Dos goles explican el resultado. No explican el cambio. Álex Baena ha comenzado la temporada jugando con una seguridad diferente, apareciendo en prácticamente todas las alturas del ataque y asumiendo una responsabilidad que Simeone ya no parece dispuesto a rebajar. Sevilla confirmó que el Atlético ha encontrado algo más que un futbolista en forma: ha encontrado a un jugador que empieza a sentirse imprescindible.
Hay futbolistas que necesitan tiempo para encontrar su sitio. Otros necesitan un contexto. Y hay quienes, sencillamente, necesitan sentirse importantes. Álex Baena parece haber encontrado las tres cosas al mismo tiempo.
Lo ocurrido en el Ramón Sánchez-Pizjuán no fue únicamente el doblete de un jugador en estado de gracia. Fue una confirmación. Baena ha empezado la temporada convertido en uno de los futbolistas que más condicionan el juego del Atlético de Madrid y, quizá más importante, está haciéndolo sin necesitar una posición fija desde la que gobernar.
El Atlético venció 1-3 al Sevilla. Baena abrió el marcador a los cuatro minutos y volvió a aparecer en el 33 para colocar el 0-3. Entre medias, Lookman había marcado el segundo. En poco más de media hora, el equipo de Simeone había prácticamente resuelto uno de esos partidos que durante años le obligaban a sufrir hasta el final.
Pero reducir la actuación de su número 10 a dos remates sería quedarse en la superficie. Lo verdaderamente interesante sucedió antes de los goles, entre ellos y después.
El falso nueve fue solo el punto de partida
Simeone llegó a Sevilla condicionado por dos ausencias que afectaban directamente a su ataque. Ni Julián Álvarez ni Alexander Sørloth estaban disponibles. No había un delantero centro natural sobre el que construir el plan.
La respuesta fue alejarse de la necesidad de sustituirlos hombre por hombre. Baena apareció como falso nueve, Giuliano ofreció profundidad, Lookman partió con libertad desde la izquierda y Kang-in Lee se movió alrededor de todos ellos.
Sobre el papel, Baena era el futbolista más adelantado en muchos momentos. Sobre el césped, aquello significaba bastante poco.
Porque el almeriense bajaba al centro del campo cuando la jugada lo necesitaba. Se aproximaba a Pablo Barrios y Hjulmand para crear una superioridad. Se colocaba a la espalda de los centrocampistas sevillistas. Caía a un costado. Se alejaba del central. Y cuando el Atlético conseguía progresar, hacía exactamente lo contrario: atacaba el área.
Un delantero cuando había que finalizar. Un centrocampista cuando había que construir. Un mediapunta cuando había que recibir entre líneas.
Esa multiplicación de funciones convirtió su posición en una pregunta permanente para el Sevilla. Y en fútbol, obligar al rival a decidir constantemente ya supone una ventaja.
Dos goles y dos maneras distintas de mandar
Los dos goles ayudan a comprender ese nuevo Baena porque nacen de situaciones diferentes.
En el primero, Kang-in Lee encontró su movimiento a la espalda de la defensa. Baena no esperaba el balón estático entre los centrales. Detectó el espacio, lo atacó y recibió ya orientado hacia portería. La jugada terminó con un remate raso cruzado y el 0-1 cuando apenas habían transcurrido cuatro minutos.
Es un gol de delantero en la ejecución, pero de futbolista móvil en su nacimiento.
El segundo cuenta otra historia. Marcos Llorente encontró a Baena fuera del área y el ’10’ decidió terminar la jugada desde allí. Derechazo cruzado, balón abajo, junto al palo y 0-3.
No necesitó una ocasión perfecta. No buscó un toque adicional. No esperó a que la jugada mejorara.
Vio la portería y asumió la responsabilidad.
Kang-in ve el movimiento. Baena aparece desde fuera de la referencia y define cruzado.
Llorente le encuentra fuera del área. Baena no duda: arma la derecha y termina la jugada.
Esa última diferencia puede ser la más importante de todas.
