Opinión
DESDE LA GRADA
La columna de Vicente Camacho Jiménez

El Atlético ha crecido, se ha modernizado y ha adquirido una dimensión empresarial que hace apenas unas décadas parecía imposible. El problema no está en crecer. La pregunta empieza cuando ese crecimiento obliga al socio a plantearse cuál es realmente su lugar dentro del club. Porque detrás de cada abono, cada desplazamiento y cada asiento del Metropolitano sigue habiendo algo que ningún plan de negocio puede fabricar: sentimiento de pertenencia.

Vicente Camacho Jiménez, autor de Desde la Grada
Desde la Grada
Vicente Camacho Jiménez
Socio abonado del Atleti y miembro de #El_Tridente_de_Neptuno
26 de septiembre de 2026
Columna de opinión. Las opiniones y valoraciones contenidas en este artículo corresponden a su autor.
Desde la Grada

«¿En qué momento dejamos de ser aficionados para convertirnos en clientes?»

Hay una frase que cada vez me ronda más la cabeza cuando voy al Metropolitano: ¿en qué momento dejamos de ser aficionados para convertirnos en clientes? El Atlético de Madrid ha crecido. Se ha modernizado, profesionalizado y convertido en una marca con una dimensión internacional que hace unas décadas parecía impensable. Hay grandes patrocinadores, entrada al accionariado de Apollo, campañas de marketing, merchandising, experiencias VIP, hospitality, redes sociales, nuevos productos y todo un negocio alrededor del fútbol, desde conciertos hasta proyectos como la piscina de olas o los campos de golf.

Y no seré yo quien diga que eso no es necesario. El fútbol profesional es también una industria y el Atleti necesita generar recursos para competir. El problema aparece cuando, en mitad de ese crecimiento, existe algo que no debería perderse por el camino: el sentimiento de pertenencia.

Un socio no compra solamente una entrada

Porque el socio no compra solamente una entrada. El socio compra un abono, se desplaza, organiza su vida alrededor de unos horarios, soporta temporadas buenas y malas y, sobre todo, siente que el Atleti también es un poco suyo. No estamos hablando únicamente de alguien que paga por consumir noventa minutos de fútbol, sino de una relación que en muchos casos dura décadas y condiciona fines de semana, vacaciones, viajes y hasta celebraciones familiares.

Y ahí es donde empiezan algunas preguntas incómodas. ¿Qué ocurre cuando se fijan partidos en horarios que dificultan enormemente que el socio pueda acudir? ¿Quién piensa en el que trabaja, en el que tiene hijos, en el que vive lejos del estadio o en quien lleva décadas haciendo auténticos malabarismos para conseguir estar en la grada?

Cuando el horario mira antes a la televisión que a la grada

El calendario y los horarios parecen diseñados cada vez más pensando en las necesidades de las televisiones y de la industria que en las de quienes llenan las gradas. El partido debe verse en países exóticos y lejanos, y ese motivo termina prevaleciendo sobre el aficionado local. Entiendo la importancia económica de la televisión y del crecimiento internacional, pero resulta legítimo preguntarse hasta qué punto debe pagar siempre el mismo esa expansión.

Y el club es cómplice cuando se priorizan conciertos, pistas de hielo u otros intereses alrededor del estadio a costa de situaciones que acaban afectando al abonado. En agosto y septiembre aparecen horarios que pueden resultar difíciles incluso para la salud por las temperaturas, mientras que en invierno llegan partidos nocturnos de domingo a los que resulta complicado acudir y, sobre todo, regresar después a casa.

La contradicción

«Y si no acudimos al Metropolitano, el Atleti nos castiga».

Ser aficionado tampoco resulta sencillo fuera del estadio

Además está todo lo que rodea al Atleti. Porque ser aficionado rojiblanco tampoco resulta sencillo cuando tienes la sensación de que determinados medios nacionalmadridistas convierten cualquier asunto relacionado con nuestro club en un motivo permanente de polémica. Cada derbi, cada partido, cada decisión arbitral, cada declaración y cada incidente adquieren una repercusión mediática que muchas veces termina generando un ambiente de enfrentamiento que poco tiene que ver con disfrutar del fútbol.

Quien quiera profundizar en esa sensación puede volver a mi anterior artículo en esta misma web, «La Berrea», o escuchar el programa 97 del podcast de culto El Tridente de Neptuno. Porque el socio vuelve a encontrarse ahí, en medio, intentando disfrutar de su equipo mientras alrededor se construye un ruido permanente que acaba formando también parte de la experiencia de ser atlético.

