El Marsella-Atlético de Madrid dejó mucho más que una victoria. Paixão castigó un primer tiempo incómodo, Mendoza respondió antes del descanso y Carlos Martín culminó la remontada a pase de Arnau Ortiz. Oblak sostuvo al equipo cuando más sufrió y Simeone encontró respuestas antes de empezar LaLiga.
de Marsella
de Madrid
El Marsella-Atlético de Madrid era un amistoso por definición y un examen por todo lo demás.
El escenario imponía. El rival apretaba. El inicio de LaLiga ya asoma detrás de la esquina. Y durante muchos minutos del primer tiempo, el Atlético estuvo bastante más cerca de suspender que de salir reforzado de su último ensayo.
Pero la noche terminó contando otra historia.
Una historia de resistencia, corrección y remontada.
El Olympique fue mejor durante buena parte de la primera mitad, encontró el 1-0 mediante Igor Paixão y obligó a Jan Oblak y a la defensa rojiblanca a trabajar mucho más de lo deseado. El Atlético no conseguía salir, perdía demasiados duelos y parecía jugar permanentemente un segundo tarde.
No se rompió.
Rodrigo Mendoza aprovechó un regalo de Balerdi y una asistencia inmediata de Lookman para empatar antes del descanso. Simeone adelantó el equipo después del intermedio. El partido cambió. Y cuando había entrado definitivamente en el terreno de los jóvenes y las rotaciones, Arnau Ortiz encontró a Carlos Martín para completar el 1-2.
Cinco días antes del Málaga, el Atlético no salió del Vélodrome convertido en un equipo terminado. Eso todavía queda lejos. Salió con algo quizá más importante para este momento de agosto: la certeza de que también sabe corregirse dentro de un partido.
Simeone enseñó un once que ya parecía algo más que una prueba
Había ausencias importantes. Julián Álvarez, Álex Baena y Marcos Llorente continuaban con su puesta a punto y Alexander Sørloth estaba fuera por sus molestias musculares.
Pero el equipo inicial elegido por Simeone tenía suficientes piezas del primer equipo como para mirar la alineación con atención.
Oblak ocupó la portería; Domínguez, Le Normand, Hancko y Grimaldo aparecieron en la última línea; Johnny Cardoso, Koke, Barrios y Giuliano formaron en la zona intermedia; y Kang-in Lee y Lookman fueron las referencias más adelantadas.
El Marsella convirtió el amistoso en una prueba de estrés
El Vélodrome tardó muy poco en recordar al Atlético que el calendario puede llamar amistoso a un partido que sobre el césped se comporta de otra manera.
El Marsella salió agresivo. Presionó alto. Cerró líneas interiores. Ganó segundas jugadas. Y obligó al Atlético a iniciar muchas posesiones sin encontrar una continuación limpia.
Koke recibía demasiado lejos del campo contrario. Barrios encontraba poco espacio para girarse. Kang-in tenía dificultades para aparecer entre líneas y Lookman quedaba condenado a esperar una transición que casi nunca llegaba.
Aun así, el nigeriano enseñó en el minuto 9 por qué necesita tan poco para alterar un encuentro: atacó la espalda, se plantó ante De Lange y golpeó el poste. El fuera de juego invalidó la acción, pero dejó el primer recordatorio.
Era apenas una excepción. El partido pertenecía al Olympique.
Paixão encontró la grieta
Y el dominio terminó teniendo premio en el minuto 22.
Højbjerg encontró espacio para centrar desde la derecha. Gouiri atacó el envío sin llegar a tocarlo y esa trayectoria liberó completamente el segundo palo.
Allí apareció Igor Paixão.
Controló la situación y resolvió con un toque sutil por encima de Oblak. 1-0. El marcador explicaba bastante bien lo que estaba ocurriendo.
Mendoza respondió justo cuando necesitaba hacerlo
Hay goles que modifican un marcador y otros que pueden modificar una situación personal.
El de Rodrigo Mendoza tuvo un poco de ambas cosas.
Su futuro inmediato ha entrado en discusión por la extraordinaria competencia que existe en el centro del campo. Koke, Barrios, Johnny, Hjulmand y Baena estrechan el espacio disponible y el Atlético tiene decisiones pendientes antes del cierre del mercado.
El Vélodrome le ofreció minutos.
Mendoza respondió con un gol.
Balerdi cometió el error, Lookman interpretó la acción a toda velocidad y el centrocampista ajustó un disparo raso de derechas ante De Lange. El Atlético había producido muy poco, pero necesitó apenas unos segundos de debilidad rival para castigar.
Simeone cambió el partido sin necesidad de cambiar el resultado
El 1-1 podía haber provocado una lectura engañosa al descanso.
El marcador estaba equilibrado.
El partido, no tanto.
Por eso lo más interesante de la segunda mitad no fue inicialmente una sustitución concreta. Fue la altura del Atlético.
La última línea dejó de vivir tan cerca de Oblak. El bloque dio metros hacia delante. La presión empezó antes y el Marsella ya no pudo instalarse con la misma facilidad en campo rojiblanco.
No solucionó todos los problemas. Weah obligó a Oblak a intervenir en el 52′ y Gouiri estrelló un disparo en el larguero seis minutos después. Pero el Atlético empezó a competir el encuentro desde otro lugar.
Oblak construyó el puente entre el sufrimiento y la remontada
Las remontadas suelen recordarse por quienes marcan.
Esta no puede explicarse sin quien evitó que hubiese demasiado que remontar.
Jan Oblak sostuvo al Atlético en los minutos en los que el equipo estaba más incómodo.