Porque Baena siempre ha tenido sensibilidad técnica, último pase, lectura del espacio y capacidad asociativa. Lo que puede transformar definitivamente su dimensión en el Atlético es que empiece a convertir esas virtudes en producción directa y constante.
No únicamente participar en el gol. Marcarlo.
El Mundial no le dio talento: le quitó la duda
Ahí aparece el elemento emocional que explica buena parte de este comienzo de temporada.
El talento no nació en el Mundial. Tampoco la visión de juego, la calidad técnica o la capacidad para encontrar espacios. Todo eso ya estaba.
Lo que parece diferente es la relación de Baena con sus propias decisiones.
El futbolista que regresó como campeón del mundo transmite menos necesidad de validar cada acción. Arriesga. Remata. Se ofrece. Pide el balón. Ocupa una zona que no es exactamente la suya y actúa como si llevara meses jugando allí.
Simeone puso palabras a esa transformación después del partido. Habló de confianza, seguridad, alegría y del impacto emocional que tuvo el Mundial sobre su jugador. Y el propio Baena reconoció también que volver como campeón y después del torneo que realizó elevó su confianza.
El Mundial no parece haber cambiado lo que Baena sabe hacer. Ha cambiado la convicción con la que lo hace.
Esa diferencia puede parecer psicológica, pero tiene consecuencias tácticas muy concretas.
Un futbolista seguro juega antes. Necesita menos contactos para decidir. Interpreta un espacio y lo ataca sin esperar una segunda confirmación. Cuando recibe cerca del área no siempre piensa en prolongar la jugada: también piensa en terminarla.
Y en un jugador con la capacidad de Baena, unos décimas de segundo menos de duda pueden convertirse en una enorme diferencia.
Simeone ya no quiere protegerle: quiere exigirle
Hay otra señal importante en las palabras del entrenador.
Simeone no trató la actuación como una agradable sorpresa. No presentó a Baena como un futbolista joven al que haya que permitirle crecer lentamente. Su mensaje fue otro.
“Necesitamos esto de Baena y se lo vamos a exigir”.
La frase cambia la escala del análisis.
Porque exigir continuidad solo tiene sentido cuando ya no consideras una actuación excepcional como una excepción. Simeone sabe que Baena puede jugar a este nivel. Y precisamente por eso pretende convertirlo en su estándar.
Para un futbolista diferencial, quizá no exista una señal de confianza mayor.
Baena no juega solo: el Atlético ha empezado a darle un ecosistema
Sería injusto convertir todo lo ocurrido en Sevilla en una cuestión exclusivamente individual. Baena brilló porque estuvo extraordinario, pero también porque el equipo empezó a generar el contexto que permite potenciar ese tipo de futbolistas.
Pablo Barrios dio continuidad y capacidad para romper líneas. Hjulmand ofreció equilibrio por detrás. Kang-in Lee encontró espacios interiores y produjo asociaciones rápidas. Lookman amenazó la profundidad. Giuliano obligó al Sevilla a vigilar permanentemente el espacio.
El resultado fue un Atlético con muchos jugadores capaces de intercambiar alturas sin perder necesariamente su estructura.
Simeone destacó precisamente la capacidad del equipo para encontrar futbolistas que llegaran desde segunda línea ante la ausencia de sus dos delanteros centro.
Esa frase ayuda a explicar por qué la actuación de Baena tiene una dimensión mayor que sus dos goles.
El Atlético no sustituyó a su delantero centro. Cambió la manera de ocupar el espacio que normalmente pertenece al delantero centro.
Y Baena fue quien mejor interpretó esa libertad.
El gran salto está en convertir influencia en goles
El Atlético lleva años buscando jugadores capaces de producir fútbol alrededor del área. Pero existe una diferencia enorme entre generar una ocasión y terminarla.
Baena ya demostraba antes que podía asistir, asociarse, activar a un compañero y encontrar el pase que altera una defensa. Lo que este inicio de curso plantea es algo más ambicioso: qué ocurre si además empieza a convertirse en un goleador recurrente.
Entonces su estatus cambia.