Seguridad sí; sentirse sospechoso antes de entrar, no

Y el socio también está ahí cuando llega al estadio y se encuentra con controles y actuaciones policiales en los accesos que, en ocasiones, se viven con una intensidad difícil de comprender. No hablo de cuestionar la necesidad de garantizar la seguridad. Por supuesto que debe existir. Hablo de las formas y de cómo, algunas veces, el aficionado puede sentirse tratado antes incluso de entrar a su propio estadio.

Y dejo al margen la última final de Copa disputada en La Cartuja, donde llegó a peligrar la integridad de algunos aficionados y no precisamente solo por el fútbol: el calor, las distancias para llegar al estadio, determinadas situaciones en los accesos, la falta de agua en el interior o la salida dejaron una experiencia que muchos recordarán por razones muy distintas a las que deberían acompañar una final.

La pregunta incómoda

«¿Quién defiende al socio del Atleti?»

Muchas veces no sabemos si el club está con nosotros

No sabemos siempre qué hace el club ante determinadas situaciones. No sabemos hasta dónde llega su defensa de sus abonados cuando consideran que han recibido un trato injusto. No sabemos cuándo exige explicaciones, cuándo protesta o hasta qué punto decide plantarse ante aquello que afecta directamente a su gente. Y quizá el problema sea precisamente ese: demasiadas veces no sabemos si el club está con nosotros.

Desde El Tridente de Neptuno utilizamos una frase para resumirlo: «El Club se queja en la intimidad». Puede hacerlo, quizá incluso lo haga más veces de las que conocemos. Pero si el resultado para el aficionado es que nunca sabe cuál ha sido la postura de la entidad, la sensación termina siendo prácticamente la misma.

Si somos clientes para pagar, deberíamos ser algo más cuando necesitamos al club

Porque si somos clientes cuando toca pagar, deberíamos ser algo más que clientes cuando necesitamos que se escuche nuestra voz. El Atlético puede y debe ser una empresa. Puede tener una estrategia comercial, buscar nuevos mercados, atraer patrocinadores y convertirse en una marca global. Nada de eso me parece incompatible con el fútbol profesional actual.

Lo que sí sería incompatible es olvidar qué hizo posible que esa marca tenga hoy el valor que tiene. Ningún departamento comercial inventó de la nada el Atlético de Madrid. La marca que ahora puede venderse alrededor del mundo existe porque detrás había previamente generaciones enteras de personas dispuestas a sufrir por ella.

Hay algo que ninguna estrategia de marketing puede fabricar

La fidelidad de una grada. Esa fidelidad no nació en un departamento de marketing, no necesitó una campaña publicitaria y tampoco apareció cuando el club empezó a hablar de internacionalización. Se construyó durante generaciones, en campos embarrados, en temporadas mediocres, en descensos, en remontadas, en finales perdidas y ganadas, en viajes, en bufandas y en miles de domingos aguantando la lluvia en el Calderón.

También se construyó pasando frío o calor, con gusto, simplemente por estar junto al Atleti. Nadie obligaba a aquellas generaciones a hacerlo. Lo hicieron porque ese equipo no era un producto que consumían durante noventa minutos, sino algo que terminó formando parte de sus vidas y que después transmitieron a quienes venían detrás.

Lo que no se compra

«Hay algo que ninguna estrategia de marketing puede fabricar: la fidelidad de una grada».

La pregunta no es si el Atleti es una empresa

Por eso, quizá la cuestión no sea si el Atleti se ha convertido en una empresa. Evidentemente ha adquirido una dimensión empresarial y comercial propia de un club de esta magnitud. La verdadera cuestión es otra: qué lugar ocupa el socio dentro de esa empresa.

¿O debería llamarme cliente? Porque detrás de cada abono hay una persona. Detrás de cada asiento hay una historia. Y detrás de cada aficionado hay alguien que no está consumiendo simplemente un producto.

Está defendiendo una parte de su vida.

Desde la Grada

«Detrás de cada aficionado hay alguien que no está consumiendo simplemente un producto. Está defendiendo una parte de su vida».

Y eso, por mucho que crezca la empresa, no debería tener precio.
Vicente Camacho Jiménez
Desde la Grada
¡Aúpa Atleti!
Vicente Camacho Jiménez, columnista de El Rincón Atlético
Sobre el autor
Vicente Camacho Jiménez

Socio abonado del Atlético de Madrid, colaborador de El Rincón Atlético y miembro del podcast de culto al Atleti #El_Tridente_de_Neptuno. Autor de la columna Desde la Grada.

Desde la Grada

El Atlético visto desde el asiento del socio: fútbol, afición, identidad y todo aquello que sucede alrededor de la grada.

El debate del Rincón

¿Sigue siendo el socio parte del club o cada vez se le trata más como un cliente?

Horarios, accesos, televisión, negocio y defensa del abonado. Te leemos en comentarios.

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