Radomir Antic convirtió un equipo necesitado de certezas en una máquina competitiva. Pantic puso la magia, Caminero el talento, Simeone el carácter y Kiko la alegría. Juntos conquistaron Liga y Copa y escribieron una temporada que todavía parece imposible.
Escrito por
Diego Herranz
Director · Historia, primer equipo y actualidad del Atlético de Madrid
Hay temporadas que se recuerdan por un título. Otras, por un gol. Algunas sobreviven gracias a una fotografía, una camiseta o una canción que vuelve a escucharse muchos años después.
La temporada 1995/96 se recuerda por todo.
Por un entrenador que llegó para ordenar el caos y terminó levantando dos trofeos. Por un futbolista desconocido que convirtió cada falta y cada córner en una amenaza. Por un portero que cerró su área. Por un mediocampo que mezclaba talento, oficio y rebeldía. Por dos delanteros capaces de hacer sonreír al Vicente Calderón antes incluso de marcar.
Y, sobre todo, por un Atlético de Madrid que dejó de mirar hacia arriba con nostalgia y comenzó a caminar como si nadie pudiera detenerlo.
UNA TEMPORADA ETERNA
El Atlético no ganó solamente una Liga y una Copa. Recuperó la certeza de que podía ser el mejor equipo de España.
EL VERANO EN EL QUE TODO CAMBIÓ
Radomir Antic no prometió milagros: construyó un equipo
El Atlético llegó a aquel verano necesitado de estabilidad, autoridad y una idea reconocible. El club tenía grandes futbolistas, pero necesitaba que las piezas dejaran de convivir y comenzaran a funcionar juntas.
Radomir Antic entendió el problema desde el primer día. No intentó construir un equipo alrededor de un único nombre ni buscó refugio en una propuesta grandilocuente. Su revolución nació del equilibrio.
El técnico serbio organizó al Atlético desde la defensa, pero nunca lo convirtió en un equipo temeroso. Quería líneas juntas, laterales con recorrido, centrocampistas capaces de competir y atacantes con libertad para expresarse. El orden no debía limitar el talento. Debía protegerlo.
LA IDEA DE ANTIC
Cada jugador conocía su función, pero ninguno sentía que el sistema le impedía ser él mismo.
Antic consiguió algo más difícil que diseñar una alineación: logró que los futbolistas creyeran en ella. El Atlético comenzó la Liga como un equipo bien trabajado y, con el paso de las jornadas, terminó comportándose como un campeón que todavía no había recibido la copa.
LOS HOMBRES DEL DOBLETE
Once nombres, una sola personalidad
Aquel Atlético fue mucho más que la suma de sus estrellas. Su verdadera fortaleza se encontraba en la manera en la que cada cualidad encontraba una respuesta en el compañero que tenía al lado.
BAJO LOS PALOS
José Francisco Molina
Seguridad, personalidad y autoridad. Terminó la temporada como el guardameta menos goleado del campeonato y conquistó el Trofeo Zamora.
LA DEFENSA
Geli, Santi, Solozábal y Toni
Una línea reconocible, valiente y solidaria. Defendía hacia delante y permitía que el equipo se instalara lejos de su portería.
EL CARÁCTER
Simeone y Vizcaíno
Energía, presión y sentido competitivo. Ganaban metros, dividían partidos y hacían que cada duelo pareciera decisivo.
EL TALENTO
Caminero y Pantic
La pausa, el pase y la imaginación. Donde otros veían un balón detenido, Pantic encontraba una oportunidad de gol.
EL GOL
Kiko y Penev
Dos delanteros diferentes y complementarios. Kiko ofrecía creatividad y asociación; Penev, presencia, potencia y remate.
EL CAPITÁN
Tomás Reñones
El vínculo con la historia anterior del club y el hombre que terminó levantando la Copa del Rey en La Romareda.
También estuvieron Roberto Fresnedoso, Biagini, Juanma, López y otros futbolistas que comprendieron que aquella temporada no pertenecía únicamente a los titulares. Antic construyó una plantilla en la que cada aparición debía mantener la intensidad, la disciplina y el hambre del equipo.
