Fernando Torres afronta uno de los grandes dilemas de cualquier entrenador de un filial: construir un equipo capaz de competir arriba mientras sus mejores futbolistas pueden dejar de estar disponibles precisamente porque han convencido a Simeone.
Fernando Torres prepara una temporada en Primera Federación sin saber todavía hasta qué punto podrá contar con todas las piezas que hoy forman parte de su proyecto.
Y existe una paradoja detrás de esa incertidumbre: cuanto mejor funcione la cantera del Atlético de Madrid, más difícil puede resultar construir un Atlético Madrileño estable.
Hay problemas que aparecen cuando las cosas salen mal.
Este aparece precisamente cuando salen bien.
Simeone ha utilizado la pretemporada para mirar constantemente hacia la Academia. Jóvenes que inicialmente parecían llamados a desarrollarse lejos de los focos del primer equipo han aprovechado las ausencias, los amistosos y los entrenamientos para intentar demostrar que quizá están preparados para acelerar etapas.
El premio por hacerlo bien puede ser perder a tus mejores jugadores
La lógica de un filial parece sencilla.
Si un futbolista destaca, gana protagonismo.
Si sigue creciendo, empieza a llamar la atención del primer equipo.
Y si convence definitivamente a Simeone, llega un momento en el que deja de necesitar al Atlético Madrileño.
Para el club es una magnífica noticia. Para Fernando Torres supone volver a reorganizar el puzle.
Arnau Ortiz marcó 23 goles la pasada temporada con el Madrileño. Ahora su futuro ya no pasa simplemente por volver al filial: intenta convencer a Simeone para quedarse definitivamente arriba.
Arnau representa perfectamente hasta qué punto puede cambiar la situación de un futbolista en cuestión de meses.
Fue una de las grandes referencias ofensivas del equipo de Torres y terminó la pasada Primera Federación como máximo goleador con 23 tantos. Aquello que convirtió al Madrileño en un equipo más peligroso es precisamente lo que ahora puede alejarle de él.
Su pretemporada con Simeone ha vuelto a elevar su candidatura. Ha marcado, ha competido y ha demostrado que puede ofrecer soluciones en distintas posiciones del frente ofensivo.
Por edad, además, su escenario ya no consiste en alternar cómodamente entre ambos equipos. La decisión está mucho más cerca de ser definitiva: primer equipo o un nuevo destino en el que pueda seguir creciendo.
El verdadero problema no es perder talento: es perder continuidad
Y aquí está probablemente el aspecto más complicado del trabajo de Torres.
Un entrenador puede sustituir a un futbolista.
Lo difícil es sustituir continuamente las relaciones que ese futbolista había construido dentro del equipo.
Una presión coordinada necesita repetición. Una salida de balón necesita mecanismos. Una pareja de centrales necesita conocerse. Un lateral tiene que comprender cuándo su extremo va a ocupar zonas interiores. Un delantero necesita saber dónde aparecerá el mediapunta cuando recibe de espaldas.
Torres puede trabajar durante semanas en todas esas asociaciones y descubrir después que uno de los futbolistas alrededor de los que estaban construidas ya está entrenándose permanentemente con Simeone.
Jorge Domínguez demuestra que las etapas pueden desaparecer muy rápido
Si Arnau representa el final de un proceso formativo, Jorge Domínguez representa exactamente lo contrario.
Tiene apenas 16 años y ya ha conseguido convertirse en uno de los nombres propios de la pretemporada del primer equipo.
Su rendimiento ha llevado a Simeone a concederle minutos importantes y a hablar públicamente de él como un futbolista que, si mantiene esa evolución, puede convertirse en una pieza importante para el Atlético.
Ese tipo de irrupción modifica todos los calendarios.
Un jugador al que todavía podría corresponderle recorrer varios escalones dentro de la Academia puede demostrar, en cuestión de semanas, que está preparado para saltarse alguno.
El problema es que Primera Federación no es una liga de entrenamiento
Todo sería más sencillo si el único objetivo del Atlético Madrileño fuera desarrollar jugadores.
