Análisis Julián Álvarez Atlético de Madrid

Julián Álvarez todavía no ha vuelto del todo. Le falta aquello que para un delantero termina explicándolo casi todo: el gol. Pero en Mendizorroza apareció algo que quizá tenía que llegar antes. Volvieron la energía, la intención, la agresividad para atacar, la insistencia y hasta una sonrisa que durante demasiadas semanas parecía haberse quedado en otro sitio. No fue todavía el Julián decisivo que el Atlético necesita. Fue algo anterior y probablemente imprescindible: volvió a parecer un futbolista con hambre de serlo.

Diego Herranz, director de El Rincón Atlético
Primer equipo · Análisis Diego Herranz Director de El Rincón Atlético · 10 de octubre de 2026
Alavés 1-2 Atlético · El regreso de la Araña El gol sigue faltando. Todo lo demás empezó a regresar.
45′ Minutos
1 Roja provocada
0 Goles

Antes del fútbol apareció la actitud

Julián empezó el partido sentado. No fue un castigo ni una sentencia sobre su jerarquía. Había regresado tarde de Argentina después de un parón largo, con viaje transatlántico incluido, y Simeone decidió comenzar con Jonathan David y Lookman. La primera mitad terminó 1-1. Al descanso, el Cholo necesitaba otra cosa. Metió a Baena. Y metió a Julián.

Cuarenta y cinco minutos después, el argentino todavía no había marcado. Pero la fotografía era distinta a la que había acompañado buena parte de su comienzo de temporada.

Había participado. Había pedido la pelota. Había ido al choque. Había atacado espacios. Había buscado paredes, conducido hacia dentro, recibido entre líneas y, sobre todo, transmitido una sensación que no aparece en ninguna estadística: quería que pasaran cosas cuando el balón llegaba a sus pies.

Ese matiz puede parecer pequeño cuando hablamos de uno de los mejores delanteros del mundo. En el momento que atraviesa Julián, no lo es. Durante semanas el debate había dejado de ser únicamente por qué no marcaba. La pregunta más incómoda era si seguía disfrutando jugando en el Atlético.

En Vitoria, por primera vez en bastante tiempo, la respuesta pareció más sencilla.

No fue el Julián que resuelve partidos. Todavía no. Pero sí volvió a aparecer el Julián que quiere resolverlos.

El partido empezó para él en el minuto 46

La entrada de Julián modificó inmediatamente el dibujo ofensivo del Atlético. Baena comenzó a recibir con mayor libertad y la Araña ocupó zonas interiores desde las que podía aparecer tanto de espaldas como atacando el intervalo entre central y lateral. Ya en el minuto 50, Baena consiguió encontrarlo dentro del área. Julián recibió y quiso eliminar al defensor con el recorte. El Alavés sobrevivió a la acción, pero la intención estaba ahí.

No se quedó esperando un centro dentro del área. Bajó a participar, se desplazó hacia los costados, trató de acelerar ataques y obligó a los centrales a abandonar posiciones. Su partido tuvo mucho más movimiento que remate, pero precisamente eso permitió al Atlético alterar un escenario que durante el primer tiempo se había vuelto demasiado previsible.

Y ocho minutos después llegó una de las acciones que terminaría condicionando completamente el encuentro.

La jugada que cambió el partido nació de Julián

Ángel Pérez llegó tarde. Muy tarde. Julián apareció para recibir cerca de la frontal y el futbolista del Alavés dejó la pierna arriba con los tacos por delante. El argentino quedó tendido sobre el césped. Quintero González mostró inicialmente la amarilla, pero después de la revisión del VAR cambió su decisión: roja.

El Alavés se quedaba con diez.

En el acta estadística no aparecerá como una asistencia. Tampoco como un gol. Pero la acción nace porque Julián estaba donde tenía que estar, ofreciéndose en una zona peligrosa y obligando al adversario a llegar tarde.