EL HOMBRE QUE VIO LO QUE NADIE VEÍA
Milinko Pantic, el desconocido que terminó siendo eterno
Cuando Antic pidió el fichaje de Milinko Pantic, muchos se preguntaron quién era aquel centrocampista que llegaba desde el Panionios griego. No era joven, no procedía de uno de los grandes campeonatos europeos y no venía acompañado por una campaña de expectación.
Antic no necesitaba convencer a nadie con palabras. Sabía exactamente qué futbolista estaba incorporando.
Pantic convirtió el balón parado en un territorio exclusivo del Atlético. Cada córner tenía intención. Cada falta lateral podía terminar en remate. Cada golpeo suyo obligaba a la defensa rival a retroceder un paso y al Calderón a levantarse de su asiento.
Pantic no necesitaba correr más que los demás. El balón corría por él y casi siempre terminaba donde había imaginado.
La historia terminaría reservándole el momento más importante de la Copa del Rey. El jugador que había llegado sin ruido sería el encargado de marcar el gol que abrió la puerta del Doblete.
10 DE ABRIL DE 1996
La Romareda fue rojiblanca
El Atlético llegó a la final de Copa después de superar un recorrido exigente. En semifinales había dejado atrás al Valencia de Luis Aragonés tras una eliminatoria inolvidable, con un espectacular 3-5 en Mestalla.
En Zaragoza esperaba el Barcelona de Johan Cruyff. Una final entre dos equipos que querían el balón, que atacaban y que sabían que una temporada podía quedar definida en una sola noche.
El partido avanzó sin goles hasta la prórroga. El cansancio comenzaba a apoderarse de las piernas, pero el Atlético seguía defendiendo cada jugada con la sensación de que su oportunidad terminaría llegando.
MINUTO 102 · FINAL DE LA COPA DEL REY
Delfí Geli avanzó por la derecha y envió el balón al área. Pantic apareció entre los defensores y conectó un cabezazo que terminó en el fondo de la portería.
Atlético 1-0 Barcelona.
No fue un gol cualquiera. Fue la confirmación de que aquel equipo sabía encontrar la victoria incluso cuando el partido parecía cerrado. Tomás Reñones levantó la Copa y el Atlético conquistó el primer gran premio de una temporada que todavía guardaba su capítulo más importante.
UN CAMPEÓN DE PRINCIPIO A FIN
El Atlético no persiguió la Liga: obligó a los demás a perseguirle
La Copa no desvió al equipo de su gran objetivo. El Atlético había dominado el campeonato desde el principio y se había acostumbrado a vivir en la primera posición.
Aquel campeonato fue el primero en España en conceder tres puntos por victoria y también uno de los más largos de la historia: 22 equipos y 42 jornadas. No bastaba con un buen momento. Hacían falta regularidad, profundidad de plantilla y una resistencia extraordinaria.
El Atlético respondió a todo. Ganaba en casa, competía fuera y soportaba la presión de un Valencia dirigido por Luis Aragonés que se negó a rendirse. Cada jornada parecía acercar el título y, al mismo tiempo, aumentar el peso de la responsabilidad.
87
Puntos
26
Victorias
75
Goles a favor
32
Goles recibidos
16
Goles de Penev
Las cifras explican la grandeza del equipo, pero no alcanzan a describir su autoridad. El Atlético sabía atacar, sabía defender y, sobre todo, sabía qué clase de partido debía jugar en cada momento.
Molina protegía la portería. Solozábal gobernaba la defensa. Simeone multiplicaba la intensidad. Caminero rompía líneas con una elegancia extraordinaria. Pantic administraba el balón detenido. Kiko imaginaba jugadas que parecían imposibles y Penev convirtió el área en su territorio.
LA SENSACIÓN DEL CAMPEÓN
El Atlético podía sufrir, pero nunca transmitía miedo. Incluso en la dificultad parecía convencido de que el partido terminaría cayendo de su lado.
25 DE MAYO DE 1996
El Vicente Calderón abrió las puertas de la eternidad
La Liga llegó a su última jornada con el Atlético dependiendo de sí mismo. El rival era el Albacete y el escenario, un Vicente Calderón abarrotado que llevaba días preparándose para una celebración.
Desde mucho antes del comienzo, el estadio tenía la apariencia de un lugar dispuesto a vivir una fecha histórica. Las bufandas, las banderas y el ruido descendían desde las gradas como si el partido ya hubiera empezado.
