El filial cierra la pretemporada sin victorias, con tres goles a favor y diez en contra. No es una crisis, pero el debut ante el Juventud Torremolinos medirá si las pruebas sirvieron para reconstruir un equipo que perdió a su gran referencia.
Hay pretemporadas que sirven para confirmar una idea. Y hay otras que aparecen para avisar de que todavía queda bastante por construir. La del Atlético Madrileño de Fernando Torres pertenece claramente a la segunda categoría.
Cinco partidos. Ninguna victoria. Un empate. Cuatro derrotas. Tres goles marcados y diez encajados. Si uno se limita a mirar la estadística, el diagnóstico parece inmediato: algo no funciona.
Pero convertir esos números directamente en una crisis sería demasiado sencillo. El Madrileño no llega al estreno liguero como un equipo roto. Llega como un equipo que todavía está intentando descubrir quién quiere ser después de perder piezas importantes, repartir oportunidades y mezclar futbolistas de diferentes edades y recorridos.
Eso cambia la lectura, pero no elimina la preocupación. Porque una mala pretemporada puede disculparse. Lo que ya no podría justificarse sería llegar a la competición sin haber entendido ninguno de los mensajes que dejaron esas derrotas.
Los números no mienten, pero tampoco explican por sí solos lo ocurrido
El Madrileño abrió su preparación perdiendo por 2-0 ante la Gimnástica Segoviana. Después llegaron dos derrotas consecutivas por 1-2 frente al Mirandés y el Zamora, un empate a uno ante el Lion City Sailors y el 3-0 final frente al Extremadura.
Son cifras que obligan a reaccionar, especialmente en las dos áreas. Sin embargo, las alineaciones también revelan otra realidad: Torres cambió continuamente de piezas, dio minutos a numerosos jóvenes y nunca presentó una estructura verdaderamente definitiva. La preparación fue también un laboratorio. Ahora debe demostrar que encontró respuestas dentro de él.
El Madrileño viene de hacer algo mucho más difícil que una buena pretemporada
Para comprender este verano hay que recordar de dónde viene el equipo. El Atlético Madrileño terminó la pasada temporada tercero del Grupo 2 de Primera Federación con 67 puntos, a solo dos del Eldense, que consiguió el ascenso directo.
El equipo de Fernando Torres disputó el playoff, compitió hasta junio y consiguió mantenerse durante prácticamente todo el curso en la zona alta de una categoría especialmente exigente para un filial.
Pero su éxito no se limitó a la clasificación. También consiguió que varios de sus futbolistas se acercaran al primer equipo, recibieran oportunidades con Simeone o despertaran el interés de clubes de categorías superiores. Y esa es precisamente la paradoja de cualquier gran temporada de cantera: cuando por fin consigues construir un equipo excelente, su propio rendimiento empieza a desmontarlo.
Arnau Ortiz deja mucho más que una vacante en el once
La ausencia que condiciona toda la reconstrucción es la de Arnau Ortiz. El extremo cerró la pasada temporada con 23 goles y seis asistencias en 38 partidos, terminó como máximo goleador de la Primera Federación y fue promocionado definitivamente a la primera plantilla.
No se trata simplemente de colocar a otro futbolista en su posición. Torres ha perdido a un jugador que resolvía partidos, castigaba cualquier error del rival y permitía al equipo competir incluso cuando su juego no era brillante.
Veintitrés goles no se reemplazan con un nombre. Se sustituyen repartiendo responsabilidades, generando más ocasiones y consiguiendo que varios futbolistas den un paso adelante al mismo tiempo.
El problema de un filial es que nunca termina de ser el mismo equipo
Un equipo convencional empieza la pretemporada sabiendo aproximadamente quiénes serán sus referencias. Un filial no disfruta de esa estabilidad. Puede comenzar el verano con un futbolista fundamental y perderlo por una llamada del primer equipo, una cesión o un traspaso.
También puede recibir a un juvenil que acelera etapas, incorporar un fichaje cuando la preparación ya ha comenzado o cambiar su estructura porque uno de sus mejores jugadores pasa a trabajar habitualmente con Simeone.
Torres ha utilizado los amistosos para probar futbolistas, mezclar generaciones y comprobar quién está preparado para asumir una responsabilidad mayor. Las alineaciones cambiaron profundamente de un encuentro a otro y el equipo nunca tuvo una continuidad comparable a la que necesitará durante la Liga.
Ese contexto explica una parte de los resultados. Pero no puede convertirse en una coartada permanente. La misión del entrenador consiste precisamente en conseguir que todas esas piezas variables terminen pareciendo un equipo.
Diez goles encajados ya no pueden esconderse detrás de la palabra «pretemporada»
El primer problema está en la defensa. El Madrileño ha recibido diez goles en cinco partidos: una media exacta de dos por encuentro. La cifra no permite señalar una causa única, especialmente después de tantas rotaciones, pero sí demuestra que el equipo todavía no ha encontrado seguridad.
Un filial joven va a cometer errores. Forma parte del proceso. Lo que no puede permitir es que esos errores se conviertan en una costumbre capaz de condicionar cada partido.