46′ Julián entra al partido Simeone introduce al argentino junto a Álex Baena para cambiar el ataque rojiblanco desde el descanso.
50′ Primera aparición dentro del área Baena filtra para Julián, que recibe, encara al defensor e intenta eliminarlo con un recorte.
58′-60′ Provoca la acción que deja al Alavés con diez Ángel Pérez llega tarde sobre Julián. Tras la revisión, la amarilla inicial se convierte en expulsión.
62′ La falta que casi termina dentro Julián asume el lanzamiento, supera la barrera y coloca el balón junto al poste. Sivera queda prácticamente clavado.
76′ Otra vez busca portería Baena encuentra al argentino en la frontal y Julián vuelve a intentarlo con un disparo que se marcha desviado.

La falta pudo cambiarlo todo

Hay centímetros que en determinados momentos pesan más que un partido entero. La falta posterior a la expulsión era uno de ellos. Julián tomó la pelota. No se escondió. No delegó. Colocó el balón y asumió la responsabilidad.

Superó la barrera.

Sivera prácticamente no reaccionó.

El disparo se marchó junto al poste, tan cerca que durante un instante pareció tener destino de red.

Ese gol habría cambiado por completo el relato. Habría significado marcar con Argentina y hacerlo inmediatamente después con el Atlético. Habría convertido una mejoría en un punto de inflexión visible para todos.

No entró.

Y ahí sigue estando la asignatura pendiente.

Julián está recuperando casi todo lo que había perdido durante estos meses. Le falta precisamente aquello por lo que más se juzga a un delantero: volver a celebrar un gol con el Atlético.

La diferencia no estuvo únicamente en lo que hizo con el balón

Ahí está probablemente la parte más importante del partido. El análisis de Julián no puede quedarse únicamente en una falta que se marchó fuera, un disparo desviado o una expulsión provocada. Hay que mirar cómo hizo esas cosas.

Se le vio más agresivo. Más dispuesto a repetir esfuerzos. Más interesado en recibir. Más insistente cuando una acción no terminaba como quería. Volvió a aparecer esa forma de jugar tan reconocible en él, casi incómoda para el rival, en la que parece que cada balón perdido genera inmediatamente la necesidad de recuperar otro.

Ese era uno de los rasgos que había convertido a Julián en un futbolista especial mucho antes de llegar al Atlético. Nunca fue únicamente un delantero de área. Su fútbol se construyó también alrededor de la presión, la movilidad, la voracidad y esa sensación de que ninguna acción estaba completamente terminada mientras él siguiera cerca.

Durante los últimos meses esa electricidad había aparecido a ráfagas.

En Mendizorroza duró prácticamente toda la segunda parte.

La mejor noticia no fue que estuviera cerca de marcar. Fue volver a verle jugar como si le molestara no marcar.

Simeone vio exactamente lo mismo

El Cholo llevaba tiempo protegiendo a Julián. Lo hizo cuando llegaron las dudas, durante el verano turbulento y también cuando el delantero todavía estaba muy lejos de su mejor versión. Pero en los últimos días el discurso había empezado a cambiar ligeramente.

Ya no hablaba simplemente de esperarle.

Hablaba de señales.

En la previa de Mendizorroza, Simeone había explicado que veía a Julián con entusiasmo y con ganas de volver a entregar lo mejor que tiene. Pedía que aquello que estaba observando durante los entrenamientos terminase trasladándose al partido.

Simeone antes del Alavés
“Lo veo bien, lo veo con entusiasmo, lo veo con ganas de entregar lo mejor que tiene como ha hecho siempre.”

Veinticuatro horas después, el entrenador encontró una primera respuesta.

Preguntado tras la victoria, Simeone volvió a detenerse en el argentino. Esta vez ya no estaba hablando de lo que veía durante la semana. Hablaba de lo que acababa de suceder sobre el césped.

Simeone después del 1-2
“A Julián lo he visto bien, con entusiasmo y con ganas de ayudar al equipo.”

