El Atlético sufrió durante una hora para encontrar espacios ante un Málaga valiente. Cuando el estreno empezaba a atascarse, Simeone recurrió al banquillo y encontró allí la diferencia: Kang-in Lee y Álex Baena cambiaron el partido y firmaron los goles de la primera victoria del curso.
Durante casi una hora, el Atlético buscó una puerta que no encontraba.
Probó por fuera. Probó por dentro. Acumuló posesión, adelantó metros y encerró durante diferentes fases a un Málaga que regresaba ocho años después a Primera División, pero al que la magnitud del escenario no pareció intimidarle.
El marcador seguía cerrado. El reloj avanzaba. Y el estreno de una temporada construida alrededor de la ilusión por un Atlético nuevo empezaba a adquirir una sensación demasiado conocida: dominar sin terminar de hacer daño.
Hasta que Diego Pablo Simeone miró hacia su banquillo.
Allí estaban Kang-in Lee y Álex Baena. Dos futbolistas diferentes, dos perfiles llamados a elevar el techo técnico del equipo y dos hombres que todavía no estaban preparados para jugar noventa minutos, pero sí para cambiar un partido.
Simeone empezó la Liga con el Atlético que había hecho la pretemporada
El once explicaba perfectamente las circunstancias en las que llegaba el Atlético a su primera jornada.
Julián Álvarez estaba fuera de la convocatoria. Sørloth seguía lesionado. Cuti Romero todavía necesitaba trabajo. Y varios de los campeones y finalistas del Mundial apenas llevaban unos días entrenándose con el resto del grupo.
El Cholo, por tanto, premió a quienes habían sostenido al equipo durante julio y agosto.
Oblak estuvo en portería. Dani Martínez, Hancko, Le Normand y el jovencísimo Jorge Domínguez formaron la defensa. Koke ejerció de referencia por dentro con Pablo Barrios y Rodrigo Mendoza alrededor. Carlos Martín y Arnau Ortiz ocuparon las zonas exteriores y Ademola Lookman apareció como el hombre más adelantado.
Era un Atlético extraño si se comparaba con el que probablemente veremos dentro de dos meses. Pero era el Atlético que estaba preparado para competir esa noche.
Mucho balón y demasiado poco peligro
El plan inicial tuvo una virtud evidente: el Atlético controló el balón desde el comienzo.
El Málaga apenas podía sostener posesiones largas durante los primeros minutos y los rojiblancos recuperaban rápido cada pelota. Hancko buscaba avanzar desde atrás, Koke aparecía para ordenar y Barrios intentaba romper la monotonía con conducciones que permitieran superar líneas.
El problema aparecía después.
El Atlético llegaba a tres cuartos de campo y allí el partido se estrechaba. Sin un nueve que fijara centrales, Lookman debía convivir en una posición menos natural para él. Carlos Martín aportaba trabajo y profundidad, Arnau dejaba algún detalle técnico y Mendoza buscaba aparecer desde segunda línea, pero faltaba alguien capaz de recibir entre jugadores del Málaga y girar el partido con un solo control.
Dani Martínez protagonizó una de las primeras acciones prometedoras al ganar línea de fondo y colocar un balón al segundo palo que la defensa visitante consiguió despejar cuando Carlos Martín esperaba para rematar.
También hubo un buen intento de pizarra en una falta lateral, pero el disparo posterior de Mendoza encontró un cuerpo malaguista.
Pasó media hora y la sensación empezaba a ser incómoda: el Atlético tenía prácticamente todo menos ocasiones.
Arnau intentaba poner la chispa
Si alguien intentó escapar del ritmo plano de la primera mitad fue Arnau Ortiz.
El futbolista que se había ganado durante la pretemporada una ficha en el primer equipo volvió a jugar con la irreverencia que le había llevado hasta allí.
Un tacón suyo consiguió superar a dos defensores y estuvo cerca de dejar a Mendoza solo dentro del área. Poco después trató de prolongar otro centro buscando convertir una jugada aparentemente muerta en algo peligroso.
No consiguió decidir el encuentro, pero sí confirmó algo: su presencia en el primer equipo ya no responde únicamente a las bajas.
Y el Málaga empezó a creérselo
Cada minuto que pasaba sin que el Atlético marcara era una pequeña victoria para el Málaga.
El recién ascendido había empezado el partido preocupado principalmente por sobrevivir. Cuando comprobó que podía hacerlo, comenzó también a mirar hacia la portería de Oblak.
Larrubia ya había probado fortuna en los primeros minutos y la movilidad de los hombres de Juanfran Funes empezó a obligar a correr hacia atrás a una defensa rojiblanca con dos jóvenes en los laterales.
