EL RINCÓN ATLÉTICO

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Análisis Primer equipo

El 1-3 del Sánchez-Pizjuán dejó dos goles de Baena y el estreno goleador de Lookman, pero la verdadera transformación apareció unos metros más atrás. Hjulmand, Barrios, Kang-in y Baena construyeron una estructura que permitió al Atlético controlar, acelerar y atacar sin necesitar siquiera un delantero centro.

Diego Herranz, director de El Rincón Atlético
Escrito por
Diego Herranz
Director y fundador de El Rincón Atlético
31 de agosto de 2026

Hay partidos que ofrecen tres puntos y otros que ofrecen algo bastante más valioso: una idea.

El Atlético salió del Ramón Sánchez-Pizjuán con ambas cosas.

Ganó 1-3, marcó tres veces durante una primera parte extraordinaria y consiguió superar una de las primeras pruebas importantes de la temporada sin Julián Álvarez ni Alexander Sørloth. Pero detrás del resultado apareció una estructura que puede tener consecuencias mucho más profundas para Diego Pablo Simeone.

Cuatro nombres.

Morten Hjulmand. Pablo Barrios. Kang-in Lee. Álex Baena.

EL HALLAZGO DE SEVILLA
Hjulmand sostuvo. Barrios gobernó. Kang-in aceleró. Baena decidió.

No formaron un centro del campo convencional. Tampoco un cuadrado rígido que pudiera dibujarse durante noventa minutos sobre una pizarra.

Fue algo mucho más interesante.

Hjulmand y Barrios ofrecían la base. Kang-in y Baena podían aparecer por delante, acercarse a los costados o intercambiar alturas. Y alrededor de ellos, Lookman y Giuliano convertían cada movimiento de la pelota en una posibilidad de atacar el espacio.

El gol que explica todo: 22 pases y 74 segundos

Existe una jugada que permite entender mejor que cualquier dibujo lo que ocurrió en Sevilla.

El segundo gol rojiblanco comenzó cuando el reloj marcaba aproximadamente el minuto 24:19. El balón terminó dentro de la portería de Vlachodimos 74 segundos después.

Entre ambos momentos, el Atlético completó una secuencia de 22 pases en la que participaron nueve jugadores.

No fue posesión para descansar.

Fue posesión para mover al Sevilla.

La jugada recorrió diferentes zonas del campo, regresó hacia atrás cuando no encontró espacio y volvió a acelerarse cuando apareció la ventaja. Barrios terminó recibiendo en el centro, combinó con Kang-in, rompió hacia delante y encontró a Lookman.

El nigeriano terminó la acción con un disparo al primer palo. Pero el gol había comenzado mucho antes.

EL 0-2, POR DENTRO
22
Pases
74″
De posesión
9
Jugadores
0-2
Lookman

Esa acción contiene prácticamente todas las piezas del nuevo centro del campo.

Seguridad por detrás. Paciencia para elaborar. Un jugador capaz de romper una línea mediante conducción. Otro capaz de recibir entre líneas. Y futbolistas ofensivos preparados para atacar cuando finalmente aparece el hueco.

Hjulmand: el jugador que permite que los demás se suelten

Para entender por qué funcionó el resto hay que empezar por Morten Hjulmand.

Su partido no necesitó goles ni asistencias para ser determinante.

El danés ofreció algo que Simeone llevaba tiempo buscando en esa zona: posición, cobertura y capacidad para participar en la salida sin convertirse en un freno para la circulación.

Cuando los centrales necesitaban una línea adicional, Hjulmand podía bajar. Cuando Barrios avanzaba, ocupaba el espacio que dejaba a su espalda. Cuando el Atlético perdía el balón, su primera misión era impedir que esa pérdida se transformara inmediatamente en una transición.

Y precisamente por hacer todo eso permitió que Barrios tuviera que preocuparse un poco menos por hacerlo.

La importancia de Hjulmand no está solamente en lo que hace con el balón. Está en todo lo que permite hacer a quienes juegan a su alrededor.

