El marcador dice 4-2. El partido cuenta algo bastante más interesante. El Atlético consiguió herir dos veces al gran dominador de la Liga F, sobrevivió a una primera remontada y llegó vivo hasta el tramo final. Pero para hacerlo necesitó defender demasiado, despejar demasiado y jugar demasiado cerca de Lola Gallardo. Hay crecimiento. También hay una frontera muy clara.
Hay derrotas que simplemente confirman una distancia. Y hay derrotas que permiten medirla.
El Atlético salió del Johan Cruyff con un 4-2 en contra y cero puntos. Mirado únicamente desde el resultado, puede parecer otro capítulo de una historia demasiado conocida frente al Barcelona.
Pero esta vez ocurrió algo diferente.
Las rojiblancas se adelantaron, obligaron al Barça a remontar, reaccionaron después del 2-1 y consiguieron colocar el partido de nuevo en empate.
No una vez.
Dos.
Y eso importa especialmente por quién estaba enfrente.
El Barcelona había comenzado la Liga sin encajar un solo gol. El Atlético necesitó apenas nueve minutos para romper esa resistencia.
Después encontró otro.
La señal está ahí.
Pero también lo está la advertencia: mientras el Atlético necesitó muy poco para hacer daño, el Barcelona necesitó prácticamente todo el partido para seguir haciéndoselo.
El Atlético ya ha encontrado una manera de hacerle daño al Barça. Lo siguiente —y bastante más difícil— es conseguir que el Barça no pueda atacarle durante casi todo el partido.
Para entender el avance hay que recordar de dónde venía el Atlético
Este 4-2 no puede analizarse aislado.
Los tres enfrentamientos oficiales inmediatamente anteriores contra el Barcelona habían dejado una diferencia enorme.
Los tres anteriores dejaron un agregado de 14-1 para el Barcelona.
El Atlético no estaba intentando reducir una pequeña diferencia. Estaba intentando recuperar la capacidad de competir un enfrentamiento que durante demasiado tiempo había dejado de ser realmente competitivo.
Por eso marcar dos goles en el Johan Cruyff no convierte de repente a las rojiblancas en iguales al Barcelona.
Pero sí modifica el punto desde el que empieza la conversación.
El marcador se movió seis veces, pero hubo dos momentos especialmente importantes
El 0-1 enseña que el plan podía funcionar.
El 2-2 enseña algo quizá todavía más importante: que el Atlético fue capaz de seguir creyendo en él incluso después de que el Barcelona hubiera conseguido darle la vuelta al encuentro.
David González encontró dónde podía dolerle al Barça
El Atlético no intentó ganar una batalla imposible por la posesión.
Sabía que el Barcelona iba a instalarse arriba, juntar muchas futbolistas en campo contrario y adelantar su última línea.
La pregunta era qué hacer cuando apareciera la recuperación.
Y ahí el Atlético sí tenía armas.
Fiamma Benítez, Allegra Poljak, Luany y Synne Jensen ofrecen algo especialmente útil ante una defensa que juega muchos metros lejos de su portería: capacidad para atacar inmediatamente el espacio.
El primer gol fue prácticamente la representación perfecta del plan.
Fiamma levantó la cabeza, encontró la profundidad y Poljak atacó el intervalo antes de quedarse frente a Cata Coll.
No hicieron falta quince pases.
Hizo falta reconocer el momento.
Eso explica también el uso frecuente del pase largo.
No se trataba simplemente de quitarse el balón de encima. Había una intención: saltarse varias líneas del Barcelona y convertir una recuperación defensiva en una carrera ofensiva antes de que el rival pudiera volver a presionar.
El problema es que ese mecanismo, por sí solo, tiene un techo.
El 2-2 dice incluso más que el 0-1
Hay una escena del partido que merece detenerse.
Minuto 49.
Brugts cabecea un córner de Claudia Pina y completa la remontada azulgrana.
Después de defender durante buena parte de la primera mitad, el Atlético había llegado al descanso 1-1 y recibía el 2-1 casi inmediatamente después de volver del vestuario.
Era el tipo de momento en el que otros enfrentamientos recientes contra el Barcelona habían empezado a romperse.
Esta vez no ocurrió.
Cinco minutos después, Lucía Rodríguez progresó por la derecha y consiguió poner el balón donde lo esperaba Synne Jensen.
2-2.
Esa acción habla de fútbol, pero también de comportamiento competitivo.
El Atlético no interpretó el 2-1 como el principio del final.
Volvió a atacar.
Barça y Atlético terminaron igualados en ocasiones claras pese a la enorme diferencia en volumen ofensivo
Entonces aparece la otra verdad del partido: 29-5
Hasta aquí aparece la parte más estimulante del análisis.
Ahora llega la que impide confundir crecimiento con igualdad.
El Barcelona terminó el encuentro con 29 disparos.
El Atlético, con cinco.
Once remates azulgranas encontraron portería. Solo tres rojiblancos lo hicieron.
La posesión fue del 71% para el Barcelona y del 29% para las de David González.
