Hace apenas una semana hablábamos de un filial que había aprendido a ganar de tres maneras diferentes. Contra el Alba supo rehacerse, frente al Barcelona B sobrevivió a la reacción del campeón y en Zubieta demostró paciencia y madurez. Ante el Levante apareció por primera vez la cara contraria. El Atlético Femenino B pasó de dominar 3-1 en el minuto 43 a perder 4-8. Siete goles encajados desde entonces, seis de ellos después del descanso, y un apagón imposible de separar del marcador más extraordinario de su inicio de temporada. El pleno se terminó. Y lo hizo de la manera más violenta posible.
Madrid B
UD
Todo empezó mal. Durante cuarenta minutos, el Atlético lo arregló casi todo
El resultado final puede provocar la tentación de reconstruir el partido como una derrota anunciada desde el principio. No ocurrió así. De hecho, durante buena parte de la primera mitad el Atlético volvió a parecerse muchísimo al equipo que había ganado sus tres primeras jornadas. El Levante golpeó prácticamente en la primera llegada: un centro de Nuria Escoms terminó mal despejado y Paula Arce aprovechó el balón suelto para firmar el 0-1 en el minuto tres.
La reacción rojiblanca fue excelente. En lugar de acelerarse, el filial fue ganando terreno y empezó a explotar una de las características que mejor había mostrado durante septiembre: la velocidad de sus futbolistas cuando consigue llevar el partido hacia campo contrario. Celia Gómez empató en el minuto 20 después de una transición rápida. Rocío Elaine, una de las grandes protagonistas del inicio liguero, hizo el 2-1 en el 34. Y cuando Ángela Gálvez marcó el tercero en el 43, el Atlético parecía haber vuelto a resolver otro problema.
Había empezado perdiendo a los tres minutos contra un Levante construido para pelear por los puestos altos y, cuarenta minutos después, mandaba 3-1. Era exactamente la clase de respuesta que encajaba con todo lo que había mostrado el equipo de Roberto Hernández durante las semanas anteriores. Hasta que el partido cambió.
En el minuto 43 el Atlético ganaba 3-1. Desde ese instante hasta el final recibió siete goles. Ahí está toda la historia del partido.
El penalti del 45 cambió el descanso
El primer golpe llegó cuando el Atlético ya podía imaginarse entrando al vestuario con dos goles de ventaja. Ari Arias transformó un penalti al filo del descanso y convirtió el 3-1 en 3-2. La diferencia parece pequeña sobre el papel, pero alteraba completamente el partido. En lugar de descansar después de haber dado la vuelta a un inicio adverso, el filial tenía otra vez al Levante respirándole en la nuca.
El conjunto valenciano tomó además una decisión durante el intermedio: Laura Coronado dejó su sitio bajo palos a Anna Álvarez. Pero el cambio verdaderamente profundo no fue de nombres. Fue de partido. El Levante regresó del descanso con mucha más agresividad, elevó el ritmo y encontró una fragilidad rojiblanca que hasta ese momento apenas había aparecido.
Del 3-2 al 3-6: veinticuatro minutos que destruyeron el partido
Si la primera parte había mostrado la capacidad del Atlético para recomponerse, la segunda mostró exactamente lo contrario. Nuria Escoms hizo el 3-3 en el minuto 51 con un zurdazo desde la frontal. Apenas nueve minutos después, Ari Arias aprovechó un córner para completar la remontada: 3-4. El partido todavía estaba abierto, pero emocionalmente ya había cambiado de dueño.
Ahí llegó el tramo verdaderamente preocupante. El Atlético dejó de encontrar respuestas y el Levante percibió que cada ataque podía convertirse en otro golpe. Carol apareció por dentro en el 66 para hacer el 3-5. En el 75, Sanadri estrelló un disparo en el travesaño y Escoms recogió el rechace para marcar el sexto. Del empate al 3-6 habían pasado 24 minutos.
No fue simplemente una remontada. Fue una pérdida progresiva de control. Las distancias aumentaron, cada gol obligó al filial a exponerse un poco más y el Levante encontró un escenario extraordinariamente favorable para un equipo con experiencia, pegada y aspiraciones de ascenso. Cuando un conjunto joven entra en una espiral así, detenerla se convierte en el verdadero partido.
Entre el minuto 43 y el 75 el Atlético pasó de tener dos goles de ventaja a encontrarse tres por debajo. Cinco tantos consecutivos del Levante transformaron completamente el encuentro.
Rocío intentó detener una caída que ya era demasiado grande
Todavía hubo una reacción rojiblanca. Rocío Elaine marcó el 4-6 en el minuto 80 y completó su doblete. En cualquier otro contexto, recortar a dos goles con diez minutos por delante habría podido cambiar el clima del partido. Pero para entonces el Atlético llevaba demasiado tiempo jugando al ritmo que quería el Levante y había perdido casi toda la seguridad con la que había construido el 3-1.
La posibilidad de una remontada duró poco. Ari Arias volvió a aparecer en el minuto 88, esta vez de cabeza, para completar su hat-trick y colocar el 4-7. Dos minutos después llegó otro penalti. Inés Rizo lo transformó y cerró el 4-8 definitivo. El Atlético había marcado cuatro goles en casa y, aun así, terminaba el encuentro cuatro por debajo.
