Afición · Historias rojiblancas
Se perdieron un eclipse para regalarle a Brihuega una noche que ya pertenece al Atleti
La Peña Atlética Brihuega Rojiblanca tuvo que esperar casi veinte años para poder nacer. Poco más de dos temporadas después reúne a unas 160 personas y ha convertido el pregón de las fiestas en una declaración de amor a sus dos grandes pasiones: el Atlético y sus raíces.
Escrito por Diego Herranz
Director de El Rincón Atlético · 26 de agosto de 2026
Primero, Brihuega miró al cielo. Después, toda la Plaza del Coso levantó la vista hacia el balcón del Ayuntamiento.
Mientras el eclipse del 12 de agosto concentraba la atención de buena parte del municipio, un grupo de atléticos tenía la mirada puesta en otro lugar. Había una pancarta que desplegar sin que nadie la viera, unas bengalas que coordinar y una sorpresa que debía permanecer oculta hasta el último momento.
Los integrantes de la Peña Atlética Brihuega Rojiblanca se perdieron el fenómeno que todos estaban contemplando. Lo hicieron porque aquella misma noche les correspondía abrir las fiestas de su pueblo y no estaban dispuestos a ofrecer un pregón cualquiera.
A las diez, desde el balcón del Ayuntamiento, Brihuega descubrió lo que habían preparado: un tifo rojiblanco, bengalas iluminando la plaza y un lema capaz de reunir en cuatro palabras toda la historia de la peña.
La frase de aquella noche
«Nosotros nos lo perdimos, pero tan histórico iba a ser el eclipse como nuestro pregón».
Sobre la pancarta podía leerse: «De padres a hijos».
No era solamente una referencia al Atlético. También hablaba de Brihuega, de las raíces, de la tradición y de una pasión que había necesitado casi dos décadas para encontrar finalmente un lugar desde el que hacerse visible.
Casi 20 años
esperó la idea antes de poder convertirse en una peña
160
peñistas de distintas edades forman actualmente el colectivo
2024
año de la inauguración oficial de Brihuega Rojiblanca
Una idea que tuvo que esperar casi veinte años
La historia no comienza en el balcón del Ayuntamiento. Ni siquiera empieza hace dos años. Hay que regresar casi dos décadas, cuando un primer grupo intentó fundar una peña atlética en Brihuega y las circunstancias impidieron que aquel proyecto pudiera salir adelante.
La peña no nació entonces, pero la idea tampoco murió.
Permaneció como un rumor recurrente, como una conversación que regresaba cada cierto tiempo entre aficionados del pueblo. Ese runrún terminó llegando a una nueva generación de atléticos que ya se reunía para ir al Metropolitano y ver juntos los partidos.
Comprendieron que podían convertir aquellas quedadas en algo más grande: un espacio capaz de reunir a los atléticos de Brihuega, llegar a los niños, recuperar a los mayores y permitir que el sentimiento rojiblanco se viviera en comunidad durante todo el año.
Para conseguirlo buscaron también a quienes habían impulsado aquel primer intento. La nueva peña no quería comenzar borrando el pasado, sino rescatándolo.
La primera victoria de Brihuega Rojiblanca no se produjo en un estadio. Fue conseguir que una idea que había esperado durante casi veinte años pudiera existir por fin.
Después llegó la parte menos romántica: el papeleo, la burocracia, la necesidad de darse a conocer y todas esas obligaciones invisibles que acompañan al nacimiento de cualquier asociación.
Sin embargo, cuando el proyecto estuvo preparado, la respuesta de Brihuega fue inmediata.
Casi cien el primer día; alrededor de 160 dos años después
La inauguración oficial tuvo lugar el 1 de marzo de 2024. Aquel mismo día la peña ya rozaba el centenar de integrantes, una cifra que confirmaba que el proyecto no pertenecía únicamente al pequeño grupo que había realizado las gestiones.
Brihuega había hecho suya la idea.
Actualmente son alrededor de 160 peñistas de todas las edades. La dimensión adquiere todavía más valor al situarla en un municipio que cuenta con 2.826 habitantes según el último dato oficial disponible del Instituto Nacional de Estadística.
No se trata únicamente de crecer en número. El objetivo original era conseguir que niños, jóvenes, padres y mayores pudieran vivir el Atlético juntos. La composición actual de la peña demuestra que esa mezcla generacional no se quedó en una declaración de intenciones.
El Atlético que se aprende cuando eres el único en clase
Cuando se les pregunta por qué eligieron al Atlético, en Brihuega Rojiblanca no intentan construir una explicación perfecta.
«Eso nos gustaría entender muchas veces: por qué del Atleti. Suponemos que es algo que no elegimos, que nos viene de padres a hijos».
Muchos de ellos crecieron siendo el único niño de la clase que llevaba una camiseta rojiblanca. Mientras otras aficiones se explicaban desde la mayoría, la suya se construyó desde la diferencia.
Eso obliga a defender los colores antes incluso de comprenderlos por completo. También crea una forma particular de pertenencia: más íntima, más irracional y difícil de abandonar cuando llegan los resultados adversos.
Por eso «De padres a hijos» no fue un lema escogido únicamente por su relación con el Atlético. Era una manera de contar sus propias biografías.
El Duende, el vermut y una nevera rumbo al Metropolitano
Desde la peña aseguran que no poseen demasiadas tradiciones para los partidos. Después empiezan a enumerarlas y aparece toda una liturgia.
Cuando el Atlético juega fuera, la referencia es El Duende, un bar del pueblo en el que se sienten como en casa. Allí se comparten los nervios, los goles, las protestas y esos minutos finales que el aficionado rojiblanco nunca termina de vivir con tranquilidad.
