El atacante llegó al Atlético para aportar velocidad, desborde y uno contra uno, pero su movilidad abre otra posibilidad: actuar por dentro cuando Simeone necesite un delantero diferente.
Ademola Lookman llegó al Atlético para aportar una de las cosas que más necesita cualquier equipo: desequilibrio. Velocidad, uno contra uno, capacidad para romper líneas y esa sensación de que, cuando recibe el balón con espacio para encarar, puede ocurrir algo diferente.
Esa continúa siendo su principal virtud. Lookman es un futbolista diseñado para atacar hacia delante, acelerar jugadas y obligar al defensor a tomar decisiones constantemente.
Pero durante estas primeras semanas Diego Pablo Simeone empieza a descubrir que quizá haya más recursos dentro del mismo jugador de los que podía parecer inicialmente.
Lookman también puede jugar por dentro.
No es una reconversión
Conviene establecer una diferencia importante.
Utilizar a Lookman como delantero en determinados momentos no significa que Simeone pretenda transformarlo definitivamente en un ‘9’. Su naturaleza continúa siendo la de un atacante móvil, acostumbrado a partir desde posiciones exteriores, recibir de cara y atacar los espacios.
Precisamente por eso puede resultar interesante utilizarle ocasionalmente en una posición más adelantada.
El Atlético no tendría allí otro delantero centro tradicional. Tendría un atacante que comienza desde el centro pero que se niega a permanecer quieto en él.
Un ‘9’ que no juega como un ‘9’
Un delantero de referencia clásico ofrece determinadas soluciones. Puede recibir de espaldas, fijar a los centrales, disputar juego directo y actuar como punto de apoyo para que el equipo avance.
Lookman tendría que resolver los partidos de otra manera.
Su principal arma aparecería cuando abandonara precisamente la zona en la que, sobre el papel, debería estar un delantero.
Puede caer hacia cualquiera de los dos costados, arrastrar a un central, ofrecerse entre líneas y, sobre todo, atacar el espacio que aparece a la espalda de la defensa. Su velocidad puede convertir cada transición en una amenaza mucho más directa.
Profundidad: puede atacar rápidamente la espalda de una defensa adelantada.
Desmarque: su velocidad obliga al rival a proteger más metros.
Uno contra uno: puede sacar a un central de su zona y enfrentarlo lejos del área.
Intercambio: facilita permutas constantes con los jugadores de banda y mediapuntas.
Para Simeone significa tener un plan sin cambiar jugadores
Ahí aparece probablemente el elemento más interesante.
Durante una temporada larga habrá lesiones, sanciones, partidos atascados y escenarios en los que aquello que funcionaba durante los primeros 60 minutos deje de funcionar en los últimos 30.
Tener futbolistas capaces de desempeñar diferentes funciones permite modificar un partido sin necesidad de reconstruir completamente el equipo desde el banquillo.
Lookman puede empezar un encuentro desde una banda y terminarlo como atacante central. O al contrario. Simeone puede modificar el dibujo simplemente moviendo una pieza que ya está sobre el césped.
La verdadera ventaja no está en que Lookman pueda ocupar dos posiciones. Está en que su presencia permite al Atlético cambiar la naturaleza de su ataque durante un partido sin necesidad de realizar una sustitución.
Hay partidos que pueden pedir precisamente ese delantero
No todos los rivales presentan los mismos problemas.
Ante una defensa muy replegada quizá sea necesario un delantero capaz de convivir permanentemente dentro del área, disputar centros y fijar centrales.
Pero contra equipos que defienden muchos metros lejos de su portería, el escenario puede ser completamente diferente.
Ahí un jugador como Lookman puede convertirse en un problema. Un central que tiene que defender hacia atrás frente a su velocidad se encuentra en un contexto mucho más incómodo que uno que simplemente tenga que disputar balones de espaldas.
En transiciones → convertir recuperaciones en ataques inmediatos.
Para cambiar un partido → introducir más movilidad entre centrales.
Ante una ausencia → ofrecer una alternativa sin cambiar completamente el sistema.
En ataques móviles → intercambiar posiciones constantemente con extremos y mediapuntas.
La clave será no quitarle aquello que le hace diferente
Ahí está probablemente el mayor riesgo de cualquier cambio de posición.
Si Lookman juega por dentro pero se le exige comportarse exactamente como un delantero centro tradicional, buena parte de sus virtudes podrían desaparecer.
No es un futbolista construido para permanecer durante 90 minutos esperando entre dos centrales. Necesita moverse. Necesita aparecer en diferentes alturas. Necesita encontrar situaciones en las que pueda recibir mirando hacia la portería.
Por eso la solución no consiste simplemente en cambiar su posición en una pizarra. Consiste en utilizar una posición diferente para potenciar las mismas características.
Su movimiento también puede beneficiar a quienes juegan alrededor
Un delantero móvil no solamente genera ventajas para sí mismo.
Cuando abandona el centro, obliga a la defensa rival a tomar una decisión: seguirle o mantener la posición.
Si el central sale, aparece un espacio. Si permanece, Lookman puede recibir con libertad. Y ese movimiento puede ser aprovechado por jugadores llegando desde segunda línea o extremos atacando hacia dentro.
Esa capacidad para mover defensores aunque no toque la pelota puede convertirse en otra herramienta dentro de un Atlético que esta temporada pretende disponer de más registros ofensivos.
El reto para Lookman: aprender a vivir más cerca del área
Para el propio futbolista también supone una evolución interesante.
Partiendo desde fuera dispone normalmente de más metros para acelerar y puede observar mejor lo que ocurre delante. Jugar más cerca de la portería reduce los espacios, acelera las decisiones y obliga a convivir constantemente con defensores alrededor.
Tendrá que mejorar movimientos sin balón, interpretar cuándo atacar el primer palo, cuándo alejarse y cuándo permanecer dentro del área esperando una segunda jugada.
Son responsabilidades distintas. Pero también pueden convertirle en un atacante mucho más completo y difícil de controlar.
Una alternativa, no una obligación
Lookman no ha llegado al Atlético para convertirse en el nuevo delantero centro de Simeone.
Tampoco necesita hacerlo.
Ya ha demostrado que puede aportar desde posiciones exteriores. El siguiente paso consiste simplemente en demostrar que también puede ser útil cuando el partido le obliga a empezar más cerca de la portería.
Puede faltar un delantero. Puede aparecer una lesión. Puede ser necesario buscar más velocidad arriba. O simplemente Simeone puede necesitar que un partido cambie sin tener que cambiar medio equipo.
En una temporada larga, ese tipo de detalles terminan teniendo valor.
Porque para un entrenador como Simeone, tener buenos futbolistas es importante. Tener futbolistas capaces de solucionar problemas diferentes puede ser todavía más útil.

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