El Málaga ya sabe dónde puede empezar a cambiar el partido: si consigue sobrevivir al asedio inicial del Atlético. Sin Julián Álvarez ni Sørloth, Simeone estrenará un ataque diferente ante un escenario conocido: llevar la iniciativa, encontrar espacios cada vez más pequeños y evitar que los minutos conviertan el dominio en ansiedad.
Juanfran Funes parece tener bastante claro cuál será el primer partido que tendrá que jugar el Málaga en el Metropolitano.
No durará noventa minutos.
Durará veinte.
El entrenador del conjunto andaluz espera una salida especialmente agresiva del Atlético, impulsada por el estreno de la temporada, el Metropolitano y la presión de un equipo que quiere empezar mandando desde el primer día. Presión alta, entradas al área y velocidad para intentar llevar el encuentro inmediatamente hacia la portería visitante.
Su diagnóstico es interesante porque descubre también el primer gran examen para el nuevo Atlético de Simeone.
Porque si el Atlético consigue convertir ese impulso inicial en el 1-0, el partido puede abrirse. El Málaga tendrá que adelantar metros, asumir más riesgos y conceder espacios que Lookman, Arnau o cualquiera de los atacantes rojiblancos agradecerán.
Pero si pasan veinte minutos, después treinta y finalmente el descanso empieza a acercarse con el marcador cerrado, entonces aparecerá el partido verdaderamente interesante.
El problema nunca fue tener el balón: era saber qué hacer cuando el rival te lo entregaba
Durante los últimos años el Atlético ha vivido partidos en los que dominar territorialmente no equivalía necesariamente a dominar de verdad.
Tener al rival cerca de su área puede parecer una ventaja. Y lo es. Pero también plantea una exigencia concreta: cada ataque necesita precisión, movilidad y paciencia porque hay menos metros disponibles, menos espacios a la espalda y más futbolistas acumulados alrededor del balón.
Ahí es donde algunos partidos pueden empezar a deformarse.
El lateral recibe. Devuelve atrás. El central cambia de orientación. La pelota vuelve al otro costado. El rival se desplaza, pero no se rompe. Aparece un centro forzado. Se pierde. Y hay que empezar otra vez.
El nuevo Atlético necesita que esa secuencia dure menos.
Hace un año el Atlético descubrió demasiado pronto cuánto cuesta regalar agosto
El precedente inmediato invita a tomarse el estreno con bastante más seriedad de la que puede sugerir enfrentarse en casa a un recién ascendido.
El Atlético comenzó la pasada Liga perdiendo 2-1 frente al Espanyol y empatando después contra Elche y Alavés.
Dos puntos de nueve.
Con una circunstancia especialmente incómoda: se había adelantado en los tres partidos.
El contexto de esta temporada es diferente, pero la lección permanece.
Una Liga no se pierde necesariamente en agosto. Pero empezar persiguiendo puntos obliga después a recuperar durante meses aquello que se dejó escapar cuando la clasificación todavía parecía no importar.
Y Simeone tendrá que resolverlo sin los dos delanteros que parecían más evidentes
La primera prueba llega además en unas condiciones ofensivas que nadie habría elegido unas semanas atrás.
Sørloth está lesionado.
Y Julián Álvarez tampoco participará.
Simeone ha explicado que el argentino necesita algunos entrenamientos más después de reincorporarse el 10 de agosto y quiere acercarle a su mejor estado para el encuentro del domingo frente al Villarreal.
Eso cambia bastante la naturaleza del examen: el Atlético tendrá que demostrar su nueva profundidad precisamente cuando le faltan las dos referencias ofensivas más naturales para un encuentro así.
Los tres han aparecido juntos en la última prueba ofensiva del técnico.
Y posiblemente esa circunstancia revele una de las respuestas que busca Simeone: si no dispone de un delantero fijo alrededor del que ordenar todo el ataque, puede construir un frente en el que resulte más difícil saber quién ocupa realmente cada posición.
Lookman y Arnau pueden romper el partido si consiguen que nadie sepa a quién seguir
Aquí aparece una de las principales diferencias respecto a un ataque más rígido.
Lookman puede iniciar una jugada abierto y terminarla como el futbolista más cercano a portería. Arnau puede hacer exactamente el recorrido contrario: aparecer por dentro, salir hacia un costado y volver a atacar el área cuando la defensa mira hacia otro lado.
Simeone ha ensayado durante la pretemporada la definición de Lookman porque su velocidad le permite alcanzar situaciones muy ventajosas delante del portero. Arnau, por su parte, ha aprovechado casi todas las oportunidades del verano para demostrar que puede producir en los últimos metros.
Contra una defensa organizada, el valor de ambos puede estar precisamente ahí: no atacar siempre desde el mismo punto ni obligar al Atlético a encontrar todas sus ocasiones mediante pases interiores imposibles.
Pero el partido puede decidirse mucho antes de llegar al último pase
Abrir una defensa no depende solamente de los delanteros.
Depende de la velocidad con la que el balón llegue hasta ellos.
Ahí el centro del campo tendrá una responsabilidad enorme. Si cada posesión necesita demasiados pases antes de alcanzar una zona de peligro, el Málaga tendrá tiempo para bascular, ordenar sus distancias y volver a colocar futbolistas detrás de la pelota.
