Después de una primera temporada que dejó dudas, el campeón del mundo regresó al Metropolitano, salió desde el banquillo y necesitó menos de media hora para marcar de falta y empezar a construir una versión diferente.
Hay futbolistas a los que una nueva temporada les sirve simplemente para volver a competir. Para Álex Baena, esta podía significar algo más: la oportunidad de empezar otra vez.
Porque su primer curso en el Atlético dejó una sensación extraña. Nadie descubrió entonces que Baena tuviera talento. Eso ya se sabía. El club había fichado precisamente a uno de los centrocampistas españoles con mayor capacidad para crear, asistir, golpear a balón parado y aparecer en los metros finales.
Lo que nunca terminó de aparecer con suficiente continuidad fue esa versión capaz de apropiarse de partidos.
Hubo destellos, momentos y partidos. También interrupciones, cambios de posición y fases en las que su peso dentro del equipo estuvo lejos del que muchos imaginaron cuando abandonó Villarreal para convertirse en rojiblanco.
Por eso necesitaba empezar distinto. Y ante el Málaga le bastó aproximadamente media hora para hacerlo.
EL PUNTO DE PARTIDA
De las dudas a la necesidad de dar un paso adelante
Baena no llegó al Atlético como una apuesta de futuro a la que hubiese que esperar durante años. Llegó siendo internacional español, campeón de Europa, campeón olímpico y después de haberse consolidado en Villarreal como uno de los mayores generadores de juego de LaLiga.
Precisamente por eso la exigencia fue inmediata.
Su primera campaña liguera como rojiblanco terminó con 27 apariciones, dos goles y tres asistencias. Unos números que no pueden resumir todo su fútbol, pero que sí quedaron lejos de la capacidad productiva que había mostrado anteriormente.
Su talento nunca estuvo realmente en discusión. Sí lo estuvo, en determinados momentos, su influencia.
¿Dónde debía jugar? ¿Cuánto necesitaba el equipo buscarle? ¿Podía convertirse en una referencia ofensiva estable? ¿Era capaz de trasladar al Atlético la capacidad para producir ocasiones que había enseñado antes de llegar?
Preguntas razonables después de una temporada en la que su adaptación no terminó de producir una respuesta definitiva.
La primera temporada sirvió para conocer al Baena del Atlético. La segunda tiene que empezar a enseñar cuánto Atlético puede construirse alrededor de Baena.
EL VERANO QUE LO CAMBIÓ TODO
Se marchó con dudas y volvió campeón del mundo
Entre una temporada y otra ocurrió algo capaz de alterar por completo la percepción de cualquier futbolista.
Baena se marchó con España al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá y regresó al Metropolitano con una estrella mundial añadida a su currículum.
Pero sería injusto reducir su verano a haber formado parte del grupo campeón.
Baena tuvo protagonismo. Fue titular durante el torneo, marcó el gol de la victoria frente a Uruguay y terminó aquel encuentro reconocido como mejor jugador del partido. También estuvo en el once español en la final ante Argentina, en la noche en la que España conquistó su segunda Copa del Mundo.
Y de aquel Mundial regresó además con un registro extraordinario: Eurocopa, Juegos Olímpicos y Mundial conquistados de manera consecutiva.
Una secuencia única
Eurocopa. Oro olímpico. Mundial.
Álex Baena se convirtió en el primer futbolista que consigue enlazar esos tres títulos internacionales de manera consecutiva.
Ganar también cambia la manera de sentirse futbolista
Los títulos no convierten automáticamente a un jugador en mejor futbolista.
Sí pueden cambiar su relación con los partidos.
Haber vivido una final mundialista, competir rodeado de los mejores jugadores de un país y regresar después de conquistar el mayor título posible elimina determinadas barreras mentales. Hay escenarios que dejan de parecer enormes una vez has sobrevivido al más grande de todos.
Eso es precisamente lo que el Atlético necesita aprovechar.
No necesita únicamente al Baena técnicamente brillante. Necesita al futbolista que empieza a sentirse autorizado para decidir.
DEL HOMENAJE AL PARTIDO
El Metropolitano primero lo recibió como campeón y después apareció el futbolista
La escena previa al Atlético-Málaga tenía una carga simbólica difícil de ignorar.
Baena salió al césped junto a Marcos Llorente, Marc Pubill y Alejandro Grimaldo para recibir el reconocimiento del Metropolitano por la conquista mundialista de España.