La gran diferencia con las tres jornadas anteriores
La derrota adquiere todavía más dimensión cuando se coloca al lado de lo que había hecho este equipo durante septiembre. En el estreno ante el Alba, el Atlético encajó el empate después de haberse adelantado y supo reconstruir el partido hasta ganar 2-1. Contra el Barcelona B protagonizó una primera media hora extraordinaria, se puso 5-0 y, aunque después recibió tres goles, consiguió frenar la reacción antes de que el encuentro se descontrolara. En Zubieta falló un penalti muy pronto, soportó un partido cerrado y terminó ganando 0-2 sin encajar.
Tres encuentros y tres problemas diferentes. El argumento de aquel inicio perfecto era precisamente que el filial parecía capaz de encontrar una respuesta para cada uno. El Levante ha descubierto el escenario que faltaba: qué ocurre cuando un rival consigue encadenar golpes y un equipo extremadamente joven no logra detener el siguiente antes de recibirlo.
Ahí aparece la verdadera enseñanza del 4-8. No sería razonable interpretar un partido como una refutación de todo lo anterior. Tampoco tendría sentido esconderlo bajo el argumento de que se trata de un filial. Formar jugadoras para el primer equipo significa también enseñarles a reconocer cuándo un encuentro se está escapando, reducir riesgos, cortar el ritmo del rival y sobrevivir durante cinco minutos hasta recuperar el control.
Contra el Barcelona B, el Atlético supo detener una reacción después del 5-0. Contra el Levante no encontró ese freno. Esa es probablemente la diferencia más importante entre ambas tardes.
Doce goles a favor, doce en contra: el marcador borra de golpe la diferencia
El 4-8 produce además una anomalía estadística espectacular. El Atlético había llegado a la cuarta jornada con nueve goles marcados y solo cuatro recibidos. Una tarde después continúa con nueve puntos, pero su balance general ha quedado completamente nivelado: doce goles a favor y doce en contra.
Es el efecto de un marcador extremo. Tres semanas de equilibrio defensivo pueden quedar distorsionadas por noventa minutos en los que todo sale mal. La clasificación también cambia: el Levante alcanza los nueve puntos y se coloca en cabeza, mientras el Atlético pierde el pleno y queda igualmente con nueve después de cuatro jornadas. La tabla consultada tras completarse la jornada lo sitúa tercero, igualado a puntos con Levante y Alhama pero con peor diferencia de goles.
Rocío, Celia y Gálvez siguen explicando por qué este filial merece atención
La magnitud de la derrota no debería borrar todo lo que vuelve a decir el partido sobre algunas de las jóvenes rojiblancas. Celia Gómez marcó el empate. Ángela Gálvez hizo el 3-1. Rocío Elaine firmó un doblete y vuelve a aparecer entre las grandes protagonistas ofensivas del equipo. Son precisamente algunos de los nombres que ya habían explicado el pleno inicial.
Esa continuidad importa. El objetivo fundamental del Femenino B continúa siendo desarrollar futbolistas capaces de acercarse al primer equipo, y una derrota de estas características forma parte también de ese proceso. No porque deba normalizarse recibir ocho goles, sino porque la reacción posterior puede revelar tanto como las tres victorias anteriores.
Roberto Hernández dispone ahora de dos semanas antes del siguiente compromiso liguero, previsto frente al Cacereño. Es tiempo suficiente para trabajar sobre una derrota que seguramente necesitará revisarse más desde lo emocional y colectivo que desde una única acción concreta. No hubo un solo error que explicase ocho goles. Hubo una secuencia en la que el Atlético perdió progresivamente su capacidad para interrumpir el partido que quería el rival.
Una derrota que también forma futbolistas
El peligro de un 4-8 está en sacar conclusiones demasiado grandes. Ni las tres primeras victorias convertían al Atlético en un equipo invulnerable ni esta derrota convierte ahora su comienzo en un espejismo. Los nueve puntos siguen estando ahí. También el 5-3 al Barcelona B, el 0-2 de Zubieta y una generación de jugadoras muy jóvenes compitiendo en la segunda categoría nacional.
Pero precisamente porque el inicio había sido tan bueno conviene no dulcificar lo ocurrido. Un equipo que gana 3-1 en el 43 no puede terminar encajando ocho. Un filial puede equivocarse. Debe hacerlo, incluso, porque ese es parte del proceso. Lo que necesita aprender es qué hacer cuando el primer error empieza a llamar al segundo.
Esa será probablemente la lección que quede. Contra Alba, Barcelona y Real Sociedad, el Atlético había demostrado distintas maneras de ganar. Contra el Levante descubrió de la forma más brutal posible una manera de perder: dejar que un partido se convierta en una avalancha y no encontrar el momento de detenerla.
Del inicio perfecto al primer golpe de realidad
Hace una semana este mismo equipo tenía nueve puntos de nueve y parecía haber encontrado una solución para cada partido.
En el minuto 43 contra el Levante ganaba 3-1.
Después recibió siete goles.
El 4-8 rompe el pleno, destroza de golpe la diferencia de goles y deja al Atlético frente a la primera gran prueba emocional de la temporada.
Ahora toca descubrir una cuarta forma de competir.
La de levantarse después de caer.
El filial pierde por primera vez después de un comienzo perfecto. ¿Lo ves como un accidente puntual o como una advertencia importante para un equipo tan joven?