No hace falta acercarse a la sierra ni venir hasta El Tiemblo para escucharla. Basta con que el Atlético gane un derbi. Entonces empieza el ruido, aparecen las imágenes congeladas, las repeticiones infinitas y las explicaciones destinadas a convertir una derrota del Real Madrid en cualquier cosa menos en una victoria rojiblanca. Vicente Camacho vuelve a Desde la Grada y diagnostica el fenómeno con una sola palabra: la berrea.
Ha comenzado la berrea.
No, no hablo de los ciervos. Hablo de ese fenómeno extraordinario que sucede cada vez que el Atlético de Madrid le gana al Real Madrid. No hace falta acercarse a la sierra ni venir a El Tiemblo para escucharlo. Basta con encender la televisión, abrir un periódico, poner cualquiera de las radios deportivas de la noche o de la mañana o entrar en una tertulia después de un derbi. El Atleti gana al Madrid y, automáticamente, comienza el ritual. Berreaaaaa.
Hay que encontrar culpables, revisar cada acción, detener cada imagen y analizar cada decisión arbitral con una lupa que seguramente no aparece con tanta facilidad cualquier otro fin de semana. Hay que encontrar una explicación que permita transformar una derrota del Madrid en cualquier cosa menos en una victoria del Atlético. Y ahí empieza esa particular competición de berridos mediáticos en la que determinados espacios, esos que muchos atléticos percibimos desde hace años como nacionalmadridistas, parecen olvidar durante unas horas que el fútbol consiste fundamentalmente en una cosa bastante sencilla: jugar partidos e intentar ganarlos.
Hay una explicación mucho más sencilla: el Atlético ganó el derbi
Porque el domingo ocurrió exactamente eso. El Atlético de Madrid ganó al Real Madrid por 2-1 en el Metropolitano. Ante el Trampas, sí. Hubo polémica arbitral y, naturalmente, puede debatirse sobre ella. El fútbol está lleno de decisiones discutibles, de errores y de interpretaciones diferentes de una misma acción. Nadie pretende que un derbi quede al margen de esa conversación. La diferencia está entre analizar dos o tres jugadas y convertirlas durante varios días en el argumento principal con el que explicar por qué el Real Madrid perdió un partido.
Esa es la sensación que tantas veces queda cuando el rival es el Atlético. Parece que al Atleti no le basta con ganar. Después tiene que justificar la victoria, demostrar que la merece, aportar documentación complementaria y, a ser posible, pedir perdón por haberla conseguido. Ganamos primero en el césped y después nos obligan a disputar una segunda eliminatoria en estudios de televisión, portadas, radios y redes sociales. Ya hablé en mi anterior columna de la pereza que produce jugar contra todo ese entramado. El partido termina, pero alrededor del Madrid parece que nunca termina realmente.
Cuando gana uno es épica; cuando gana el otro toca buscar una explicación
La comparación resulta cansinamente familiar. Cuando gana el Madrid aparecen la grandeza, el carácter, el ADN, la remontada, la capacidad para competir hasta el último segundo y toda la colección habitual de conceptos que rodean sus victorias. Cuando gana el Atlético, en cambio, demasiadas veces el foco se desplaza rápidamente hacia el árbitro, el penalti, la expulsión, la intensidad, el contexto o cualquier elemento capaz de rebajar el mérito rojiblanco. Qué casualidad. Debe de ser otra de esas coincidencias de la vida.
Pero existe un pequeño inconveniente para todo ese relato: el marcador es particularmente poco sensible a las tertulias. El balón entró dos veces en la portería del Real Madrid. El Atleti marcó, compitió, supo resistir cuando el encuentro exigió sufrir y terminó llevándose los tres puntos. Todo lo demás puede analizarse, discutirse durante horas y llenar programas enteros, pero ninguna repetición a cámara lenta modifica el resultado que quedó escrito cuando el árbitro señaló el final.
«Parece que al Atleti no le basta con ganar. Tiene que ganar en el césped y después superar una segunda eliminatoria en los platós de televisión».
El problema no es discutir el arbitraje: es convertirlo en todo el partido
Tal vez ahí esté precisamente el problema. Algunos todavía parecen no haber asumido que el Atlético también tiene derecho a ganar un derbi sin presentar después un certificado de inocencia. Se puede reconocer que hubo decisiones discutibles y, al mismo tiempo, admitir que el Atlético hizo méritos para llevarse el encuentro. Las dos cosas pueden existir a la vez. Lo verdaderamente agotador aparece cuando una victoria rojiblanca comienza a desaparecer bajo capas y capas de debate hasta que el equipo que realmente ganó termina convertido casi en un actor secundario de su propio triunfo.
Esta vez, por lo menos, el propio Atlético decidió participar en ese segundo partido y respondió con uno de esos mensajes que, por una vez, resumieron bastante bien el hartazgo de muchos aficionados: «Stop acoso arbitral ya». Una respuesta cargada de ironía ante una berrea que ya llevaba horas creciendo. Porque si algo resulta difícil de soportar no es que el rival proteste una decisión arbitral —eso lo hacemos absolutamente todos—, sino esa maquinaria capaz de transformar una derrota deportiva en un juicio completo al sistema.
«Queridos ciervos mediáticos: podéis seguir berreando, buscando explicaciones y repasando imágenes hasta encontrar la jugada que os permita dormir tranquilos».
Nosotros tenemos algo mejor que hacer: disfrutarlo
Así que podéis seguir. Podéis continuar buscando la imagen definitiva, la toma que todavía no se haya visto, la repetición número cuarenta y siete o el argumento que consiga demostrar que el partido realmente ocurrió de otra manera. Podéis seguir con la berrea, quedaros sin pipas y cantar todo lo que queráis. Nosotros, mientras tanto, tenemos la intención de dedicarnos a algo bastante menos sofisticado: disfrutar de haber ganado al Madrid.
Porque después de tanta tertulia, tanta portada, tanto análisis, tanto berrido y tanto ruido, queda una cosa maravillosamente sencilla que sigue exactamente en el mismo sitio. No la puede modificar un editorial, una cámara superlenta ni cuatro horas de radio nocturna. Es el marcador. Y el marcador dice que el Atlético ganó.
Hay marcadores que necesitan un análisis táctico, una explicación larga o una revisión minuciosa para entender todo lo que ocurrió durante noventa minutos. Y después están estos. Los que uno mira, sonríe y decide no complicarse demasiado la vida.
Hay marcadores que no necesitan tertulia.
Se celebran.
Socio abonado del Atlético de Madrid y miembro de #El_Tridente_de_Neptuno. En Desde la Grada escribe sobre el Atleti desde el lugar en el que el fútbol deja de ser teoría y se convierte en sentimiento.
Sin pizarras. Sin despacho. El Atlético contado desde donde se canta, se protesta, se sufre y se vuelve la semana siguiente.
¿Existe una doble vara para contar las victorias del Atlético en los derbis?
¿Se ha hablado demasiado del arbitraje y demasiado poco del partido que ganó el Atleti? Te leemos en comentarios.