Jorge Domínguez recibió una amarilla después de cortar una transición y terminó la primera parte jugando con un riesgo que Simeone no estaba dispuesto a prolongar.
Justo antes del descanso llegó el mayor aviso. El Málaga consiguió generar una doble ocasión y Oblak respondió, aunque la jugada terminó invalidada. No cambió el marcador, pero sí dejó clara una realidad: el partido ya no estaba siendo tan cómodo como había parecido al principio.
Llorente fue el primer aviso de que el partido iba a cambiar
Simeone no esperó demasiado.
Jorge Domínguez se quedó en el vestuario y Marcos Llorente entró al descanso. El cambio protegía al canterano, que estaba amonestado, pero también pretendía añadir una marcha más a la banda.
El Atlético empezó a jugar con más urgencia.
Lookman probó desde la frontal nada más comenzar el segundo periodo y Alfonso Herrero respondió con seguridad. Minutos después, Mendoza consiguió entrar en el área y obligó al guardameta del Málaga a realizar una de las mejores intervenciones de la noche.
Algo empezaba a ocurrir. El partido se estaba abriendo.
Minuto 57: Simeone decide dejar de esperar
Y entonces llegó el movimiento que terminó definiendo el encuentro.
Tres cambios de una vez.
Álex Baena por Arnau Ortiz. Kang-in Lee por Carlos Martín. Giuliano Simeone por Rodrigo Mendoza.
Tres futbolistas con piernas nuevas, pero sobre todo dos jugadores con una característica que el partido estaba reclamando desesperadamente: talento para alterar una jugada sin necesidad de que todo el equipo la construyera previamente.
El Atlético no necesitaba más posesión. Necesitaba imaginación.
Kang-in necesitó un minuto para avisar
Hay jugadores a los que no hace falta esperar demasiado para entender qué quieren hacer.
Prácticamente en una de sus primeras intervenciones, Kang-in recibió lejos del área, levantó la cabeza y golpeó desde distancia. El disparo se marchó desviado, pero el aviso era mucho más importante que la ocasión.
El surcoreano había entrado para jugar.
Para pedir la pelota. Para recibir perfilado. Para conducir hacia dentro. Para obligar al Málaga a defender situaciones que durante una hora apenas había tenido que afrontar.
Y doce minutos después del triple cambio llegó la jugada que rompió definitivamente el partido.
Era exactamente el gol que necesitaba el partido.
No nació de una combinación interminable. No necesitó quince pases alrededor del área. No apareció porque el Atlético consiguiera finalmente derribar la estructura del Málaga mediante paciencia.
Apareció porque un futbolista decidió que podía resolverlo él.
Y precisamente para eso llegó Kang-in Lee.
Un gol que explica por qué el Atlético fue a buscarlo
La salida de Antoine Griezmann obligó al Atlético a buscar nuevas fuentes de creatividad.
No existe un sustituto idéntico para el francés. Probablemente ni siquiera tendría sentido buscarlo. Lo que sí necesitaba Simeone era incorporar futbolistas capaces de hacer cosas que su plantilla anterior no generaba con suficiente frecuencia.
Kang-in puede recibir entre líneas. Puede jugar por derecha y terminar por dentro. Puede dar el último pase. Puede retener la pelota rodeado de rivales. Y, como dejó claro en su primera gran noche del curso, también puede inventarse un gol desde fuera del área cuando el partido no ofrece una solución evidente.
El Metropolitano necesitaba conocerlo. Eligió una manera bastante efectiva de presentarse.
Pero quedaba otro genio dentro de la lámpara
El gol de Kang-in obligó al Málaga a abandonar definitivamente el escenario en el que había estado cómodo durante buena parte de la noche.
Ya no bastaba con defender. Había que buscar el empate. Había que asumir metros. Había que dejar espacios.
Y si hay un futbolista especialmente preparado para interpretar un partido cuando empieza a haber espacios entre líneas, ese es Álex Baena.
El almeriense había comenzado la noche de una manera completamente distinta. Antes de que rodara el balón, el Metropolitano le había homenajeado junto a Marcos Llorente, Marc Pubill y Alejandro Grimaldo por la conquista del Mundial con España.
Después se sentó en el banquillo.
Y cuando le llegó su oportunidad, terminó poniendo su propia firma en la victoria.
Baena y Kang-in: diez años después, otra vez juntos
La historia tiene además una de esas casualidades que el fútbol guarda durante años sin que nadie se dé cuenta.
Kang-in Lee y Álex Baena ya habían compartido equipo aproximadamente una década atrás, en las selecciones Sub-15 y Sub-16 de la Comunitat Valenciana.