Copa del Mundo, pasillo, aplausos y una grada celebrando a sus campeones.
Poco después, la ceremonia terminó y comenzó la realidad de una nueva temporada.
Simeone no le colocó inicialmente en el once. Baena empezó desde el banquillo y entró en el minuto 57 dentro del triple movimiento con el que el técnico intentó desbloquear un partido en el que el Atlético llevaba demasiado tiempo chocando contra el Málaga.
Kang-in Lee golpeó primero.
Baena se encargó de cerrar la noche.
Minuto 85
Una falta. Un golpeo. Y una manera perfecta de empezar a cambiar el relato.
El debut liguero que necesitaba
En el minuto 85 apareció una oportunidad a balón parado y Baena asumió la responsabilidad.
El lanzamiento fue extraordinario.
Superó la barrera, encontró la trayectoria necesaria y convirtió el 2-0 en una fotografía mucho más grande que el propio resultado.
Porque no fue solamente su primer gol de esta Liga. Fue una de esas acciones que alimentan una sensación.
La sensación de que el Baena que regresa del Mundial puede empezar la temporada desde un lugar diferente al futbolista que terminó la anterior.
Y el gol abre otra puerta que el Atlético necesitaba
Hay además una consecuencia futbolística inmediata.
La salida de Antoine Griezmann dejó al Atlético sin uno de sus grandes especialistas históricos a balón parado. Faltas, córners y determinadas situaciones ofensivas necesitaban nuevos propietarios.
Baena tiene condiciones para reclamar una parte importante de esa herencia.
Ya había demostrado antes de llegar al Atlético una extraordinaria sensibilidad en el golpeo. Puede buscar directamente la portería, pero también convierte una falta lateral o un córner en una ocasión mediante su capacidad para imprimir dirección y tensión al balón.
El lanzamiento frente al Málaga no adjudica todos los balones parados de la temporada. Pero sí coloca su candidatura encima de la mesa de una manera bastante difícil de ignorar.
EL SIGUIENTE PASO
Simeone no necesita más destellos: necesita una referencia
Ahí aparece el verdadero examen.
Nadie necesita descubrir que Baena puede lanzar una falta como la del Málaga. Tampoco que posee visión para encontrar el último pase, que puede recibir por dentro o partir desde la izquierda para asociarse en los metros finales.
El salto pendiente está en otro sitio.
Hacerlo muchas veces.
Simeone necesita un Baena que no aparezca únicamente cuando el encuentro se abre o cuando encuentra un contexto favorable. Necesita que pueda pedir el balón cuando el Atlético está atascado, asumir responsabilidades cuando desaparecen los espacios y convertirse en una solución recurrente alrededor del área.
En definitiva, pasar de ser un jugador capaz de decidir partidos a ser un futbolista alrededor del que los partidos también puedan construirse.
Ahora toca sostenerlo durante diez meses
Un Mundial tiene una característica que también explica por qué resulta tan diferente al fútbol de clubes: todo ocurre deprisa.
Siete partidos pueden transformar una carrera. Una eliminatoria puede convertir a un futbolista en héroe. Una final puede alterar para siempre su percepción pública.
Una Liga exige otra cosa.
Exige hacerlo en agosto y repetirlo en noviembre. Aparecer después de una noche europea y volver a competir tres días más tarde. Resolver cuando estás fresco y seguir tomando buenas decisiones cuando las piernas pesan.
Ese será el verdadero termómetro de Baena.
El Mundial ha demostrado hasta dónde puede llegar. La temporada del Atlético tendrá que demostrar durante cuánto tiempo puede permanecer allí.
Un gol no borra la temporada anterior
Tampoco conviene convertir media hora de fútbol en una sentencia.
Baena no se ha transformado definitivamente por marcar una falta ante el Málaga. Las preguntas que dejó su primer curso no desaparecen automáticamente porque haya comenzado el segundo con un golazo.
Pero un punto de partida sí puede cambiar.
Y empezar siendo homenajeado como campeón del mundo, entrar en un partido bloqueado y salir de él habiendo marcado el gol que lo sentencia es una forma bastante convincente de comenzar a escribir otra historia.
Antes del partido, el Metropolitano aplaudió al campeón.
En el minuto 85, celebró al futbolista.
Y esa es precisamente la transición que Álex Baena necesitaba para empezar su segunda temporada en el Atlético.

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