Cuando hay partido en el Metropolitano y consiguen organizar un autobús, el encuentro comienza muchas horas antes. Primero llega el vermut. Después, la comida. También se prepara una nevera para garantizar, como explican con humor, que durante el viaje «no falte la hidratación».
El grupo procura llegar pronto al estadio, detenerse en El Brindis y disfrutar del ambiente previo. Porque para una peña el Atlético no dura únicamente noventa minutos.
Mucho antes del saque inicial
Un partido comienza cuando alguien pregunta quién se apunta al autobús, continúa alrededor de una mesa y termina mucho después de regresar a Brihuega.
Esa manera de entender el fútbol explica por qué la peña ha crecido tan deprisa. El Atlético proporciona el punto de encuentro, pero lo que termina construyéndose alrededor son vínculos personales.
El alcalde les hizo una propuesta que no esperaban
El reconocimiento definitivo llegó cuando el alcalde de Brihuega les comunicó que había pensado en la peña para abrir las fiestas del pueblo.
La respuesta fue inmediata.
No podían rechazar una oportunidad que reunía las dos identidades que más les representan. «Somos tanto del Atleti como de Brihuega», explican.
Tampoco querían limitarse a subir al balcón y leer un texto institucional. Si iban a hablar de sus colores, sus raíces y el sentimiento de pertenencia, debían encontrar una forma de hacerlo reconocible.
Muy al estilo del Atlético.
Así apareció la idea del tifo. Después llegó la pancarta con el lema «De padres a hijos». Y, como ellos mismos razonaron, si debía parecer una gran noche rojiblanca, no podía faltar el resplandor de las bengalas.
El objetivo no era convertir la plaza en un estadio. Era utilizar un lenguaje que conocían para contar algo que también podía entender quien no fuera del Atlético: que un pueblo y un club se mantienen vivos cuando una generación decide entregar su historia a la siguiente.
El eclipse fue su mejor cómplice
Llevaban nerviosos desde que aceptaron la propuesta. La tensión aumentó durante la semana anterior y alcanzó su punto máximo aquella misma tarde.
De manera inesperada, el eclipse terminó ayudándoles. Mientras prácticamente todo el pueblo estaba pendiente del cielo, ellos pudieron preparar la plaza con mayor tranquilidad y conservar el efecto sorpresa.
Una vez situados en el balcón del Ayuntamiento, regresaron los nervios. Abajo debía coordinarse el despliegue de la pancarta y el encendido de las bengalas. Arriba, cada frase tenía que salir como la habían imaginado.
Todo empezó a cambiar en cuanto comenzaron a leer. La plaza respondió, la gente entró en la historia y el miedo a que algo fallara se transformó en emoción.
«Los nervios se convirtieron en emoción y alegría. La verdad es que fuimos muy felices aquel día».
Cuando la peña dejó de representar solamente a los atléticos
Que una peña de fútbol termine protagonizando uno de los actos principales de las fiestas dice mucho más de su relación con Brihuega que cualquier cifra de socios.
El colectivo intenta estar presente durante todo el año. Organiza un Día de la Peña Atlética con música en directo y actividades a las que acuden vecinos independientemente de que sean del Atlético o de que les interese el fútbol.
Ahí se encuentra probablemente su mayor éxito.
Brihuega Rojiblanca nació para reunir a los atléticos del municipio, pero ha terminado encontrando una función más amplia. Se ha incorporado a la vida colectiva de un lugar en el que los vecinos se conocen y las asociaciones siguen teniendo capacidad para crear comunidad.
No es una realidad aislada. El sentimiento rojiblanco ha demostrado muchas veces que puede construir vínculos más allá de un resultado, como también ocurre en la historia de los equipos hermanos de nuestro Atleti .
Lo importante de aquella noche no fue que todos los presentes compartieran los colores. Fue que incluso quienes no los compartían entendieron lo que significaban para sus vecinos.
De padres a hijos, pero también de vecinos a vecinos
En apenas dos años, la Peña Atlética Brihuega Rojiblanca ha recorrido un camino que comenzó mucho antes de su fundación.
Ha pasado de ser una idea frustrada a reunir a unas 160 personas. De aquellos niños que llevaban prácticamente solos la camiseta del Atlético en clase a los autobuses que salen juntos hacia el Metropolitano. De los partidos compartidos en El Duende a ocupar el balcón del Ayuntamiento.
Y de ser una peña del pueblo a convertirse, durante una noche, en la voz del pueblo.
El tifo decía «De padres a hijos», pero aquella plaza amplió el significado. También hablaba de vecinos, de generaciones y de personas capaces de mantener una historia hasta que alguien encuentra la manera de continuarla.
Quizá por eso resulte tan apropiado que aquella tarde se perdieran el eclipse. Mientras el resto miraba un acontecimiento excepcional en el cielo, ellos estaban demostrando que algunas cosas importantes también ocurren a ras de suelo.
El Atlético no jugó ningún partido aquella noche. No hubo puntos ni títulos. Pero Brihuega se vistió de rojiblanco y una peña consiguió que su historia pudiera leerse también como la historia de todo un pueblo.
Lo que quedó después del pregón
Un equipo puede heredarse. Una peña debe construirse. Y una comunidad se conquista cuando incluso quien no comparte tus colores entiende por qué los amas.
El debate del Rincón
¿Qué historia guarda tu peña y qué representa para tu barrio o tu pueblo? Cuéntanosla en los comentarios.
Este reportaje se ha elaborado a partir del testimonio escrito facilitado a El Rincón Atlético por la Peña Atlética Brihuega Rojiblanca. El dato de población corresponde a la cifra oficial del INE disponible para el municipio.
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Sobre el autor
Diego Herranz
Fundador y director de El Rincón Atlético. La actualidad rojiblanca contada más allá del resultado.
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