Pero no lo es.
El filial compite en Primera Federación, una categoría en la que se enfrenta a clubes cuyo principal objetivo no es formar futbolistas para otro equipo.
Quieren ganar.
Construyen plantillas pensando específicamente en la clasificación, incorporan jugadores experimentados y pueden mantener durante toda la temporada una estructura diseñada exclusivamente para conseguir resultados.
Fernando Torres debe enfrentarse a ellos con una misión diferente: competir contra equipos diseñados para ganar mientras dirige uno diseñado también para promocionar.
El Madrileño terminó tercero la pasada temporada y volvió a disputar el playoff de ascenso.
El nuevo proyecto no parte únicamente con una exigencia formativa. También existe una expectativa competitiva después del crecimiento experimentado bajo Fernando Torres.
Entonces, ¿cómo se mide realmente el trabajo de Fernando Torres?
Aquí aparece la pregunta verdaderamente interesante.
¿Es mejor temporada acabar segundo y no entregar ningún futbolista preparado al primer equipo o terminar cuarto mientras dos jugadores consiguen establecerse definitivamente con Simeone?
Probablemente plantearlo únicamente en esos términos también sería injusto.
El trabajo de un entrenador del Atlético Madrileño debería medirse a través de tres objetivos que tienen que convivir.
Torres puede perder partidos y estar ganando. Porque en un filial existen victorias que no aparecen en la clasificación.
Este verano ya le ha obligado a empezar casi de nuevo
La situación actual no parte de cero.
El Atlético Madrileño ya afrontaba este verano una transformación profunda después de una temporada en la que terminó tercero y volvió a competir por el ascenso.
Han salido futbolistas importantes, otros tienen propuestas para continuar su crecimiento lejos de Alcalá y una nueva generación empieza a ocupar el espacio que dejan quienes avanzan.
Ese mecanismo no es una anomalía.
Es exactamente la razón por la que existe un filial.
2. Aprende a competir contra futbolistas más experimentados.
3. Asume responsabilidad dentro del equipo.
4. Llama la atención del primer equipo.
5. Simeone le abre la puerta.
6. Torres debe preparar al siguiente.
Torres conoce mejor que nadie lo que significa que un jugador deje de necesitar la cantera
Existe además una ironía especialmente bonita alrededor de todo este proceso.
Fernando Torres llegó al Atlético siendo un niño.
Pasó por la Academia, quemó etapas a una velocidad extraordinaria y terminó llegando al primer equipo mucho antes de lo que habría indicado cualquier calendario convencional.
Ahora está al otro lado.
Ya no es el futbolista que espera que alguien decida que está preparado.
Es uno de los entrenadores que tiene que ayudar a que otros lleguen a ese momento.
Quizá el mayor éxito de Fernando Torres llegue precisamente cuando alguno de sus mejores jugadores deje de pertenecerle.
El Atlético no debería tener que elegir entre formar y ganar
El debate tampoco debería convertirse en una elección artificial entre tener un filial competitivo o producir jugadores para Simeone.
Una buena cantera necesita ambas cosas.
Necesita que sus jóvenes aprendan a jugar con presión, a responder cuando hay objetivos y a entender que competir forma parte inseparable de su formación.
Pero también necesita aceptar que ningún ascenso del Madrileño puede ser más importante que preparar correctamente a un futbolista capaz de jugar durante años en el Metropolitano.
El reto de Torres consiste precisamente en evitar que ambos objetivos se conviertan en enemigos.
Por eso la temporada de Fernando Torres difícilmente podrá juzgarse mirando únicamente la tabla.
Claro que importa ganar.
Claro que importa competir por estar arriba.
Y claro que un posible ascenso supondría un enorme éxito para el proyecto.
Pero existe otro marcador.
No tiene puntos, goles ni clasificación.
Se mide contando cuántos futbolistas dejan un día el Atlético Madrileño porque ya están preparados para algo más.
Y si eso empieza a ocurrir demasiado a menudo, Fernando Torres tendrá un problema.
Un problema maravilloso. Pero un problema al fin y al cabo.

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