El coreano pertenecía entonces a la cantera del Valencia. Baena crecía en la del Villarreal.
Sus caminos se separaron durante años. Mallorca, PSG, Girona, Villarreal, selección, Champions, Mundial.
Hasta que el Atlético decidió reunirlos. Y en la primera jornada de la nueva temporada, los dos acabaron siendo los jugadores que resolvieron el partido.
La verdadera noticia no son solamente los goles
El Atlético ha ganado.
Eso es lo primero.
Después de dos temporadas consecutivas sin conseguir la victoria en el estreno liguero, comenzar sumando tres puntos tiene valor por sí solo.
Pero el partido deja una noticia posiblemente más interesante para todo lo que viene después.
Este Atlético parece tener más soluciones.
Y una temporada de diez meses se decide muchas veces precisamente ahí.
Tener a Baena y Kang-in en el banquillo no es un problema: es el objetivo
Durante la temporada aparecerá inevitablemente el debate de las titularidades.
¿Dónde juega Baena? ¿Dónde encaja Kang-in? ¿Qué ocurre cuando vuelva Julián? ¿Quién acompaña a Barrios? ¿Qué hace Simeone con Lookman? ¿Cómo se reparten los minutos?
Son preguntas legítimas.
Pero esta primera noche dejó otra forma de observar el problema.
Un entrenador que pretende luchar por Liga, Champions y Copa necesita mirar al banquillo en el minuto 60 y encontrar futbolistas que posiblemente serían titulares en casi cualquier otro equipo.
Eso no es tener un problema. Eso es tener una plantilla.
Los jóvenes hicieron su parte antes de que llegaran las estrellas
La narrativa de los cambios tampoco debería borrar los primeros 57 minutos.
Porque Simeone pudo reservar a sus jugadores más faltos de ritmo precisamente porque durante semanas otros futbolistas habían asumido la responsabilidad.
Jorge Domínguez volvió a competir con apenas 16 años. Dani Martínez asumió el lateral izquierdo. Arnau fue titular después de conseguir su ficha del primer equipo. Carlos Martín trabajó en banda. Rodrigo Mendoza apareció en una zona de enorme responsabilidad.
No ganaron el partido.
Pero lo sostuvieron hasta que llegaron quienes tenían que ganarlo.
Lookman sufrió sin un nueve al lado
El partido también dejó cuestiones por resolver.
La principal estuvo arriba.
Lookman había sido uno de los mejores futbolistas del Atlético durante la pretemporada, pero ante el Málaga tuvo que actuar durante buena parte del encuentro como referencia ofensiva.
Y ahí pierde una parte de lo que le hace especialmente peligroso.
El nigeriano es más difícil de controlar cuando aparece desde otro lugar, cuando puede atacar un espacio, recibir con metros y acelerar. Obligado a convivir constantemente entre centrales, quedó mucho más expuesto y el equipo perdió capacidad para sorprender.
La vuelta de Sørloth y, sobre todo, la recuperación de Julián deberían ofrecer a Simeone escenarios muy diferentes.
Tres puntos, pero también mucho por construir
Tampoco conviene convertir el estreno en algo que no fue.
El Atlético no pasó por encima del Málaga.
Durante demasiados minutos tuvo dificultades para transformar el dominio territorial en peligro. Hubo poca velocidad de circulación cerca del área, Lookman estuvo demasiado aislado y el recién ascendido consiguió llegar al descanso con motivos para creer que podía sacar algo del Metropolitano.
Eso también forma parte de la crónica.
Pero estamos en agosto. El Atlético tiene jugadores que apenas llevan una semana de trabajo, otros que todavía no han debutado y un entrenador intentando ensamblar una plantilla profundamente modificada.
Y eso también cuenta en una Liga
Hace un año, el Atlético aprendió demasiado pronto cuánto puede pesar cada tropiezo cuando llega el momento de mirar la clasificación.
LaLiga no espera a que los equipos estén terminados.
No espera a que los fichajes aprendan todos los automatismos. No concede un mes adicional porque varios jugadores hayan disputado un Mundial. No devuelve en mayo los puntos perdidos en agosto.
Por eso había una obligación por encima de cualquier análisis táctico: ganar.
Y el Atlético ganó.
Habrá partidos mejores.
Habrá un Atlético mucho más reconocible cuando estén todos.
Seguramente habrá noches en las que Baena y Kang-in estén desde el primer minuto y otros tengan que esperar.
Pero la temporada empezó dejando una imagen que Simeone firmaría repetir muchas veces: mirar al banquillo cuando el partido está bloqueado y saber que allí también puede estar el jugador que lo gane.

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