El Madrileño de la pasada temporada obligaba al rival a trabajar para marcarle. El nuevo equipo necesita recuperar esa sensación: distancias más cortas, mayor protección después de perder el balón y una estructura que no exponga constantemente a los defensores.
Tres goles son demasiado pocos para un equipo que quiere volver a competir arriba
La segunda señal aparece en el área contraria. Miguel Gil, Álvaro Santos y Joel han sido los únicos goleadores rojiblancos de la preparación. Tres tantos en cinco encuentros resultan insuficientes para un equipo que pretende volver a instalarse en la parte alta.
El problema no recae exclusivamente sobre el delantero centro. El Madrileño debe conseguir que los extremos ataquen el área, que los centrocampistas lleguen desde segunda línea y que el volumen ofensivo no dependa de una única referencia.
La incorporación de Marc Domènech puede cambiar el escenario. El delantero llega cedido por el Mallorca después de disputar 19 encuentros con su primer equipo y ocho partidos en Segunda División durante su cesión en el Ceuta. Aporta una referencia específica para el área, pero tampoco puede cargar él solo con todo el gol perdido.
Los futbolistas que deben cambiar el escenario
El Madrileño conserva talento suficiente para corregir la tendencia. Sin embargo, varios jugadores tendrán que asumir un papel más importante que el de la pasada temporada.
Tiene capacidad para ofrecerse, conectar líneas y dar sentido a la posesión. El reto ya no es únicamente jugar bien: debe conseguir que el equipo juegue mejor cuando él aparece.
El extremo ya sabe lo que significa marcar con el primer equipo. Su desborde debe transformarse ahora en goles, asistencias y una amenaza constante cerca del área.
Ha vivido ya el salto y también ha marcado con el primer equipo. Cuando esté disponible para Torres, debe trasladar esa capacidad al barro cotidiano de Primera Federación.
No es una incorporación nueva, sino uno de los futbolistas llamados a ejercer mayor liderazgo. La defensa necesita que su experiencia se convierta en orden y autoridad.
Su llegada ofrece a Torres un delantero centro reconocible, con experiencia profesional y capacidad para fijar centrales. Puede modificar el reparto ofensivo desde el primer día.
El nuevo centrocampista amplía las alternativas de Torres en una zona decisiva. Su adaptación puede ayudar al equipo a controlar mejor los partidos y protegerse tras pérdida.
El once todavía no está cerrado, y esa es parte de la noticia
Después de cinco partidos con numerosas rotaciones, presentar una alineación como definitiva sería fabricar una certeza que todavía no existe. Además, la disponibilidad de varios jugadores continuará dependiendo de las necesidades del primer equipo.
Más importante que acertar once nombres es descubrir las decisiones de Torres: quién dirigirá la defensa, qué centrocampistas ofrecerán equilibrio, dónde jugará Iker Luque y qué delantero asumirá la responsabilidad principal del gol.
El Juventud Torremolinos cambiará el valor de todo lo anterior
El Atlético Madrileño comenzará la temporada recibiendo al Juventud Torremolinos en el Centro Deportivo Alcalá de Henares. Ese será el primer partido en el que el resultado ya no podrá interpretarse como una simple prueba.
Si el equipo gana, las cuatro derrotas del verano pasarán rápidamente al cajón de las anécdotas. Si vuelve a sufrir en las dos áreas, las cifras de la pretemporada dejarán de parecer un accidente y empezarán a convertirse en un antecedente.
Aun así, el marcador no será el único indicador. El estreno debe permitir comprobar si el Madrileño defiende más junto, si consigue generar ocasiones con continuidad y si las nuevas responsabilidades ya tienen dueño.
Torres afronta el reto más interesante desde que llegó al Madrileño
La pasada temporada, Fernando Torres demostró que podía construir un equipo competitivo. Ahora debe demostrar algo diferente: que también sabe reconstruirlo después de que el éxito se lleve una parte de lo que había levantado.
Ya conoce la categoría, su exigencia y el precio que se paga por cada error. También dispone de futbolistas con talento, jóvenes que empujan desde abajo y nuevas incorporaciones que amplían sus alternativas.
Por eso las cuatro derrotas no representan todavía una sentencia. Representan una alerta. Y las alertas pueden ser extraordinariamente útiles cuando aparecen antes del incendio.
Cinco partidos no definen una temporada. Pero sí pueden revelar los problemas que terminarán definiéndola si nadie los corrige. El Madrileño llega al debut con dos especialmente claros: necesita recuperar seguridad defensiva y encontrar una nueva forma de producir gol.
Ahora ya no importa demasiado cómo terminó la preparación. Importa qué hará Torres con todo lo que la preparación le enseñó.
¿Qué debería priorizar Fernando Torres en el debut?
¿Un equipo más conservador para recuperar seguridad o una apuesta ofensiva que ataque el problema del gol desde la primera jornada? Te leemos en los comentarios.
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Redactor de El Rincón Atlético especializado en el Atlético Madrileño, la Academia y el seguimiento de la cantera rojiblanca.
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