El Atlético pone una de las etapas decisivas de su Academia en manos de dos técnicos que conocen la casa. Competir será obligatorio; preparar futbolistas para el siguiente escalón, la verdadera medida del proyecto.
En una cantera, algunos nombramientos dicen mucho más que el nombre del entrenador que ocupará un banquillo. El Atlético de Madrid Juvenil A comienza una nueva etapa bajo la dirección de Pedro Moya, acompañado por Borja Resurrección, y detrás de la elección aparece una idea que afecta directamente al futuro de la Academia rojiblanca.
Porque el Juvenil A no es una categoría cualquiera. Es una de las últimas estaciones antes de que un futbolista deje definitivamente atrás el fútbol formativo y tenga que demostrar que está preparado para competir contra adultos. Entre ese vestuario y el Atlético Madrileño hay una distancia mucho menor de la que parece.
Pedro Moya llega con una idea reconocible
Moya conoce bien el escalón que espera a sus nuevos jugadores. La pasada temporada formó parte del cuerpo técnico del Atlético de Madrid C, segundo entrenador de un equipo que terminó celebrando el ascenso a Segunda Federación.
Esa experiencia resulta especialmente valiosa. Quien dirige el Juvenil A necesita pensar en el presente sin perder de vista lo que encontrarán sus futbolistas cuando abandonen definitivamente las competiciones juveniles.
Y Moya ya ha dejado bastante clara cuál quiere que sea la identidad de su equipo. Ha hablado de un Atlético alegre, dinámico, intenso, valiente y protagonista con el balón. Un conjunto que no espere a que sucedan las cosas, sino que intente provocarlas desde el inicio.
Dinamismo: un equipo activo y con ritmo.
Valentía: jugar para ganar desde el comienzo.
Formación: preparar al futbolista para el siguiente escalón.
Competición: desarrollar talento sin renunciar al resultado.
Borja Resurrección conoce lo que viene desde abajo
A su lado estará Borja Resurrección, otro hombre que llega con información privilegiada sobre el talento que crece dentro de la Academia. La pasada campaña dirigió al Cadete B rojiblanco y terminó conquistando el campeonato liguero.
Su incorporación al cuerpo técnico aporta algo que va más allá de una buena temporada anterior. Borja conoce los procesos, los ritmos y buena parte de los futbolistas que avanzan desde categorías inferiores. Sabe qué exige el Atlético y sabe también que no todos los jugadores evolucionan a la misma velocidad.
Esa información puede resultar fundamental en una etapa en la que las decisiones empiezan a tener consecuencias importantes. Ya no basta con detectar talento. Hay que saber cuándo acelerar a un futbolista, cuándo protegerlo y cuándo exigirle un paso más.
En el Juvenil A comienza una de las decisiones más delicadas de cualquier Academia: distinguir al buen jugador juvenil del futbolista que realmente puede estar preparado para competir muy pronto en categoría sénior.
El Juvenil A, ese territorio entre formar y competir
Ahí se encuentra probablemente el gran desafío del nuevo cuerpo técnico. En categorías inferiores siempre aparece la misma discusión: ¿hay que priorizar los títulos o la formación?
Planteada así, quizá la pregunta sea demasiado sencilla. Un club como el Atlético no debería elegir entre una cosa y otra. La competición también forma. Jugar partidos importantes, gestionar la presión, defender una camiseta que obliga a ganar y aprender a reaccionar después de una derrota son partes esenciales del desarrollo de un futbolista.
Pero el resultado tampoco puede convertirse en una jaula. Si un jugador está preparado para dar el salto al Madrileño, retenerlo únicamente para aumentar las posibilidades de conquistar un campeonato juvenil tendría poco sentido desde una perspectiva formativa.
Y eso significa que habrá decisiones incómodas. Futbolistas que abandonen antes de tiempo una categoría, juveniles que entrenen con equipos superiores y jugadores importantes que quizá dejen de estar disponibles precisamente porque su evolución está avanzando más rápido de lo previsto.
El siguiente escalón se llama Atlético Madrileño
El trabajo de Pedro Moya y Borja Resurrección tendrá inevitablemente una referencia por encima: el Atlético Madrileño. El filial es el lugar en el que la promesa deja de competir contra jugadores de su misma edad y empieza a descubrir otra realidad.
La Primera Federación castiga errores que en categorías juveniles pueden pasar desapercibidos. Los duelos tienen otra intensidad, las decisiones deben tomarse más rápido y la diferencia física deja de poder resolverse únicamente con talento.
Por eso la preparación del Juvenil A debe acercarse cada vez más a ese fútbol. No consiste en convertir prematuramente a los chicos en jugadores profesionales, sino en conseguir que el salto resulte menos traumático cuando llegue su momento.
La Academia también construye el Atlético del futuro
Mientras la mayor parte de los focos estarán puestos en el Metropolitano, los fichajes y el primer equipo de Simeone, una parte importante del futuro del club seguirá construyéndose mucho más lejos del ruido.
Ahí reside también el interés del nuevo proyecto. Quizá dentro de uno o dos años alguno de los futbolistas que hoy empieza esta etapa termine entrenándose con el Madrileño. Quizá alguno avance todavía más. No todos llegarán, porque la élite siempre funciona como un filtro brutal, pero la responsabilidad de la Academia consiste precisamente en conseguir que aquellos que tengan condiciones encuentren un camino.
Pedro Moya y Borja Resurrección reciben ahora una de las responsabilidades más delicadas de ese proceso. No simplemente gestionar un Juvenil A, sino ayudar a decidir quién puede convertirse en el siguiente futbolista preparado para avanzar.
El éxito de este Juvenil A no debería medirse únicamente en una clasificación ni exclusivamente en el número de jugadores promocionados. El verdadero triunfo será competir por todo mientras los mejores dejan de necesitar el Juvenil porque ya están preparados para algo más.
Sobre el autor
Francisco Javier Serrano
Redactor de El Rincón Atlético especializado en la actualidad del Atlético Madrileño, Atlético Femenino, la Academia y las jóvenes promesas rojiblancas.
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