Salió lejos de su área para anticiparse a Paixão. Detuvo a Gouiri justo antes del descanso. Y en el 52′ respondió junto al poste a la gran combinación entre Weah y Harit.
La madera también acudió al rescate cuando Gouiri encontró el larguero en el 58′. El 1-1 sobrevivió el tiempo suficiente para que el partido cambiara de manos.
Oblak no ganó el partido. Hizo posible que el Atlético llegara al tramo en el que podía ganarlo.
Lookman necesitó muy poco para volver a dejar su huella
No fue una tarde de dominio para Ademola Lookman.
Durante muchos minutos quedó aislado, obligado a atacar situaciones demasiado largas y rodeado por una defensa que encontraba fácil controlarle cuando el Atlético no lograba superar la primera línea de presión.
Pero precisamente ahí está una de las virtudes que lo han convertido en una pieza especial.
No necesita gobernar noventa minutos.
Necesita reconocer uno.
Cuando Balerdi perdió el balón, Lookman no especuló. Levantó la cabeza, encontró a Mendoza y convirtió el error rival en el empate. Antes ya había mandado un balón al poste en una jugada invalidada.
Arnau avisó. Carlos Martín sentenció
El amistoso fue perdiendo titulares y ganando futbolistas con algo que demostrar.
Y eso terminó decidiendo el encuentro.
Arnau Ortiz entró en la segunda mitad y volvió a jugar como si cada minuto fuese una audición. Atacó espacios, ofreció movilidad y tuvo en el 74′ una ocasión magnífica después de una mala salida de De Lange lejos de su portería.
Falló.
Cuatro minutos después volvió a aparecer.
Esta vez no para terminar la jugada, sino para construirla.
Arnau asistió a Carlos Martín y el atacante madrileño convirtió el 1-2. Dos futbolistas que comenzaron el verano lejos del foco principal terminaron fabricando el gol que cerró la pretemporada con victoria.
La profundidad del Atlético apareció donde menos se esperaba
El resultado importa poco en agosto si no explica nada de septiembre.
Y el 1-2 sí deja una enseñanza interesante.
El Atlético llegó a Marsella sin algunos de los futbolistas que deberían asumir mucho peso durante la temporada. No estaban Julián, Baena, Llorente ni Sørloth.
Además, Simeone repartió cargas y alteró profundamente el equipo durante el encuentro.
Sin embargo, los dos goles los fabricaron futbolistas que necesitan aprovechar precisamente este contexto para reclamar minutos: Mendoza marcó el primero; Arnau fabricó el segundo y Carlos Martín lo convirtió.
La plantilla todavía tiene preguntas. Lo interesante es que cada partido parece añadir respuestas.
Domínguez vuelve a estar donde importan las decisiones
Jorge Domínguez volvió a ser titular.
La frase empieza a dejar de resultar sorprendente.
El defensa de 16 años se encontró desde el inicio con un rival agresivo, con Paixão atacando los espacios y con un escenario de enorme exigencia ambiental. No tuvo una tarde sencilla y el Atlético sufrió especialmente por fuera durante determinados tramos.
Pero vuelve a existir un dato que pesa más que cualquier elogio: cuando Simeone quiso preparar su último partido antes de LaLiga, volvió a ponerle.
Ahora sí: el próximo partido ya cuenta
Se acabaron las pruebas.
Se acabaron las derrotas que pueden justificarse con cargas de trabajo.
Se acabaron los cambios masivos diseñados para repartir minutos.
El próximo miércoles, a las 21:00, el Málaga llegará al Riyadh Air Metropolitano para abrir LaLiga.
Allí ya no importará quién necesitaba coger ritmo.
Importará ganar.
Simeone recuperará alternativas importantes y tendrá que decidir cuánto pesa lo ocurrido durante estas semanas frente a la jerarquía de quienes regresaron más tarde.
El Atlético no llega perfecto. Llega avisado
Sería exagerado convertir un 1-2 de pretemporada en una declaración de poder.
El Marsella expuso defectos.
La salida bajo presión todavía necesita trabajo. El equipo concedió situaciones demasiado claras. Gouiri pudo poner el 2-1 en el larguero. Oblak tuvo que intervenir más de lo que seguramente habría querido Simeone.
Pero la otra mitad del análisis también existe.
El Atlético fue capaz de sobrevivir al tramo malo.
Marcó cuando el rival se equivocó.
Corrigió la altura del bloque.
Terminó encontrando más pelota.
Y ganó con jugadores que, en teoría, no deberían cargar con el peso principal de la temporada.
Eso también habla de un equipo.
De sufrir a ganar: quizá era el examen que necesitaba
Las pretemporadas están llenas de victorias que no significan nada y derrotas que explican muchísimo.
La de Marsella pertenece a una categoría distinta.
No fue un gran partido del Atlético.
Fue un partido útil.
El rival le enseñó dónde puede hacerle daño. Simeone tuvo que intervenir. Oblak tuvo que sostener. Los que entraron tuvieron que ganarse su espacio. Y cuando llegó el momento de decidir, dos jóvenes fabricaron el gol que inclinó el marcador.
Si el objetivo del último ensayo era descubrir cómo responde este Atlético cuando el partido deja de parecer cómodo, el Vélodrome ofreció una respuesta bastante más interesante que un simple 1-2.
El miércoles ya no habrá pruebas.
Tampoco habrá margen para hablar de cargas, amistosos o minutos de preparación.
El Málaga llegará al Metropolitano. Y allí empezaremos a descubrir cuánto de este Atlético de agosto está preparado para convertirse en el Atlético de verdad.

Deja un comentario