El equipo todavía debía completar su trabajo. Y lo hizo como había afrontado toda la temporada: sin esconderse.
VICENTE CALDERÓN · ÚLTIMA JORNADA
Goles de Diego Pablo Simeone y Kiko Narváez
Simeone abrió el marcador. El hombre que simbolizaba la intensidad del equipo apareció también para señalar el camino hacia el título. Después llegó Kiko para cerrar el partido y convertir la espera en una celebración incontenible.
Cuando terminó el encuentro, el Atlético ya no era solamente campeón de Liga. Era campeón de Liga y Copa. Había completado el primer Doblete de su historia.
Pantic había conquistado la Copa. Simeone y Kiko conquistaron la Liga. Pero el Doblete pertenecía a todos.
MADRID SE TIÑÓ DE ROJIBLANCO
Del Calderón a Neptuno
La celebración desbordó el estadio y se extendió por las calles de Madrid. El Atlético no había ganado simplemente dos competiciones: había devuelto a su gente una alegría que necesitaba ser compartida.
Las imágenes de aquella noche forman parte de la memoria colectiva del club. La comitiva avanzando por la capital, los jugadores celebrando con la afición, las calles cubiertas de rojo y blanco y Neptuno recibiendo a un equipo que había conquistado España.
Durante unas horas, Madrid perteneció al Atlético.
EL CANTO QUE ATRAVESÓ GENERACIONES
“Radomir, te quiero”
EL LEGADO DEL DOBLETE
El equipo que enseñó al Atlético a volver a creer
El Doblete de 1996 no necesita ser engrandecido por la nostalgia. Su valor permanece intacto porque fue el resultado de un equipo completo, valiente y reconocible.
No dependía de una única estrella. No esperaba que el rival cometiera un error. No necesitaba elegir entre competir y jugar bien. Aquel Atlético hacía las dos cosas.
También dejó figuras que terminarían ocupando un lugar permanente en la historia rojiblanca. Molina, Solozábal, Caminero, Kiko, Penev y Pantic se convirtieron en nombres inseparables de aquella hazaña. Simeone regresaría años después para construir desde el banquillo otra de las etapas más importantes del club.
Y por encima de todos quedó Radomir Antic, el entrenador que consiguió que una plantilla llena de buenos futbolistas se transformara en un equipo inolvidable.
POR QUÉ FUE UN EQUIPO ÚNICO
Defendía con rigor, atacaba con personalidad, dominaba el balón parado, tenía gol, poseía líderes y entendía cada momento del partido.
No esperaba que la historia le eligiera. Salió a buscarla.
TREINTA AÑOS DESPUÉS
Todavía podemos escuchar aquel Calderón
El estadio ya no existe. Muchos de aquellos futbolistas tomaron caminos diferentes y el Atlético se convirtió con el paso del tiempo en un club más grande, más internacional y más acostumbrado a competir por títulos.
Sin embargo, basta con pronunciar dos palabras —el Doblete— para que una generación entera regrese inmediatamente a 1996.
Regresa el balón de Pantic. Regresa la conducción de Caminero. Regresan las carreras de Simeone, la sonrisa de Kiko, los goles de Penev y las paradas de Molina. Regresa Antic observándolo todo desde el banquillo, consciente de que el equipo había terminado pareciéndose exactamente a la idea que llevaba meses construyendo.
Regresa, sobre todo, un Atlético que salía al campo convencido de que podía ganar a cualquiera.
MEMORIA ROJIBLANCA
La historia del Doblete no habla únicamente de lo que el Atlético fue en 1996. Habla de lo que este club puede llegar a ser cuando el talento, el carácter y la fe caminan en la misma dirección.
Sobre el autor
Diego Herranz
Fundador y director de El Rincón Atlético. Escribe sobre la actualidad del primer equipo, el mercado, la historia y las grandes figuras que han construido la identidad rojiblanca.
¿Cuál es tu recuerdo más especial del Doblete de 1996?
¿El gol de Pantic, la última jornada en el Calderón, la celebración en Neptuno o aquel equipo al completo? Te leemos.
El Rincón Atlético
Más allá del resultado. Más cerca de las ideas.

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