Carranza, Teresa Herrera, Colombino, Villa de Madrid… Juan Emilio Ríos Vera recorre una parte de la historia rojiblanca que explica cómo eran aquellas pretemporadas en las que levantar una copa también importaba.
Las pretemporadas de los grandes equipos de nuestra Liga son ahora muy diferentes a las de antaño. En nuestros días, los partidos amistosos que se agendan tienen, en su mayor parte, fines económicos y publicitarios: se busca la visibilidad en el “planeta fútbol”, vender camisetas y otros productos de merchandising, abrir mercados en latitudes todavía por explorar o conseguir importantes ingresos mediante giras y torneos internacionales.
Y, por supuesto, también sirven para lo que siempre ha servido una pretemporada: probar futbolistas, integrar a los nuevos fichajes, acumular minutos y preparar al equipo para cuando empiece la competición de verdad.
Antes era diferente.
La pretemporada era casi sinónimo de participar en los grandes torneos veraniegos de nuestra vieja piel de toro. Eran una magnífica piedra de toque para ir tomando contacto con el césped antes del comienzo de la Liga, sí, pero también existía otro objetivo: ganar el torneo y levantar aquel preciado trofeo.
Muchos de aquellos trofeos eran auténticas joyas de orfebrería: piezas de gran valor, dimensiones imponentes y diseños que convertían el premio en algo reconocible casi a primera vista.
El Atlético de Madrid era además uno de los equipos más codiciados por los organizadores. Su presencia suponía un gran reclamo para los aficionados locales y para los miles de turistas que llenaban durante el verano ciudades como Cádiz, A Coruña, Huelva, Valencia y tantos otros puntos de nuestra geografía.
Hoy quiero detenerme precisamente ahí: en el extraordinario palmarés del Atlético en aquellos torneos que muchas veces tuvieron bastante menos de amistosos de lo que indicaba su nombre.
Trofeo Ramón de Carranza: 11 títulos
El Atlético ha ganado 11 veces el Trofeo Ramón de Carranza, una de las grandes citas históricas del verano español. La competición nació en Cádiz en 1955 y durante décadas fue conocida como “el trofeo de los trofeos”.
Su historia está además estrechamente vinculada a la popularización de las tandas de penaltis. En 1962, el periodista gaditano Rafael Ballester introdujo en el reglamento del torneo la resolución de los empates mediante lanzamientos desde el punto de penalti, una fórmula mucho más justa que los antiguos procedimientos basados en el azar.
Para el Atlético, Cádiz siempre ha tenido algo especial. Los rojiblancos han levantado el gigantesco trofeo en 1968, 1976, 1977, 1978, 1991, 1995, 1997, 2003, 2014, 2015 y 2022.
Trofeo Teresa Herrera: seis Torres de Hércules
Otro de los templos estivales del fútbol español está en A Coruña. El Trofeo Teresa Herrera comenzó a disputarse en 1946 y está considerado el decano de los grandes torneos veraniegos españoles.
Por él han pasado algunos de los mejores clubes y futbolistas de la historia del fútbol. Su emblemático trofeo representa la Torre de Hércules, uno de los grandes símbolos de la ciudad coruñesa.
El Atlético conserva seis Teresa Herrera en sus vitrinas, conquistados en 1956, 1965, 1973, 1985, 1986 y 2009.
Trofeo Colombino: seis carabelas para el Atlético
Huelva posee otro de los nombres inseparables de aquellas pretemporadas: el Trofeo Colombino, organizado por el Recreativo de Huelva y disputado por primera vez en 1965.
El Atlético se ha proclamado campeón en 1966, 1972, 1991, 1993, 2002 y 2011, seis conquistas que lo mantienen entre los clubes con mayor presencia en el palmarés de la competición.
Su premio es otra de esas piezas que explican perfectamente la personalidad de los viejos torneos de verano: una carabela de plata que recuerda la vinculación de Huelva con los viajes colombinos y el descubrimiento de América.
Villa de Madrid: el torneo que era nuestro
Y luego estaba el nuestro.
Durante décadas, el Atlético organizó el Trofeo Villa de Madrid, una cita que servía para presentar el equipo a su afición y convertir el verano en una fiesta rojiblanca en el Vicente Calderón.
Se estrenó en 1973 y su última edición bajo ese nombre tuvo lugar en 2003. No se disputó en 1999 ni en 2001 por problemas de calendario. Durante aquellos años pasaron por Madrid gigantes como Milan, Liverpool, River Plate, Ajax, Benfica, São Paulo, Inter o Boca Juniors.
El Atlético fue, con enorme diferencia, su gran dominador: 18 títulos.
En 2004 hubo todavía una especie de epílogo. Por motivos comerciales se organizó el Trofeo Hellboy, relacionado con la promoción de la película del mismo nombre. También lo ganó el Atlético. Desde entonces, aquella cita propia de cada verano no ha vuelto a celebrarse, desgraciadamente, pese a que somos muchos los atléticos que la recordamos y seguimos echándola de menos.
Una vitrina mucho más grande de lo que parece
Porque, además de esos grandes torneos, el Atlético fue conquistando durante las décadas una enorme cantidad de competiciones más pequeñas, locales o efímeras. Algunas sobrevivieron durante años; otras apenas tuvieron unas pocas ediciones. Pero todas forman parte de la historia del club.
También hay historia en el ámbito regional
Si ampliamos el foco más allá de los torneos estrictamente veraniegos, la historia rojiblanca también conserva 1 Copa Presidente de la Federación Castellana, 3 Copas Ramón Triana, 1 Campeonato de la Región de Madrid y 4 Copas del Centro Mancomunado.
Y el Atlético también levantó copas lejos de España
La internacionalización de las pretemporadas tampoco es algo completamente nuevo. El Atlético ha recorrido el mundo durante décadas y en esos viajes también dejó una importante colección de trofeos.
Algunos serán recordados por casi todos. Otros obligarán incluso al atlético más veterano a hacer memoria. Pero precisamente ahí reside parte de su encanto.
Hay que salir a ganar hasta los entrenamientos
Y es que, como decía Luis Aragonés, hay que salir a ganar hasta los entrenamientos.
Esa es la mentalidad ganadora. No se puede dejar de querer ganar un título cuando se compite con la camiseta del Atlético de Madrid. Levantar una copa y llevarla orgullosamente a nuestras vitrinas no puede ser un acto baladí.
No hay competición pequeña. Tampoco hay ningún partido ganado de antemano solamente por llevar un determinado escudo en la camiseta.
Por eso no he querido dejar estos trofeos en el olvido. Por grandes o pequeños que sean, todos forman parte de la historia de nuestra entidad.

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