Completó 51 de 58 pases, recuperó ocho balones y ganó seis de nueve duelos ante el Málaga. Pero la importancia de Pablo Barrios en el Atlético empieza precisamente donde terminan las estadísticas.
Kang-in Lee marcó. Álex Baena apareció desde el banquillo para terminar de resolver el partido. Jorge Domínguez hizo historia con 16 años.
El estreno del Atlético ante el Málaga dejó suficientes protagonistas como para que algunos partidos importantes pasaran algo más desapercibidos.
Y uno de ellos fue el de Pablo Barrios.
No necesitó marcar. Tampoco dar una asistencia. Ni aparecer en la fotografía de ninguno de los dos goles.
Simplemente volvió a hacer aquello que cada vez parece más importante para este Atlético: conseguir que casi todo funcione un poco mejor cuando el balón pasa por él.
Los números son buenos. Lo importante es dónde los consigue
Completar el 88% de los pases puede decir mucho o prácticamente nada dependiendo de dónde reciba un futbolista, hacia dónde juegue y qué riesgo asuma.
Con Barrios ocurre algo diferente.
No vive escondido detrás de la jugada. Aparece donde el partido empieza a complicarse. Recibe cuando el rival cierra espacios, gira si encuentra medio metro, conduce si el pase todavía no existe y rompe una línea cuando el Atlético necesita salir de una presión.
Y cuando pierde el balón, vuelve.
Las ocho recuperaciones, las tres intercepciones y los seis duelos ganados ante el Málaga dibujan precisamente esa segunda parte de su fútbol: Barrios no solamente ayuda a que el Atlético juegue. También ayuda a que pueda volver a jugar cuanto antes.
El Atlético ha fichado centrocampistas, pero ninguno es Barrios
Y ahí aparece posiblemente la mejor forma de dimensionar su importancia.
El Atlético ha dedicado mucho esfuerzo durante los últimos mercados a construir un centro del campo más profundo.
Ha llegado Morten Hjulmand para ofrecer jerarquía y capacidad de organización desde una posición más retrasada. Johnny Cardoso aporta físico, recorrido y recuperación. Koke continúa siendo el futbolista que mejor entiende determinados ritmos del equipo. Rodrigo Mendoza y Obed Vargas ofrecen otras posibilidades de presente y futuro.
Pero ninguno reproduce exactamente lo que ofrece Barrios.
Y quizá ni siquiera deban hacerlo.
Su importancia se entendió todavía mejor cuando no estuvo
La temporada pasada dejó una prueba bastante incómoda para Simeone.
Barrios comenzó el curso creciendo hasta convertirse en una de las piezas más importantes del centro del campo. Sin embargo, las lesiones musculares fueron cortando repetidamente su continuidad durante la segunda mitad de la campaña.
Acabó disputando 35 partidos oficiales y 2.452 minutos, pero el problema no estuvo únicamente en lo que dejó de jugar.
Estuvo en cómo cambiaba el Atlético cuando faltaba.
Al equipo le resultaba más difícil encontrar un futbolista que conectara la salida con los metros finales sin obligar a Simeone a sacrificar otra cosa por el camino. Su ausencia llegó a alterar buena parte del plan del técnico durante el tramo decisivo de la temporada.
Simeone quiere liberarlo, no esconderlo
La llegada de nuevos centrocampistas puede provocar una consecuencia especialmente interesante.
Cuanto más protegido esté Barrios por detrás, más posibilidades tendrá de aparecer donde puede hacer todavía más daño.
Simeone lleva tiempo tratando de adelantar su posición en determinados contextos. No para convertirlo en mediapunta, sino para aprovechar mejor esa facilidad con la que rompe líneas conduciendo y llega a zonas en las que una acción individual puede cambiar un ataque.
Hjulmand puede ayudar precisamente ahí. También Cardoso.
Si ellos consiguen asumir más responsabilidades en la base, Barrios puede dejar de gastar tantos metros organizando el inicio de la jugada y emplearlos llegando hasta donde normalmente ocurren las cosas decisivas.
Lo siguiente es convertir influencia en cifras
Ese es probablemente el siguiente escalón.
Barrios ya puede influir enormemente en un partido sin aparecer en los goles. Ante el Málaga volvió a hacerlo.
Pero para convertirse en uno de los grandes centrocampistas de Europa tendrá que añadir con mayor regularidad aquello que termina apareciendo en los resúmenes: goles, asistencias y últimos pases.
No necesita convertirse en un futbolista de quince goles.
Necesita conseguir que toda esa capacidad para transportar al equipo hacia delante tenga cada vez más consecuencias cuando alcanza los últimos veinte metros.
De la Academia a un contrato hasta 2030
Todo ocurre además con un futbolista que todavía tiene 23 años y cuyo recorrido dentro del club explica buena parte del valor que representa.
Barrios llegó a la Academia rojiblanca siendo adolescente después de abandonar la cantera del Real Madrid. Debutó con Simeone en octubre de 2022, comenzó a derribar etapas con una velocidad extraordinaria y superó los cien partidos con el primer equipo antes de que el Atlético decidiera blindarlo hasta junio de 2030.
Por el camino conquistó el oro olímpico con España en París 2024 y llegó también a la selección absoluta.
Ya no estamos hablando, por tanto, de una promesa de la cantera a la que hay que esperar. Estamos hablando de uno de los futbolistas sobre los que se está construyendo el presente del Atlético.
No tiene que ser el nuevo Koke
La comparación resulta inevitable por procedencia, posición y contexto.
Koke representa desde hace más de una década el centro del campo del Atlético. Barrios es un canterano que ha llegado cuando el capitán empieza progresivamente a entrar en otra fase de su carrera.
Pero probablemente sea injusto pedirle que se convierta en su copia.
Son futbolistas distintos.
Koke ha construido buena parte de su grandeza desde la lectura, la orientación y el control del ritmo. Barrios tiene una capacidad mucho más natural para romper el partido con las piernas. El Atlético no necesita fabricar otro Koke. Necesita descubrir hasta dónde puede llevarle Pablo Barrios siendo Pablo Barrios.
Ante el Málaga no marcó ninguno de los goles.
Probablemente tampoco aparecerá como uno de los grandes protagonistas cuando dentro de unas semanas alguien recuerde el 2-0.
Pero hubo un futbolista que estuvo allí durante los 90 minutos, que completó 51 pases, recuperó ocho balones y ayudó al Atlético a mantenerse dentro del partido hasta que aparecieron los genios desde el banquillo. Ese también fue Pablo Barrios.

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