibe después de semanas entrenando, jugando y acumulando argumentos. Eso no debilita al Atlético. Hace exactamente lo contrario.
¿Y Grimaldo? La excepción que demuestra la regla
Hay cuatro campeones españoles del Atlético, pero este artículo habla de tres posibles suplentes por una razón.
Alejandro Grimaldo ha conseguido escapar, por ahora, de esa situación.
El lateral adelantó su regreso, comenzó antes su preparación con el club y ya aparece en el costado izquierdo del equipo que Simeone está construyendo para el inicio de LaLiga.
Su caso sirve para entender exactamente qué está ocurriendo. La medalla no perjudica. Lo que marca diferencias ahora mismo es cuándo has podido empezar a trabajar.
El Mundial creó un Atlético que Simeone no había planeado
Aquí está probablemente la consecuencia deportiva más interesante de todo el verano.
Simeone no diseñó esta situación.
Se encontró con ella.
Tuvo que jugar sin una enorme cantidad de internacionales. Subió canteranos. Cambió posiciones. Repartió responsabilidades que inicialmente quizá estaban reservadas para otros futbolistas.
Jorge Domínguez apareció en el lateral.
Kang-in acumuló trabajo como interior y en posiciones más avanzadas.
Giuliano volvió a demostrar que puede modificar el dibujo desde la derecha.
Koke y Barrios acumularon automatismos en el centro del campo.
Lo que nació como una pretemporada de supervivencia ha terminado dando al entrenador más alternativas de las que tenía cuando comenzó el verano.
El posible once explica mejor que cualquier discurso lo que está pasando
Los últimos ensayos de Simeone han dejado una fotografía provisional extraordinariamente significativa.
Un equipo con Oblak; Domínguez, Le Normand, Hancko, Grimaldo; Giuliano, Barrios, Koke, Kang-in; Lookman y Arnau ha ganado terreno pensando en el Málaga.
Eso no convierte ese once en definitivo.
Quedan entrenamientos. Queda el último amistoso. Quedan decisiones físicas y tácticas.
Pero sí demuestra algo muy importante: Simeone no está esperando a que regresen los nombres para empezar a competir.
Nadie está castigando a los campeones del mundo del Atlético
Conviene detenerse aquí porque existe una interpretación tremendamente fácil y tremendamente equivocada.
No hay castigo.
No hay pérdida de confianza.
Y no existe ninguna batalla entre el club y los jugadores por haber llegado más tarde.
Existe simplemente una de las leyes más antiguas del fútbol: mientras tú no estás, alguien ocupa tu espacio.
El primer once no tiene por qué ser el mejor once
Esta diferencia es fundamental.
El equipo que salga contra el Málaga no necesariamente representará la jerarquía definitiva del Atlético 2026/27.
Representará al equipo que Simeone considere mejor preparado para ese partido concreto.
Llorente terminará teniendo oportunidades.
Baena será uno de los futbolistas sobre los que recaiga una parte importante de la creatividad del equipo.
Pubill tendrá minutos en una temporada larga y podrá ofrecer soluciones en más de una posición defensiva.
Pero nada de eso obliga al entrenador a regalarles el primer minuto de la primera jornada.
19 de agosto: una fotografía que hace un mes parecía imposible
El miércoles 19 de agosto, a las 21:00, el Atlético recibirá al Málaga en el Riyadh Air Metropolitano.
Y cuando Simeone entregue el primer once oficial de la temporada puede producirse una imagen difícil de imaginar cuando terminó el Mundial.
Tres campeones del mundo sentados en el banquillo.
No porque hayan dejado de ser importantes.
No porque Simeone haya perdido la confianza en ellos.
Sino porque mientras levantaban la Copa del Mundo, otros futbolistas comenzaron una carrera cuya salida ellos no pudieron disputar.
¿Baena por talento o quien domine mejor los automatismos?
¿Pubill por experiencia o Domínguez por rendimiento?
¿Debe pesar el nombre o únicamente el momento?
Lo más importante no es quién empieza: es lo que viene después
Quizá dentro de dos meses esta conversación parezca lejana.
Quizá Llorente vuelva a acumular titularidades.
Quizá Baena termine convirtiéndose en uno de los grandes líderes futbolísticos del equipo.
Quizá Pubill se consolide en la defensa.
Sería perfectamente normal.
Pero el fútbol no se juega dentro de dos meses.
Se juega ahora.
El verdadero precio oculto del Mundial
Quizá ese sea finalmente el gran legado que el campeonato ha dejado en el Atlético.
No solamente cuatro campeones.
No solamente cansancio, vacaciones aplazadas y diferentes estados de forma.
También competencia.
Porque mientras los campeones del mundo del Atlético peleaban por la gloria, otros jugadores recibieron una oportunidad que probablemente no habrían tenido en una pretemporada convencional.
Y algunos la aprovecharon tan bien que ahora Simeone tiene que tomar decisiones que hace apenas unas semanas parecían impensables.
Los campeones volverán.
Seguramente acabarán siendo protagonistas.
Pero ahora tendrán que hacer algo que, para un equipo que quiere competir por todos los títulos, solo puede ser una buena noticia: ganarse el sitio.

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