Y los goles esperados terminaron aproximadamente en 2,59 frente a 0,59.
Los dos últimos datos juntos explican prácticamente todo el partido.
El Atlético consiguió crear ocasiones de suficiente calidad para hacer daño.
Lo que no consiguió fue crearlas con suficiente frecuencia.
Ahí está la diferencia entre ser peligroso y controlar un encuentro.
Para defender mejor al Barça, el Atlético necesita empezar por defender menos
Puede parecer una contradicción.
No lo es.
El Atlético realizó 34 despejes y pasó largos periodos encerrado cerca de su propia área.
Eso habla bien de su capacidad de resistencia.
Pero también explica por qué terminó cediendo.
Defender un ataque del Barcelona es posible.
Defender cinco seguidos empieza a ser otra cosa.
Porque cada despeje que no se convierte en posesión propia puede transformarse inmediatamente en otra circulación de Patri, otro cambio de orientación, otra recepción de Pina o una nueva situación de uno contra uno para Graham Hansen.
El problema defensivo, por tanto, también fue un problema con balón.
Sobrevivir al Barça no consiste únicamente en despejar mejor. También consiste en conseguir que después del despeje pasen treinta segundos antes de tener que volver a defender.
Ahí queda probablemente el trabajo más difícil para David González.
Construir salidas que permitan encontrar a Fiamma por dentro.
Encontrar apoyos alrededor de Jensen para que no todas las recepciones sean duelos aislados.
Conseguir que Maite Zubieta pueda participar también para darle continuidad a la posesión y no únicamente para proteger la siguiente pérdida.
Y lograr que Luany y Poljak tengan alguna recepción con el bloque rival corriendo hacia atrás sin necesidad de que cada ataque sea una transición de cincuenta metros.
El Barça encontró una y otra vez el mismo territorio
Hay otro detalle importante.
Los tres goles que recibió el Atlético durante la segunda parte tuvieron un denominador común: el Barcelona consiguió llevar el balón al área desde fuera y atacar la acción posterior.
El 2-1 nació en un córner de Claudia Pina y terminó con Brugts rematando de cabeza.
El 3-2 volvió a llevar la firma de Pina como asistente, esta vez mediante un centro que encontró a Graham Hansen.
Y el 4-2 apareció nuevamente después de una acción de córner: el Atlético logró sobrevivir al primer remate, pero Brugts atacó el rechace.
No son tres goles idénticos.
Sí son tres avisos relacionados.
Pina y Graham obligaron al Atlético a elegir constantemente qué incendio apagar
El problema de defender al Barcelona aparece cuando la amenaza deja de estar localizada.
Si el Atlético cerraba dentro, Graham podía recibir fuera.
Si saltaba hacia banda, aparecía espacio por dentro.
Si protegía el primer palo, podía llegar alguien desde atrás.
Y si conseguía rechazar, el Barcelona tenía suficientes futbolistas alrededor del área para recuperar la segunda acción.
Graham Hansen terminó con un gol, una asistencia y seis disparos.
Claudia Pina dio dos asistencias.
Y Brugts convirtió dos de sus apariciones en gol.
Ese reparto de amenazas es precisamente lo que convierte al Barcelona en un rival tan difícil de contener durante noventa minutos.
Lola sostuvo el partido, pero ningún plan puede depender de que la portera lo sostenga siempre
Durante buena parte del encuentro, Lola Gallardo consiguió mantener al Atlético dentro del marcador.
Las guardametas rojiblancas terminaron acumulando seis paradas y el Barcelona necesitó insistir hasta el tramo final para conseguir una diferencia definitiva.
Cuando Lola tuvo que abandonar el campo lesionada en el minuto 79, Génesis Pérez entró directamente en el escenario más exigente posible.
El 4-2 llegó siete minutos después.
Pero reducir ese gol al cambio en la portería sería injusto.
El Atlético llevaba demasiado tiempo defendiendo.
Y cuando un rival como el Barça consigue instalar un partido permanentemente alrededor de tu área, cada minuto aumenta la probabilidad de que termine encontrando otra acción.
El banquillo deja otra cuestión para David González
También merece análisis la gestión del tramo final.
El Barcelona comenzó a refrescar su equipo antes.
Marta Torrejón entró en el 67. Lúa Arufe y Carolina Ferrera aparecieron alrededor del 74.
En el Atlético, el primer cambio llegó obligado por la lesión de Lola en el 79 y las primeras modificaciones de campo no aparecieron hasta los minutos 83 y 84.
La decisión se entiende.
El once que estaba en el césped había encontrado dos goles y mantenía al equipo con opciones.
Cambiar demasiado pronto podía desmontar precisamente la estructura que permitía amenazar al Barcelona.
Pero existe la otra cara.
Un equipo que está defendiendo cerca de su área durante tantos minutos acumula esfuerzos, carreras laterales, coberturas y duelos.
Encontrar el momento exacto para introducir piernas sin destruir el plan será otra de las pequeñas decisiones que separen competir durante 65 minutos de hacerlo durante 95.