Barrios dejó de acompañar el juego para empezar a gobernarlo

El gran beneficiado fue Pablo Barrios.

El canterano completó 71 pases, recuperó seis balones y completó dos regates. Pero tampoco aquí las cifras terminan de contar el partido.

Lo verdaderamente importante fue dónde y cómo participó.

Barrios recibió muchas veces de cara, pero ya no estuvo obligado únicamente a dar continuidad. Cuando aparecía una línea para progresar, conducía. Cuando el Sevilla saltaba a presionarle, conseguía superar esa primera presión. Cuando encontraba espacio por delante, aceleraba.

Y cuando el Atlético necesitaba parar, también sabía hacerlo.

Ese equilibrio convierte su partido en algo especialmente importante para Simeone. Barrios no fue simplemente el centrocampista que más participó. Fue quien decidió a qué velocidad debía jugar el Atlético.

EL PARTIDO DE BARRIOS
71
Pases completados
6
Recuperaciones
2
Regates
1
Asistencia

Kang-in encontró el lugar desde el que puede hacer mucho daño

Unos metros por delante apareció el tercer vértice.

Kang-in Lee volvió a demostrar que su influencia crece cuando puede partir desde la derecha sin quedar encerrado en la banda.

Allí puede recibir abierto, atraer a un rival y conducir hacia dentro. Puede aparecer entre líneas. Puede asociarse con Barrios. Y, cuando dispone de tiempo para levantar la cabeza, tiene la calidad suficiente para romper una defensa mediante un solo pase.

El 0-1 es el mejor ejemplo.

Baena atacó el espacio y Kang-in detectó el movimiento. El pase dejó al ’10’ en disposición de encarar a Vlachodimos y el Atlético abrió el partido.

Fue su primera asistencia de la temporada, pero seguramente más importante que la estadística fue la sensación: el Atlético ha incorporado a un futbolista capaz de encontrar pases que antes costaban demasiado.

Baena es el cuarto centrocampista… hasta que deja de serlo

Y después aparece Baena.

Probablemente la pieza más difícil de definir porque precisamente ahí reside su valor.

En determinados momentos formaba parte del centro del campo. Bajaba, recibía entre líneas y ofrecía una posibilidad adicional para construir.

Unos segundos después podía ser el futbolista más adelantado del equipo.

Contra el Sevilla actuó inicialmente alrededor de la posición de falso nueve, pero su influencia apareció en prácticamente todas las alturas del ataque.

El resultado fueron dos goles.

Pero, igual que ocurre con el resto de esta estructura, reducir su partido a una estadística individual impediría entender por qué funcionó el conjunto.

CUATRO JUGADORES, CUATRO FUNCIONES
Hjulmand
Sostener, cubrir y ofrecer una primera salida.
Barrios
Mandar, conducir y romper la primera línea.
Kang-in
Recibir entre líneas y encontrar el último pase.
Baena
Moverse, llegar y convertir la creación en producción.

¿Por qué funcionó tan bien?

Porque las funciones no se pisaron.

Esa puede ser la principal conclusión de Sevilla.

Tener muchos futbolistas con calidad en el centro no garantiza dominar el centro. Incluso puede producir el efecto contrario si todos necesitan recibir en las mismas zonas.

Esta vez ocurrió lo contrario.

Hjulmand no necesitaba hacer lo de Barrios. Barrios no tenía que asumir permanentemente el último pase. Kang-in no estaba obligado a recibir siempre pegado a la línea. Baena no necesitaba esperar la pelota detrás del centrocampista rival.

Cada jugador ofrecía algo diferente.

Y sus movimientos obligaban al Sevilla a responder preguntas constantemente.

¿Saltar sobre Barrios? ¿Seguir a Baena? ¿Cerrar la recepción de Kang-in? ¿Permitir que Hjulmand avanzara sin oposición? Cada decisión liberaba otro espacio.