Porque un centrocampista ofensivo que participa en la creación es importante. Un centrocampista ofensivo que además alcanza cifras de delantero se convierte en una pieza estructural.
El gran desafío de Baena ya no consiste en demostrar que puede dominar un partido. Consiste en conseguir que hacerlo deje de parecernos extraordinario.
Esa es la continuidad que Simeone está reclamando.
Y ahora llega la pregunta más interesante: ¿qué pasa cuando vuelva el nueve?
Sevilla permitió descubrir una solución nacida de una necesidad. Pero las soluciones buenas no deberían desaparecer simplemente porque desaparezca la necesidad que las provocó.
Cuando Simeone vuelva a disponer de un delantero centro natural, la cuestión no será si Baena debe continuar jugando como falso nueve. Probablemente esa sea incluso la pregunta equivocada.
La verdadera cuestión será cuánta de la libertad que tuvo en Sevilla puede conservar cuando haya una referencia por delante.
Con un nueve que fija centrales, Baena podría disponer incluso de mejores espacios a su espalda. Podría recibir entre líneas sin tener que ser él mismo quien ocupe permanentemente la última altura. Podría llegar desde segunda línea contra defensas obligadas a preocuparse también por el área.
Es decir: lo descubierto en Sevilla no tiene por qué competir con Julián o Sørloth.
Puede complementarlos.
Siete puntos, siete goles y una señal distinta
El Atlético alcanza los siete puntos después de tres jornadas. Ha marcado siete goles y continúa invicto después de vencer al Málaga, empatar con el Villarreal y ganar en Sevilla.
Es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas sobre el equipo. Agosto no decide una Liga. Una buena primera parte tampoco convierte automáticamente una propuesta en sostenible durante diez meses.
Pero sí existen señales.
Y la de Baena probablemente sea una de las más importantes.
Ya no es una promesa de lo que puede ser
Durante mucho tiempo, hablar de un futbolista como Baena consistía inevitablemente en proyectar. En imaginar hasta dónde podía llegar si mejoraba determinadas cifras, si encontraba continuidad o si conseguía trasladar todo su talento a los partidos de máxima exigencia.
Sevilla invita a cambiar el tiempo verbal.
No porque un doblete resuelva todas las preguntas, sino porque su actuación enseñó varias de las respuestas que Simeone necesita.
Fue delantero cuando el partido exigió remate. Fue mediapunta cuando encontró espacio entre líneas. Bajó para ayudar a construir. Atacó profundidad. Participó alrededor del área. Asistió a Lookman en otra ocasión clara. Y cuando tuvo que terminar la jugada, terminó.
Todo ello mientras el Atlético producía posiblemente sus mejores sesenta minutos del inicio de temporada.
Ese contexto importa porque explica la principal diferencia entre tener talento y ejercer influencia.
Dos goles en Sevilla pueden desaparecer rápidamente entre los cientos que dejará la temporada. Lo que debería permanecer es aquello que los produjo: la libertad para moverse, la capacidad para interpretar el espacio y una confianza que ha eliminado buena parte de la duda.
Baena ya no juega esperando demostrar que puede ser importante.
Juega como alguien que ya sabe que lo es.
El Mundial parece haber acelerado ese cambio. Simeone le ha dado responsabilidad. El equipo empieza a proporcionarle un entorno con más jugadores capaces de asociarse a su alrededor. Y Baena está devolviendo todo eso con producción.
El doblete del Sánchez-Pizjuán será la imagen fácil de recordar.
Quizá la verdadera noticia esté en otra parte.
En que el Atlético parece haber dejado de preguntarse dónde colocar a Baena para empezar a preguntarse cómo organizar el equipo para que aparezca más veces.
Ese es un cambio enorme.
Porque cuando un equipo empieza a adaptarse a un futbolista en lugar de pedirle constantemente al futbolista que se adapte al equipo, normalmente es porque ese jugador ha alcanzado otra categoría.
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¿Debe Simeone mantener esta libertad para Baena cuando vuelvan Julián y Sørloth?
Te leemos en los comentarios.

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