No parece casualidad que las dos palabras centrales sean prácticamente las mismas: entusiasmo y ganas.

Simeone llevaba días detectándolas. En Mendizorroza empezaron a ser visibles también para los demás.

Después llegó una imagen que también cuenta

El fútbol moderno convierte cualquier gesto en una conclusión definitiva y conviene escapar de eso. Una sonrisa no resuelve una temporada. Una broma tampoco arregla una relación. Pero después de todo lo ocurrido alrededor de Julián durante los últimos meses, algunas imágenes tienen un valor difícil de ignorar.

Al terminar el partido se le vio relajado. Bromeó. Sonrió. Compartió la victoria con sus compañeros y se acercó hacia la zona ocupada por los aficionados del Atlético.

Puede parecer una cuestión menor.

No lo es completamente.

El comienzo de temporada había estado acompañado por demasiadas imágenes en sentido contrario: tensión, distancia, silencios, gestos serios y una relación con parte de la grada que tuvo que reconstruirse después de un verano especialmente difícil.

Ahora no hace falta fabricar una reconciliación definitiva. Es demasiado pronto. Pero sí reconocer que el lenguaje corporal empieza a contar una historia diferente.

Antes había que interpretar si Julián quería seguir estando. En Vitoria la sensación fue otra: parecía querer volver a ser protagonista.

Argentina le devolvió algo de oxígeno

El parón probablemente ayudó. Julián se marchó con Argentina todavía atrapado entre el ruido y una sequía que empezaba a pesar demasiado. Volvió habiendo marcado. El rival, Burkina Faso Sub-23, obligaba a colocar aquel gol en su contexto y evitar cualquier relato grandilocuente, pero emocionalmente sí tenía importancia.

Lionel Scaloni lo explicó de manera muy clara. Argentina quería ayudarle a recuperar confianza. Si además aquello servía para devolver una mejor versión al Atlético y a Simeone, perfecto.

No fue una cura milagrosa.

Fue oxígeno.

Y quizá eso era exactamente lo que necesitaba.

Ahora falta el gol

Todo lo anterior conduce inevitablemente al mismo lugar.

Julián necesita marcar.

No porque un gol vaya a convertir automáticamente todos estos meses en una anécdota. Tampoco porque su aportación pueda reducirse únicamente a cuántas veces encuentra la portería. Julián es demasiado buen futbolista para analizarlo solamente desde esa estadística.

Pero también es delantero.

Y los delanteros construyen confianza alrededor del gol.

La diferencia es que ahora parece estar mucho más cerca de encontrarlo. Antes faltaban demasiadas cosas a la vez: ritmo, alegría, continuidad, sensación de pertenencia, voracidad. En Mendizorroza aparecieron varias de ellas.

Por eso el cero en su casillero no produce hoy la misma sensación que hace unas semanas.

Antes era parte del problema.

Ahora empieza a parecer simplemente el siguiente paso.

Más cerca del Julián de siempre

No marcó.

Y esa es todavía la deuda.

Pero volvió a pedir la pelota.

Volvió a atacar.

Volvió a provocar.

Volvió a lanzar una falta convencido de que podía decidir el partido.

Volvió a insistir cuando el primer intento no salió.

Y cuando terminó todo, volvió a sonreír.

No sabemos todavía cuándo regresará definitivamente el Julián que convirtió al Atlético en uno de los lugares donde quiso construir su historia.

Pero en Mendizorroza se produjo algo importante:

por primera vez en mucho tiempo pareció estar caminando hacia él.

Ahora falta una última cosa.

Una pelota dentro de la red.

Y quizá entonces vuelva también todo lo demás.

Diego Herranz, director de El Rincón Atlético
Sobre el autor

Diego Herranz

Fundador y director de El Rincón Atlético. Actualidad, análisis y seguimiento diario del primer equipo, Atlético Femenino y toda la Academia rojiblanca.

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