LA CLAVE TÁCTICA
El Atlético dejó de depender de que un solo centrocampista encontrara la ventaja. La ventaja podía aparecer en cualquier vértice del cuadrado.

Un Atlético que también quiere mandar con la pelota

El resultado de esa estructura puede medirse también de otra forma.

El Atlético terminó el encuentro con aproximadamente un 58% de posesión, incluso después de una última media hora mucho más incómoda en la que el Sevilla adelantó líneas y obligó a los rojiblancos a defender más cerca de Oblak.

Simeone destacó después del encuentro los primeros sesenta minutos de su equipo.

Y ahí aparece quizá una evolución especialmente interesante.

Durante años, el Atlético ha demostrado poder competir en múltiples registros. Pero este equipo parece estar construyendo una mayor voluntad de controlar determinados partidos mediante el balón.

Para hacerlo necesita exactamente lo que apareció en Sevilla: una estructura capaz de proteger la posesión sin convertirla en circulación estéril.

Entonces, ¿es este el centro del campo titular?

Ahí empieza el debate de verdad.

Porque lo sucedido en Sevilla fue demasiado bueno como para considerarlo únicamente una solución de emergencia.

Hjulmand y Barrios parecen especialmente complementarios. Kang-in ha empezado a encontrar desde la derecha una posición que potencia su pierna izquierda y su capacidad para combinar. Y Baena atraviesa posiblemente el mejor momento desde que llegó al Atlético.

Sobre el papel, existen argumentos suficientes para repetir.

Pero eso no significa que Simeone haya encontrado un once inamovible.

Koke seguirá teniendo un papel importante. Johnny Cardoso añade características distintas. El rival condicionará los partidos. Y el regreso de Julián Álvarez y Sørloth obligará a recolocar piezas en ataque.

La pregunta, por tanto, quizá no sea si los cuatro deben jugar siempre juntos. La pregunta es otra: si la estructura que construyeron debe convertirse en el punto de partida del Atlético.

EL DEBATE PARA SIMEONE
Julián puede volver. Sørloth también. Koke y Cardoso reclamarán minutos.

Pero después de Sevilla hay algo que Simeone debería intentar conservar: la relación entre Hjulmand, Barrios, Kang-in y Baena.

Lo más interesante puede llegar cuando vuelva Julián

La actuación de Sevilla nació, paradójicamente, de una ausencia.

Sin un delantero centro disponible, Simeone tuvo que repartir las funciones ofensivas y aumentar la movilidad.

Pero recuperar un nueve no tiene por qué destruir aquello.

Puede incluso mejorarlo.

Un delantero capaz de fijar centrales puede abrir todavía más espacios para las recepciones de Baena y Kang-in. Puede ofrecer una referencia para los pases de Barrios. Puede convertir las recuperaciones de Hjulmand en ataques más directos.

Es decir: el Atlético no tiene necesariamente que elegir entre tener un nueve y conservar el fútbol que encontró en Sevilla.

Sevilla puede haber dejado algo más importante que tres puntos

Tres jornadas son demasiado poco para proclamar soluciones definitivas.

También sería absurdo ignorar las señales cuando aparecen.

Y durante aproximadamente una hora, en uno de los campos históricamente incómodos para el Atlético, apareció una especialmente potente.

Hjulmand ofreció equilibrio.

Barrios puso el ritmo.

Kang-in encontró los espacios.

Baena los convirtió en peligro.

Y alrededor de ellos el Atlético consiguió algo que durante demasiadas tardes le ha resultado mucho más difícil: mover al rival antes de intentar romperlo.

EL NUEVO MOTOR
Simeone salió a Sevilla buscando una solución para jugar sin delanteros.
Puede haber regresado a Madrid con algo mucho más importante: un centro del campo sobre el que construir el equipo.

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Diego Herranz
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EL DEBATE DEL RINCÓN

¿Debe ser Hjulmand-Barrios-Kang-in-Baena la estructura titular del nuevo Atlético?

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