Tampoco conviene esconder el contexto que favoreció al Atlético
Un buen análisis no debe quedarse únicamente con los argumentos que confirman la conclusión.
El Barcelona no llegó al encuentro con su estructura defensiva ideal.
Pere Romeu tuvo que construir una línea poco habitual, con futbolistas adaptándose a posiciones diferentes y varias ausencias en la plantilla.
Eso importa porque algunas de las mejores acciones del Atlético llegaron precisamente atacando la profundidad y los espacios a la espalda.
Por tanto, sería excesivo interpretar dos goles como la demostración definitiva de que el Atlético ya ha cerrado la distancia.
No lo ha hecho.
Sin embargo, tampoco puede ignorarse que delante seguían estando Pina, Graham Hansen, Pajor, Vicky López, Kika Nazareth y un equipo acostumbrado a convertir cualquier pérdida rival en otra oleada ofensiva.
Encontrar dos goles allí sigue teniendo valor.
Los dos grandes exámenes de la temporada empiezan a dibujar el mismo Atlético
Hay otra comparación que empieza a resultar interesante.
El Atlético ha jugado tres jornadas.
Dos de ellas han sido ante Real Madrid y Barcelona.
Es una muestra minúscula.
Pero deja una primera identidad.
Este Atlético parece tener más capacidad para hacer daño a los mejores.
Jensen está dando profundidad y gol.
Fiamma puede encontrar el último pase.
Luany amenaza espacios.
Poljak acaba de demostrar que también puede convertirlos en gol.
Pero el equipo todavía no ha conseguido transformar esa amenaza en puntos contra los dos grandes rivales.
Y el techo ofensivo todavía puede ser mayor
Hay además una circunstancia que convierte el partido en algo todavía más interesante de cara al futuro.
El Atlético consiguió marcar dos goles en Barcelona sin disponer todavía de todas sus alternativas ofensivas.
Jenni Hermoso sigue esperando su estreno competitivo desde el regreso al club y Gio no pudo participar en el Johan Cruyff.
Eso no garantiza nada.
Pero aumenta las posibilidades de David González para construir ataques diferentes.
El reto será conseguir que sumar talento no rompa aquello que ya empieza a funcionar: profundidad, velocidad después de recuperar y capacidad para atacar pocos segundos después de defender.
Lo que falta para pasar de amenazar al Barça a competirle de verdad
El partido permite reducir el siguiente paso del proyecto a cuatro cuestiones.
No es una victoria moral: es información
El Atlético no debe celebrar haber perdido 4-2.
Un proyecto que quiere volver a acercarse a los títulos necesita exigir bastante más que competir dignamente.
Pero analizar bien una derrota tampoco consiste en tratar todos los 4-2 como si fueran iguales.
Hace muy poco, el Barcelona ganaba estos enfrentamientos prácticamente sin permitir al Atlético alterar el guion.
Esta vez tuvo que remontar.
Y después de remontar, tuvo que volver a marcar porque el Atlético consiguió levantarse.
Esa diferencia es pequeña cuando se mira únicamente la clasificación.
Puede ser bastante grande cuando se intenta comprender hacia dónde está avanzando un equipo.
El Atlético encontró la forma de herir al gigante; ahora debe aprender a vivir cuando el gigante responde
El Johan Cruyff dejó dos partidos superpuestos.
En uno, el Atlético fue vertical, valiente y tremendamente eficaz.
Marcó dos goles.
Se puso por delante.
Respondió después de verse 2-1.
Encontró detrás de la última línea del Barcelona espacios que durante años apenas había podido atacar.
En el otro partido, el Barça tuvo el 71% de posesión, disparó 29 veces, lanzó once córners y obligó al Atlético a vivir demasiado cerca de su propia portería.
Los dos partidos ocurrieron a la vez.
Y precisamente por eso el 4-2 es tan útil para medir este nuevo proyecto.
La distancia sigue existiendo.
Pero ya no parece exactamente la misma.
Antes, el Atlético necesitaba descubrir cómo podía hacer daño al Barcelona.
Este sábado encontró una respuesta.
Ahora aparece la pregunta realmente difícil.
¿Cómo conseguir que esos golpes dejen de ser episodios aislados dentro de un partido controlado por el rival?
El Atlético ya puede obligar al Barça a mirar hacia su propia portería. Para acercarse de verdad, tiene que conseguir que el Barça también deje de mirar constantemente hacia la rojiblanca.
Resultado: FC Barcelona 4-2 Atlético de Madrid
Goles Atlético: Allegra Poljak y Synne Jensen
Goles Barcelona: Vicky López, Esmee Brugts (2) y Caroline Graham Hansen
Competición: Liga F Moeve · Jornada 3 · Estadi Johan Cruyff
Fundador y director de El Rincón Atlético. Cubriendo la actualidad rojiblanca desde 2014.
¿Qué necesita mejorar antes el Atlético para acercarse al Barça: controlar más el balón, defender mejor el área o gestionar mejor los tramos de dominio rival?