Koke puede acelerar mediante cambios de orientación y pases que eviten una línea de presión. Barrios ofrece una herramienta diferente: conducir para obligar a un rival a abandonar su posición.
La diferencia parece pequeña, pero es enorme. Un bloque organizado no suele romperse porque alguien pase mejor hacia el mismo sitio, sino porque algún futbolista obliga a un defensor a salir del lugar donde quería permanecer.
Grimaldo añade una respuesta que el Atlético no tenía de esta manera
Alejandro Grimaldo puede resultar especialmente útil en esa búsqueda.
No únicamente porque pueda mantener la amplitud desde la izquierda, sino porque su comportamiento permite modificar dónde se produce esa amplitud. Puede vivir pegado a la banda, aparecer por dentro o alcanzar posiciones mucho más adelantadas dependiendo de dónde estén sus compañeros.
Y cada movimiento obliga al rival a responder a una pregunta: ¿sale alguien a buscarle o se mantiene la línea?
Y cuidado con reducir al Málaga a un equipo que únicamente vendrá a defender
Esa sería otra lectura demasiado cómoda.
El equipo de Funes ha mostrado durante la preparación capacidad ofensiva y llegó a marcar diez goles en sus primeros cuatro amistosos de pretemporada. Su entrenador, además, no ha hablado de acudir al Metropolitano simplemente para resistir: ha reclamado personalidad a sus jugadores incluso en el escenario más exigente.
Eso introduce otra amenaza para el Atlético.
Atacar mucho no puede significar defender mal.
Ese mecanismo puede acabar siendo una de las principales diferencias entre dominar durante diez minutos y dominar durante una hora.
Si después de cada pérdida el Málaga consigue salir, respirar durante treinta segundos y obligar al Atlético a retroceder hasta su propio campo, el asedio se rompe.
Si el equipo de Simeone recupera en cinco o seis segundos, la siguiente posesión empieza con el rival todavía desordenado. Y ese puede ser el momento en el que aparezca el hueco que no existía durante el ataque anterior.
En realidad, el Atlético puede tener que ganar tres partidos diferentes
Esta vez el banquillo también forma parte de la respuesta
Uno de los cambios más relevantes de la nueva plantilla está precisamente ahí.
El Atlético puede comenzar el partido con una estructura y terminarlo con otra completamente distinta sin necesidad de sustituir talento por piernas.
Futbolistas como Kang-in Lee o Álex Baena ofrecen distintas maneras de relacionarse con un bloque que empieza a fatigarse. Hjulmand puede modificar el centro del campo si el partido necesita más capacidad para recuperar arriba y volver a jugar rápido.
La ausencia de Julián y Sørloth reduce las alternativas específicamente de delantero, pero no elimina la posibilidad de cambiar cómo ataca el equipo.
Los veinte minutos que Funes quiere sobrevivir pueden decidir mucho más que veinte minutos
El entrenador del Málaga ha puesto una cifra al primer desafío.
Veinte minutos.
Para el conjunto andaluz, superarlos sin daños supondría quitar parte de la energía inicial al estadio, ganar confianza y empezar a demostrar que puede competir en el nuevo escenario de Primera.
Para el Atlético sucede exactamente lo contrario.
Marcar pronto no significa únicamente conseguir ventaja. Significa obligar al Málaga a abandonar antes el partido que puede resultarle más cómodo.
Ahí aparece la verdadera diferencia entre presión y ansiedad.
Presionar es recuperar más arriba.
Acelerar es encontrar antes al hombre libre.
La ansiedad es otra cosa: precipitar el último pase, centrar cuando todavía no existe ventaja o convertir cada posesión a partir del minuto 70 en una obligación de terminar inmediatamente.
Y ese es probablemente uno de los cambios que más interesa observar mañana.
El nuevo Atlético no necesita ganar 4-0 para demostrar que ha aprendido
La primera conclusión de la temporada no debería depender únicamente del número de goles.
Hay señales más interesantes.
Cuántas veces consigue recibir Lookman encarando.
Cuánto daño genera Arnau sin necesitar estar constantemente en contacto con el balón.
Si Grimaldo permite modificar las alturas del costado izquierdo.
Si Barrios consigue romper alguna línea en conducción.
Cuánto tarda el Atlético en recuperar después de perder.
Y, sobre todo, qué hace el equipo si llega el minuto 60 y el marcador continúa siendo incómodo.
Porque el Málaga puede ser pequeño en el cartel y enorme en el diagnóstico
En agosto ningún partido ofrece respuestas definitivas.
Mucho menos un estreno de una plantilla que Simeone reconoce todavía en pleno proceso de ajuste después de las incorporaciones escalonadas de los internacionales.
Pero algunos partidos sí permiten detectar rápidamente problemas conocidos.
El Málaga puede hacerlo.
No porque sea el rival más fuerte al que encontrará el Atlético esta temporada, sino precisamente porque puede obligarle a asumir durante muchos minutos el papel que tendrá que desempeñar una y otra vez si realmente quiere competir por LaLiga.

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